Antonio Ortuño: libros sobre la amistad más allá de la muerte
El escritor mexicano publica "El amigo muerto", una novela que comenzó a escribir hace más de treinta años y que ha rescatado para entregar su versión definitiva.
Antonio Ortuño acaba de publicar El amigo muerto en Seix Barral, pero la historia de este libro comenzó hace más de treinta años, cuando era muy joven y escribía cuentos rarísimos que no le gustaban a sus maestras. Ahora, después de décadas de experiencia literaria, ha rescatado aquella primera novela para reescribirla por completo. Aquí nos habla sobre su libro, que encierra una historia de amistad... aunque la muerte los separe.
Video: entrevista y recomendaciones de Antonio Ortuño
Reescribir el pasado desde la experiencia
Antonio Ortuño conversó con Librotea sobre el reencuentro con su pasado literario, el origen de la historia que conforma su libro de más reciente publicación y las diferencias entre el periodismo y la literatura para abordar la violencia.
El amigo muerto es la historia de unos chicos de barrio en México que, después de perder a un amigo en una balacera en un mercado, comienzan a recibir mensajes por internet del amigo muerto. "Es una historia de aventura, pero con un trasfondo social muy claro", explica Ortuño. "No es una aventura que ocurra con piratas ni nada por el estilo, sino la aventura —o malaventura, para ser precisos— de esos chicos. En medio del escepticismo, el horror y el asombro, se dan a la tarea de investigar qué sucedió con su muerte y quién está detrás de los mensajes".
La novela tiene una historia editorial particular. "Es la primera novela que completé", cuenta el escritor. "La escribí originalmente cuando era muy joven, hace más de treinta años. Apareció hace unos catorce o quince años una primera versión que publiqué con seudónimo por cuestiones editoriales. Pero nunca quedé contento con el resultado. Siempre me pareció que tenía un potencial literario mayor".
El año pasado decidió retomar aquel manuscrito. "Con el entusiasmo y el apoyo de mi editorial, me pasé varios meses sumergido en ese viejísimo manuscrito y en la versión de hace quince años hasta que terminó. Probablemente es uno de los libros que más se ha tardado en escribir alguien: más de treinta años después, la novela quedó como creo que debía ser. Estoy muy feliz".
Reescribir un libro propio después de tantos años fue una experiencia inusual. "Uno generalmente nunca tiene la oportunidad de volver sobre sus pasos", reflexiona. "En literatura existe esa posibilidad, pero no es tan frecuente que uno pueda reescribir en profundidad y desde la distancia".
A diferencia de lo que suele hacer con sus otros libros —"cambios menores, corrijo erratas, pero prefiero que el libro respire como era"—, con El amigo muerto tuvo libertad total. "No quería alterar el espíritu ni la percepción del libro, pero sí quería meterle mano para que funcionara sin dejar de ser lo que había sido en un principio. Poner los treinta años de experiencia a partir de ese primer manuscrito al servicio de la novela, pero dentro de su propio concepto".
La primera versión la publicó con el nombre de Ángel del Val. "Terminé eligiendo el nombre de mi tío abuelo, el hermano de mi abuelita, en honor al cual me llamo Antonio: Antonio del Val", revela. "Pero luego resultó que por diseño eran demasiadas letras y terminó en 'Ángel del Val'". La decisión fue puramente editorial: iba a publicar dos libros al mismo tiempo y a ninguna de las dos editoriales les gustaba la idea de que se estorbaran. El sello que publicaba El amigo muerto quería dirigirlo a un público joven y consideraba que el nombre no importaba. "Nunca he renegado", aclara. De hecho, su tío abuelo terminó convertido en personaje de otra de sus novelas, Méjico. "Me disculpo con su espectro por haber usado su nombre en vano. Por eso traté de remediarlo de alguna manera poniéndolo como personaje novelesco".
El origen de la historia viene de lejos. "Yo escribía cuentos desde niño, unos cuentos rarísimos. No les gustaban a mis maestras, nunca me dieron el premio del cuento en la escuela", recuerda. En la adolescencia leía literatura fantástica, de horror, de fantasía épica, hasta que comenzó a interesarse por la literatura mexicana y por observar su entorno.
"Yo vivía al pie de un cerro, en un barrio que entonces era muy periférico en Guadalajara, donde había ciertos crímenes, chismes sobre bandas y organizaciones. La idea surgió de mezclar un elemento que venía de mi gusto por lo fantástico —un elemento sobrenatural— en un escenario casi hiperrealista".
