Volver a casa: libros imprescindibles sobre regresos

Volver a casa: libros imprescindibles sobre regresos

Regresar al lugar de donde partimos es una de las sensaciones más poderosas que puede experimentar el ser humano. El recuerdo se materializa en los lugares, en los objetos y, por supuesto en las personas. Evocar el pasado ha sido una de las áreas que la literatura ha explorado desde el comienzo de los tiempos, proponiéndonos tanto viajes físicos como mentales al punto de origen, con todo lo que conlleva en el plano emocional. Librotea está ahora de regreso, al encuentro con sus lectores, una ocasión más que propicia para explorar esas obras que ahondan en la sensación de volver al punto de partida.

Quizás el regreso fundacional de toda la literatura lo encontramos en la Odisea, la epopeya de Ulises con su anhelada vuelta a Ítaca como símbolo del objetivo final de toda aventura. Más recientemente, la literatura nos ha mostrado a personajes que, por unos motivos u otros, hacen ese camino hacia el principio de distintas formas. En Retorno a Brideshead, Evelyn Waugh nos enfrenta al paso del tiempo y de los acontecimientos, con una vuelta al lugar de la infancia en el que el peso de la historia ha provocado que nada sea ya como antes.

Esa toma de conciencia de que el pasado ya no existe más que en los recuerdos es también uno de los temas que John Banville explora en Regreso a Birchwood, en la que los recuerdos de infancia se topan con las calamidades del presente. También en Volver, Toni Morrison nos evoca una vuelta dolorosa, la de un soldado de la guerra de Corea que intenta reincorporarse a una sociedad en la que tiene que enfrentarse al racismo y la injusticia. Más recientemente, Jesús Carrasco exploró en Llévame a casa el peso de los afectos y los lazos familiares, y de cómo el camino de nuestra vida depende en gran parte de esos vínculos.

La infancia está, por supuesto, íntimamente ligada a esa sensación que nos provoca el lugar al que llamamos casa, y numerosos autores han vuelto la vista atrás para rememorar esa época fundamental en la vida de cualquier persona. Lo hizo Wole Soyinka en Aké, los años de la niñez, con el relato fundacional de su niñez en una aldea nigeriana, y J. M. Coetzee en Infancia, memorias noveladas del pasado del autor en la Sudáfrica de sus primeros años. Y en El regreso, Bernhard Schlink entremezcla los recuerdos de un niño con la historia descubierta en la casa de sus abuelos sobre la vuelta de un soldado alemán después de un cautiverio en Siberia que, inconclusa, vuelve a aparecer en su vida años más tarde.

La vuelta a casa muchas veces no es un viaje físico, sino mental, que nos acompaña toda la vida a través de la memoria y de la recreación literaria. Dos ejemplos muy distintos son Años Luz, en el que James Salter rememora varias etapas de su vida en torno a los lugares en los que vivió, amó y sufrió, o El mundo de ayer, el retrato de otro tipo de hogar, Europa, y cómo Stefan Zweig narra la deriva atroz del siglo XX en el viejo continente.