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Berna González Harbour y su libro lleno de secretos coloniales y familiares

La periodista y escritora española desentraña en Qué fue de los Lighthouse el pasado colonial británico de su propia familia, las fronteras éticas de la ficción y la urgencia de usar la literatura para cuestionar el mundo.

Berna González Harbour y su libro lleno de secretos coloniales y familiares. Foto: Librotea
Berna González Harbour y su libro lleno de secretos coloniales y familiares. Foto: Librotea
Verónica Maza Bustamante Américas /

Berna González Harbour es una de las voces más reconocidas del periodismo y la narrativa policiaca en España. Creadora de la célebre comisaria María Ruiz en títulos como Verano en rojo, su trayectoria ha transitado con soltura entre el análisis político, el columnismo en El País y una narrativa obsesionada con los pliegues de la realidad. Durante su visita a M´éxico para asistir a la FILUNI, conversó con Librotea sobre su vínculo con la literatura y su nueva novela, Qué fue de los Lighthouse.

Video: entrevista con Berna González Harbour

Berna González Harbour: secretos familiares, colonialismo y otros demonios
Berna González Harbour: secretos familiares, colonialismo y otros demonios

Ficción, periodismo y el cuestionamiento del legado colonial

Tras años indagando en los crímenes de la sociedad contemporánea, la autora española da un salto hacia la gran saga familiar con Qué fue de los Lighthouse, una obra de madurez donde confronta el legado del imperio británico en África a través de los vacíos de su propia genealogía, demostrando que la ficción empieza donde la prensa ya no puede llegar.

¿Qué vamos a encontrar en esta nueva novela, Berna?

Es una historia que me persigue desde hace unos años. O quizá toda mi vida. Yo soy medio inglesa porque mi madre es inglesa y mi abuelo era un veterinario del servicio colonial británico en África; de hecho mi madre nació en África. Siempre me persiguió esta historia familiar colonial en la que yo solo recibía noticias épicas de cómo mi abuelo llevó las vacunas para el ganado de África, Inglaterra extendía la civilización por el mundo, podía haber un mapa del mundo lleno de banderas británicas que extendían el bien y la religión verdadera, la logística y las infraestructuras, todo lo positivo. Ya de adulta evidentemente te pones a cuestionarte: bueno, ¿qué hicieron realmente los ingleses en África y qué hizo un veterinario como mi abuelo? A partir de esas preguntas y de esos cimientos familiares surge este libro, que es un cuestionamiento del colonialismo, del expolio, de las violaciones de derechos humanos, pero sobre todo también a partir de una novela de intriga llena de secretos familiares.

¿Qué ha cambiado en tu manera de escribir después de estos años explorando la realidad?

Mi escritura intenta ser un desafío día a día. En cada libro intento hacer algo que no hice en el anterior. Yo empecé con novela negra y lo quiero seguir haciendo con la serie de la comisaría Ruiz, con Verano en rojo, que es, como cualquier novela negra, un crimen de varias pistas, una investigadora y a partir de ahí el juego con el lector de ir buscando las pruebas que te lleven a determinar quién ha sido el criminal.

Pero digamos que también pronto me empecé a salir de ahí para probar el género de la narrativa en general, para probar el ensayo y plantearme eso, siempre un desafío nuevo cada vez. Entonces, Qué fue de los Lighthouse, que es la última, es una gran saga familiar de 500 páginas que todo el mundo me dice que se lee superrápido.

En el periodismo también: si empecé cubriendo cosas más básicas, con el tiempo he ido evolucionando hacia más columnismo. De hecho, hoy hago más columna, que sobre todo es lo que me apasiona. También he ido hacia el podcast, que ahora hago digamos que ya es otro tipo de escritura, es escritura de guión para, una vez que empiezas el podcast, tú lo sabes muy bien, olvidarte del guión y que resulte una conversación que parezca improvisada pero que está basada en una gran preparación.

¿Qué puede hacer la literatura que no puede hacer el periodismo?

La literatura puede hacer precisamente todo lo que no puede hacer el periodismo. En el periodismo solo puedes contar la verdad, atarte a los hechos que puedas probar, que puedas demostrar mediante documentos o declaraciones, fuentes, etcétera. Y en literatura puedes hacer todo lo que no has podido hacer en periodismo. Puedes matar, puedes vengarte, puedes enamorar, desenamorar, puedes solucionar crímenes.

