Libros esenciales para pensar y sentir, recomendados por Fernando Aramburu

Foto: Iván Giménez
Foto: Iván Giménez

Los vencejos, la esperada novela que Fernando Aramburu publicó a finales del pasado año, comienza casi con una profecía: su protagonista, un profesor de filosofía de secundaria, ha decidido quitarse la vida. Lo que guía al lector después es una especie de diario íntimo en el que nos adentramos en la manera de ver la vida de este hombre, desencantado e inmerso en unos tiempos que ya le parecen ajenos.

“Habría que preguntarle a la psiquiatría si, en última instancia, el suicidio es un acto de libertad”, explica el propio Aramburu a Librotea sobre esta decisión sobre la que articula su novela. “Lo precede, en efecto, una decisión de quien lo lleva a cabo; pero habría que ver los casos uno a uno y estudiar si la referida decisión no está inducida desde fuera o es fruto de la pérdida de autonomía mental del individuo. Lo que ya me parece más raro es que la persona que está a punto de quitarse la vida se dedique a reflexionar sosegadamente sobre la moralidad pública. Sospecho que una cosa así es más propia de la imaginación de los escritores”, ironiza. 

El autor de ese fenómeno que fue (y todavía es) Patria, asume que su novela “es una tentativa de racionalizar una experiencia extrema. El personaje no sólo desea suicidarse. Quiere sobre todo averiguar el porqué de su deseo, para lo cual recurre a un ejercicio minucioso de reflexión pasado todas las noches por el filtro de la escritura. Es fácilmente comprobable la propensión de Toni a sustentar su idea de la vida y, en fin, de los asuntos humanos en un discurso analítico”.

Una de esas razones para el desencanto con la vida, como vemos a lo largo de Los vencejos, es la incapacidad para comprender los tiempos actuales. “El problema para él es que su presunta inadaptación viene determinada por una conciencia aguda de la frustración y del fracaso”, apunta Aramburu. “Le molesta mucho haber invertido ilusión, tiempo, energía, en relaciones afectivas que lo han conducido a la soledad y al desengaño. De ahí que se sienta víctima de un fraude, aunque no ignora su parte de culpa”. 

Al mismo tiempo, prosigue el autor, “Toni no alberga la menor duda de que no ha vivido nunca nada memorable, ni en el plano privado ni en el colectivo. Se ve enfangado en un mundo sin épica, pero al mismo tiempo él se resiste a la tentación del nihilismo. Piensa que quizá un buen suicidio le permitiría protagonizar un hecho fuera de lo común, que hasta podría merecer la atención de la prensa. Y como la muerte le impedirá disfrutar de las repercusiones de su acto, trata de imaginárselas por escrito”.

«El personaje no sólo desea suicidarse. Quiere sobre todo averiguar el porqué de su deseo».

Fernando Aramburu

Los vencejos también planteaba un reto formal a Aramburu: mantener la tensión en el lector cuando, de entrada, se anticipa un posible desenlace. “Durante los primeros meses de escritura me dirigí hacia un desenlace escogido previamente, pero luego lo cambié por el que ahora cierra la novela. Estas cosas suelen ocurrir cuando uno se mueve en el terreno movedizo de la ficción. Soy consciente de que opero en todo momento con la coherencia narrativa, no con la verdad, como creen algunos ingenuos”, apunta. “Lo que yo hago principalmente es delegar en los personajes la generación de episodios. Hay otras fórmulas novelescas, pero la mía es la que es. Pongo mucho empeño en que los personajes no sólo hagan o digan, sino en que tengan asimismo volumen humano. Procuro caracterizarlos con rasgos propios que los singularicen. Me abstengo de explicarlos desde la narración externa. Intento que no les falten contradicciones, zonas oscuras, facetas incomprensibles, etc. Todo ello me obliga a una incesante toma de notas, trabajo paralelo al de la escritura que requiere un cuidado especial”.

Además de hablar sobre Los vencejos, Fernando Aramburu también compartió con nosotros algunas de sus últimas lecturas favoritas.

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