Sinopsis
Decidí que Orion Lake debía morir cuando me salvó la vida por segunda vez. Todo el mundo adora a Orion Lake. Todos los demás, quiero decir. Por mí puede meterse su rimbombante magia combativa por donde le quepa. No pienso unirme a su grupo de fervientes seguidores. A diferencia del resto, yo no necesito la ayuda de nadie para sobrevivir a la Escolomancia. Olvídate de las hordas de monstruos y de los artefactos malditos: lo más probable es que no haya nada más peligroso en este colegio que yo. En cuanto te descuides, destruiré montañas, aniquilaré a millones de personas y me convertiré en la siniestra reina del mundo. Al menos, eso es lo que todos esperan que haga. A la mayoría de los estudiantes les encantaría que Orion acabara conmigo igual que si fuera otra de las diabólicas criaturas que salen de los desagües. A veces pienso que quieren que me convierta en la bruja maléfica que creen que soy. El colegio, desde luego, lo está deseando. Pero no voy a darle a la Escolomancia lo que quiere. Ni tampoco a Orion Lake. Tal vez nadie me considere la heroína perfecta, pero pienso salir de aquí con vida. Y sin provocar una masacre. Aunque sí estoy planteándome seriamente cargarme a cierta persona. Naomi Novik ha creado con impecable destreza a una heroína para la posteridad; un personaje tan logrado y rico en matices que permanecerá en nuestro corazón y en nuestra mente durante mucho tiempo.
El conocimiento otorga protección. Ese es el lema oficial de la Escolomancia. Supongo que podríamos decir que es cierto…, el problema es que aquí resulta muy difícil aprender, por lo que la protección de la que disponemos es más bien escasa.
Nuestro querido colegio hace todo lo posible por devorar a sus alumnos, pero ahora que estoy en último curso y he conseguido unos cuantos aliados, ha desarrollado un antojo de lo más particular por mí. Incluso si consigo sobrevivir a las interminables oleadas de maleficiara con las que me obsequia entre los agotadores proyectos para clase, no tengo ni idea de cómo mis aliados y yo vamos a salir vivos del salón de grados. A no ser, por supuesto, que acepte de una vez mi profetizado destino y sucumba a la magia oscura y la destrucción. Desde luego, de esa forma saldría en un santiamén. Adentrándome en la senda del conocimiento, sin duda. Pero no pienso rendirme: ni a los males ni al destino, y mucho menos a la Escolomancia. Saldré de este horrible lugar con mis amigos, aunque sea lo último que haga. Con una visión muy aguda y un humor mordaz, Novik nos recuerda que a veces no basta con reescribir las reglas: de vez en cuando, hay que hacerlas pedazos. Bienvenido a la segunda lección de Escolomancia. Ha llegado la hora de enfrentarse al último año. La graduación está a la vuelta de la esquina. Y no todos sobrevivirán.
Lo único que nadie menciona nunca dentro de la Escolomancia es lo que hará cuando salga. Ni siquiera el alumno de enclave más rico tentaría al destino de esa forma. Pero no soñamos con nada más que con la exigua posibilidad de cruzar las puertas y toparnos, contra todo pronóstico, con una vida por delante, una vida alejada de los pasillos de la Escolomancia. Ahora, ese sueño inalcanzable se ha convertido en realidad. He salido del colegio todos hemos salido y ni siquiera me ha hecho falta convertirme en una monstruosa bruja oscura para lograrlo. ¡Vaya con la profecía de muerte y destrucción de mi tatarabuela! No maté a los miembros de enclave, sino que los salvé. Yo, junto con Orión y todos nuestros aliados. Nuestro plan para la graduación salió de maravilla: los salvamos a todos, convertimos el mundo en un lugar más seguro para los magos y devolvimos la paz y la armonía a todos los enclaves. ¡Ja, ni de broma! En realidad, todo se ha ido al traste. Otra persona se ha agenciado en mi lugar el proyecto de destrucción de enclaves y es probable que todos aquellos a quienes hemos salvado estén a punto de morir por culpa de la guerra de enclaves que se avecina. Y lo primero que debo hacer ahora, tras haber escapado milagrosamente de la Escolomancia, es dar media vuelta y hallar el modo de volver a entrar.