Sobre el eje de la novela, Ortuño señala: "La cuestión tecnológica, sobrenatural, el thriller, pasa a ser vehicular. Eso necesita dinamizarse para la trama, pero en el centro están los personajes y sus emociones. El asunto de la amistad es absolutamente central". Y encuentra un contrapunto con otra de sus obras: "Con treinta y tantos años de diferencia, dos libros tienen la amistad por eje, vistos desde polos opuestos de la vida. En El amigo muerto se trata de la amistad de unos jóvenes que están descubriendo los horrores del mundo. Por el otro lado, La armadura invencible es la novela de los cuarentones que ya vienen un poco de vuelta de todo".
Literatura y violencia: dos velocidades distintas
Sobre la violencia que se vive hoy en Jalisco, tras la captura y muerte del líder de un cártel de drogas, y cómo vivió el enfrentamiento contra El Mencho, el escritor establece una distinción clara entre los tiempos del periodismo y los de la literatura. "La literatura corre a otra velocidad que la vida, muy diferente", afirma.
"Si quieres decir algo rápido e incidir directamente en la realidad, métete al periodismo", sostiene. "Para eso es el periodismo. Hay un montón de periodistas extraordinarios y supervalientes todos los días haciendo esa chamba. Hónralos leyéndolos y reconociendo que los que tienen que tratar con la realidad en tiempo real son los periodistas".
Él mismo ha ejercido esa vía. Tras los recientes sucesos en su ciudad, comparte que "escribí una crónica que apareció en El País, eso fue casi en tiempo real". En cambio, para la literatura el proceso es otro. "No sé si voy a tardar treinta años en escribir algo literario sobre lo que pasó anteayer en mi ciudad, pese a que pocas veces he estado tan preocupado".
Y concluye: "La literatura que es como periodismo de flojos, de gente que no salió a la calle a jugársela, sinceramente no me interesa. Me interesa el periodismo de quien se la juega en el momento, publica sabiendo lo que sabe hasta ese momento en tiempo real y sigue los temas durante mucho tiempo".
¿Qué lee Antonio Ortuño?
-
El que acabo de leer más recientemente es Manzana de la discordia, de Jorge Ibargüengoitia, un autor sobre el que siempre vuelvo porque me gusta muchísimo. Este libro retoma la versión completa —porque ya había aparecido hace muchos años una versión recortada o editada— de su crónica de su visita a Cuba en los años sesenta, después de ganar el premio Casa de las Américas en la plena Cuba de la eclosión revolucionaria. Es un libro muy divertido que reparte leña para todo el mundo, muy al estilo de Ibargüengoitia, escrito con mucha inteligencia.
-
Acabo de releer Novela con cocaína, de M. Aguéiev, una novela de los años veinte del siglo pasado publicada por el sello Alba Editorial en España. La traducción ya tendrá unos diez años, y es una novela fascinante: es una especie de Dostoievski pero del mundo de las drogas, y de Burroughs antes de Burroughs. Es un libro que siempre me ha fascinado.
-
También me releí, comenzando el año, Hocus Pocus, de Kurt Vonnegut, un autor que me gusta muchísimo. Es una novela construida con fragmentos que narra varios acontecimientos, pero sobre todo el intento de evasión de una cárcel privatizada en unos Estados Unidos futuristas de un grupo de reos. Es una novela muy divertida, como todas las de Vonnegut, pero también muy honda, como todo su literatura. Es un autor que no sé por qué nunca ha sido lo suficientemente reconocido en español —en Estados Unidos es un clásico— pero a mí me gusta mucho porque tiene novelas muy desaforadas, casi surrealistas de pronto por lo extrañas que son, pero que siempre son muy divertidas y observan muy agudamente la realidad.
-
Acabo de comenzar a dar un taller de cuento y tuve que releer bastantes, así que aproveché y también me releí Kalpa Imperial, de Angélica Gorodischer. Es un libro fabuloso de cuentos de una escritora argentina que falleció hace unos pocos años, ya nonagenaria. Es una escritora estupenda, también me parece que muy subestimada fuera de Argentina, y una de las mejores autoras de literatura fantástica que yo recuerde. Tiene una mezcla extrañísima de registros: de repente parece un poco Borges, de repente parece un poco Tolstói, García Márquez, Isak Dinesen, pero siempre es ella. Este es uno de mis libros favoritos del mundo.