La maestría y la gran compañía de las novelas cortas

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La maestría y la gran compañía de las novelas cortas

Hay un punto intermedio en la narrativa de difícil salida airosa para los escritores, pero de triunfo absoluto cuando lo logran: las novelas cortas o cuentos largos para algunos, y para mí, fronteras literarias maravillosas. Un territorio que debe tener la fuerza y el nervio de condensación del cuento y la profundidad de la novela. El fulgor de la maestría.Las doce novelas cortas que he seleccionado las he puesto en el orden en que las leí. A ellas he vuelto varias veces no solo por lo que cuentan sino por cómo lo hacen sus autores, el estilo, la estructura y la belleza de su escritura que busca la forma ideal. En esta selección daré una pista de cada una de ellas: El coronel no tiene quien le escriba, de García Márquez, por la potencia de su personaje y el tempo de la historia; En la bahía, de Mansfield, por la capacidad de llevarnos hasta Nueva Zelanda; La metamorfosis, de Kafka, por el deslumbramiento de la historia y la apertura de puertas narrativas; Muerte en Venecia, por el análisis de la liberación de los sentimientos frente a la belleza; El principito, de Saint-Exupéry, por la hondura de sus mensajes para ser leídos a cualquier edad; La muerte de Ivan Ilich, de Tólstoi, por el desenmascaramiento de la conciencia y los equívocos al asumir la vida; Reflejos en un ojo dorado; por la habilidad para iluminar zonas dormidas del deseo; Memorias del subsuelo, de Dostoievski, por el magistral duelo que vive el personaje entre el libre albedrío, la culpa y el bien; El corazón de las tinieblas, por la crítica acerada a la colonización en un ritmo pausado y profundo; El amante, de Duras, por la tristeza que esconde la promesa del amor en un fraseo contenido; La presa, de Oé, por la capacidad de asombro ante otro ser humano y la alegría en medio de la tragedia; El baile, de Nemirovsky, por el sigilo en que la inocencia empieza a inocularse de venganza y otros sentimientos oscuros.Pero la anterior selección de novelas cortas tiene suplentes tan buenos o mejores, según el momento en que las recuerdo o releo, aquí solo sus títulos: La obra maestra desconocida, Honoré de Balzac; Otra vuelta de tuerca, Henry James; El extranjero, Albert Camus; Crónica de una muerte anunciada, de García Márquez; El viejo y el mar, Ernst Hemingway; El halcón peregrino, de Glenway Wescott; Pura Pasión, Annie Ernaux; El diario de Adán y Eva, de Mark Twain; Relato soñado, Arthur Schnitzler; Seda, Alessandro Baricco; La isla, Gianni Stuparich; y 14, de Jean Echenoz.

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