Rosa Montero: salud mental, creatividad y sus libros recientes favoritos

Rosa Montero: salud mental, creatividad y sus libros recientes favoritos

Pocas veces una autora es tan categórica con una de sus obras como Rosa Montero con El peligro de estar cuerda. “Es el libro de mi vida, o un libro de mi vida”, explica a través de videollamada. “Tú nunca escoges los libros que haces, los libros te escogen a ti, y los temas de este libro han ido dando tumbos dentro de mi cabeza desde que era pequeña. La primera línea del libro dice: ‘Siempre he sabido que había algo que no funcionaba bien dentro de mi cabeza’. Siempre me he preguntado qué me pasaba, una pregunta que se hizo más crítica a partir de los 17 años, cuando tuve mi primera crisis de pánico”.

Rosa Montero define a El peligro de estar cuerda como un “artefacto literario”. “Son libros híbridos que no se sabe muy bien qué son”. En él, pone sus experiencias en la mesa y las observa, las analiza y las ordena, sin atenerse a los formatos literarios y mezclando memorias, referencias a la salud mental de autores y autoras y, también, un poquito de ficción. “He hablado mucho sobre los trastornos mentales, es un tema muy mío, y muchos personajes de mis libros los tienen, como la protagonista de La buena suerte. Vas viviendo con toda esa carga de obsesiones, hasta que un día, ahora hace como cuatro años recibí una esa especie de telegrama mental, que no sabes de dónde viene, que me dijo que tenía que abordar este libro”.

Tú nunca escoges los libros que haces, los libros te escogen a ti, y los temas de este libro han ido dando tumbos dentro de mi cabeza desde que era pequeña

El proceso, sin embargo, no fue sencillo. «Empecé a tomar notas, a leer, a escribir cartulinas con los temas que quería tratar… y acabé con 70 y tantos temas”, recuerda Montero. “Las repartí en la mesa de la cocina y la cubrían entera. Sentí que el libro se me podía morir, y no sería la primera vez. Entonces tomé una decisión muy importante, y es que no me iba a meter en ese bosque impenetrable de datos confusos de manera intelectual. Cerré la parte consciente y me lancé. Por eso el libro tiene también ese tono como de indagación detectivesca”.

En las páginas de El peligro de estar cuerda se hilan temas a la manera de las conexiones neuronales. El concepto de normalidad es uno de ellos. “Nos han vendido la idea de que la normalidad es sinónimo de la mayoría, de lo más abundante, pero es que es mentira. La normalidad que nos venden es una construcción cultural. En la Universidad de Yale hicieron un experimento en 2018 y concluyeron que la normalidad no existe, que es una construcción estadística. Todos somos divergentes en algo, absolutamente todos”.

Nos han vendido la idea de que la normalidad es sinónimo de la mayoría, pero es que es mentira. La normalidad que nos venden es una construcción cultural.

El trastorno mental, o todos ellos, son por tanto una realidad que se explora en el libro. “La OMS dice, y creo que se quedan cortos, que un 25% de los seres humanos vamos a experimentar a lo largo de nuestras vidas un trastorno mental. Todo el mundo o bien lo va a vivir directamente o a través de alguien muy cercano. Es una realidad básica del ser humano y ha sido siempre un tabú. No se habla, se oculta, se entierra. La pandemia ha abierto un poquito la puerta, porque la salud mental ha empeorado con ella, pero hay que saltar ese tabú por los aires, darle una patada a la puerta y abrirla del todo. ¿Sabías que España lleva dos años siendo el país que más ansiolíticos y antidepresivos consume?”. 

La función de la literatura, en medio de esa situación, es clave. “El arte nos salva, eso está clarísimo y el libro es un canto a eso”, asegura. “El arte nos salva, la creatividad nos salva, pero nos salva no solo aquellos que ejercemos la creatividad de una manera más o menos profesional. También salva a muchas otras personas. Una de las teorías que aparecen en el libro es que hay entre un 15 y un 20% de personas en el mundo que tiene la cabeza ‘cableada’ de una forma distinta, y que es más inmadura».

«Esto lo explica la ciencia: el cerebro tarda mucho en madurar, no lo hace hasta cerca de los 30 años. En la infancia, en el cerebro de los niños y niñas todo está interconectado, es como una tormenta eléctrica», prosigue. Más tarde se produce una poda de conexiones neuronales, que no ocurre en todos los casos. Se pierden las conexiones que no se centran en la utilidad, en la supervivencia de la especial, pero hay un 15 o 20% de personas que se saltan esa fase. Lo cuenta la neuróloga Mara Dierssen en un libro interesantísimo. Mi teoría es que, además, mucha gente que no llega a ser creadora tiene ese tipo de conexiones, y creo que es la gente que necesita leer para vivir. Es decir, para soportar la vida”.

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