De hecho, mi primera novela, Verano en rojo, nace de una noticia que cubríamos en El País, que era a partir de unos abusos de un religioso y sobre todo a partir del silencio que estableció la jerarquía católica sobre esos abusos. En el periódico, claro, en el periodismo puedes contar lo que puedes contar. A partir de ahí me nació una novela en la que yo resolvía los crímenes y es cuando entra en juego la ficción, la imaginación: puedes rellenar todos los huecos, puedes recrear la historia de una forma entretenida y te da unas herramientas que obviamente el periodismo no solo no te da, sino que no debe dártelas, porque solo debe atenerse a la verdad.

Qué fue de los Lighthouse

Qué fue de los Lighthouse

Berna González Harbour
Ediciones Destino

El pudor familiar, el poder de los libros y el encuentro en la FILUNI

¿Qué tan sencillo te ha resultado escribir sobre la familia?

Qué fue de los Lighthouse ha sido sin duda mi novela más difícil. Más difícil por eso que me estás planteando, porque a la persona, a la escritora, le rechina todo el pudor, te rechina y te avisa de si vas a hacer daño, si vas a ser fiel a la verdad. Pero hubo un momento en que me tuve que liberarme de todo eso: primero porque ya mi abuelo y muchos de los protagonistas ya no están; segundo, porque en Inglaterra en principio no me van a leer, no tienen gran curiosidad por conocer sus propios trapos sucios; y además porque en un momento dado ya tienes que liberarte de ti misma, de tu historia, rellenar los huecos.

Hubo un momento en que los Harbour (mi apellido Harbour es por mi ascendencia inglesa) se convirtieron en los Lighthouse y en que la casa familiar que había cimentado mi historia se convirtió en la casa de los Lighthouse, que es la que está en la portada de este libro, una portada preciosa, yo creo que es la mejor portada de todos mis libros: una mansión maravillosa que parece, pero con las cortinas cerradas, rodeada de hiedra, es decir, que esconde secretos. En el momento en que pude separar los Harbour de los Lighthouse, la novela empezó a volar en mi ordenador y después en manos de los lectores.

¿Qué poder tiene hoy la novela para cuestionar lo que sucede en el mundo?

La novela tiene un poder de transmitir mundos escondidos en esas páginas cerradas entre la portada y la contraportada que te cambian la mirada, que te enseñan lo primero cómo está el mundo. A mí me da mucha lástima cuando veo gente que no lee y yo estoy leyendo un libro que me apasiona y pienso: ¿cómo puedo contagiar de esto, cómo puedo decirle a estas personas la riqueza, el tesoro que van a encontrar aquí dentro? Pobres ignorantes que no leen esas novelas.

¿Y por qué? Porque no solo aprendes a escribir leyendo, sino que aprendes de otros mundos. Puedes leer periódicos, pero yo he aprendido de Argentina gracias a Claudia Piñeiro, a Samanta Schweblin, a Dolores Reyes, a Mariana Enriquez. He aprendido de México gracias a Emiliano Monge o a Fernanda Melchor, o he aprendido de China gracias a algún autor chino impresionante, o de Corea del Sur gracias a Han Kang. Es decir, la literatura nos enseña mundos. Japón, por ejemplo: conozco Japón sin conocerlo gracias a Murakami y no he leído periódicos japoneses, no he pisado Japón, pero siento que conozco ese país gracias a lo que él me ha trasladado en el universo de sus libros.

Entonces, yo creo que el poder de la literatura es ese: extender tu conocimiento y abrirte a un tesoro que cuando aprendes a abrirlo, a descodificarlo, solo te enriquece.

¿Cuál es tu relación con México y qué significa estar en la FILUNI?

Participé en un taller de podcast, presenté mi libro, acabo de hablar sobre los 50 años de El País; es decir, veo que recoge todas las palpitaciones de la sociedad: literarias, periodísticas, sociales. 

Yo siempre en estos encuentros, como en la FILUNI, me siento un poco como en X-Men, la película de los X-Men con Hugh Jackman, la escuela de Xavier, que era donde se juntaban los mutantes. Yo me siento un poco como los mutantes que nos reunimos y que podemos hablar de nuestras pulsiones, porque al final los escritores somos seres solitarios, cada uno en su casa, en su mesa con su ordenador, y los lectores también. Entonces, de repente encontrarse en un foro en el que hay tantas autoras, autores, profesionales, lectores que podemos poner en común esas mutaciones que tenemos cada uno es realmente emocionante.

¿Qué tanto sigue siendo necesario que el periodismo hable de la literatura y los libros?

Es fundamental, porque es la correa de transmisión. Sé que hoy por la red muchísima gente se está comunicando y es maravilloso que eso ocurra. Las nuevas generaciones están con una espontaneidad muy fresca compartiendo libros que leen, etcétera.

Pero yo creo que la voz de la prensa sigue siendo muy importante, y de hecho las editoriales y los autores también lo consideran así porque hay tanto que leer, hay tanta oferta, y realmente la voz de los profesionales —periodistas, críticos, otros autores y autoras que leemos— hace que podamos tener capacidad de prescripción, de descodificar lo que ha querido decir una novela y compartirlo con esa mirada.

¿Qué lee Berna González Harbour?

¿Qué lee Berna González Harbour? Obras deslumbrantes
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  • La piel hembra

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    Elaine Vilar Madruga

    ALFAGUARA

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    Recomiendo sin ninguna duda La piel hembra, de la autora cubana Elaine Vilar Madruga, quien ya tuvo un gran éxito con El cielo de la selva. Su escritura es una fiesta del lenguaje y una explosión narrativa. Esta historia se sitúa en un pueblo donde las mujeres se escapan una noche y quedan embarazadas; es una locura de novela gótica con tintes de realismo mágico que, en el fondo, nos habla de la realidad: de la necesidad de liberación femenina, de un sacerdote muy interesante y de una estructura machista que intenta imponer su voluntad. Es, sobre todo, una novela sobre la lumbre sin riendas, sobre el deseo que atraviesa a jóvenes y adultos por igual. La Feria Internacional del Libro de Guadalajara ha seleccionado a Elaine entre los autores menores de 40 años que están ampliando los horizontes de la narrativa hispanoamericana, por lo que hay que seguirle muy de cerca la pista.

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    El sueño del celta

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    PUNTO DE LECTURA

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    Acabo de leer El sueño del Celta, una obra de Mario Vargas Llosa que tenía pendiente por razones de investigación para mi próxima novela. Admiro profundamente la capacidad que tenía Vargas Llosa para seguir escribiendo novelas de una enorme relevancia a una edad avanzada. Más allá de sus grandes clásicos de juventud como Conversación en La Catedral o La tía Julia y el escribidor, en su etapa madura logró obras deslumbrantes como La Fiesta del Chivo, Tiempos recios o este libro. El sueño del Celta aborda la fiebre del caucho y cómo llevó a las potencias coloniales a explotar tierras tanto en el Congo como en el Perú. Es una lectura impresionante.

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    Leí recientemente Amo a Rusia, un testimonio extraordinario escrito por la periodista rusa Elena Kostiuchenko que muestra la cara del país que no suele verse en los medios debido a la feroz censura del régimen de Vladímir Putin. Como excorresponsal en Rusia, siempre he tenido curiosidad por cómo se vive allí, especialmente tras la invasión a Ucrania. El libro narra una realidad aterradora: desde niños abandonados que se refugian en construcciones inconclusas hasta personas sumidas en la miseria que viven junto a las vías del tren. Kostiuchenko traslada el retrato de una sociedad golpeada por el alcoholismo, el desamparo y el abandono absoluto por parte del Estado. Es una obra de la editorial Capitán Swing que recomiendo enormemente.

  • La vegetariana ( Premio Nobel de Literatura 2024 )

    La vegetariana ( Premio Nobel de Literatura 2024 )

    Han Kang

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    Para terminar, la autora surcoreana y premio Nobel de Literatura, Han Kang, logra en cada una de sus obras trasladar una colisión de sentimientos, emociones e intereses mediante una prosa profundamente luminosa. Aunque su trabajo más reciente es impecable, considero que La vegetariana sigue siendo, sin duda, su obra cúspide e imprescindible.


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