Carla Guelfenbein y los libros que son mapas del azar
La escritora chilena desvela los orígenes de su novela "Mi vida robada" y comparte su singular proceso creativo basado tanto en el azar como en la verdad literaria.
En el universo de los libros, algunos se planifican y otros, como mapas del azar, se descubren. Este es el caso de Mi vida robada, la nueva novela de la multipremiada escritora chilena Carla Guelfenbein. En una conversación, nos guía a través de la búsqueda dual que dio vida a esta obra: la de Lola, su protagonista, que viaja a Nueva York para hallar a la madre que la abandonó, y la de la autora misma, quien se lanzó a las calles neoyorquinas sin un plan, cámara en mano, para buscar y encontrar una historia.
Videoentrevista con Carla Guelfenbein
Un viaje de abandono y búsqueda
La vida de Carla Guelfenbein es, en sí misma, una travesía de múltiples exilios y búsquedas. Dejó Chile a los 17 años huyendo de la dictadura, encontrando refugio en Inglaterra, donde fue testigo del punk y estudió genética de poblaciones antes de volverse diseñadora y editora de moda.
Esa mirada multifacética, que entrecruza ciencia, arte y un agudo sentido visual, define su literatura, donde novelas como Contigo en la distancia (Premio Alfaguara) exploran las emociones humanas con precisión. Ahora, con su novela más reciente, Mi vida robada, la autora emprende un viaje narrativo que parte de las calles de Nueva York y bucea en las profundidades de un abandono primigenio.
La novela cuenta la historia de Lola, una mujer que a los ocho años fue abandonada por su madre, Viva, quien partió desde un pequeño pueblo chileno hacia Nueva York para perseguir el sueño de ser actriz. Allí, Viva forjó una vida exitosa en el mundo teatral, mientras Lola crecía a la sombra de ese mito lejano y espléndido.
La trama se desencadena años después, cuando Lola, ya adulta y cargando una vida emocionalmente quebrada, recibe una llamada: su madre ha desaparecido. Aunque la primera reacción es de indiferencia y resentimiento—“¿qué me importa a mí mi madre?”—, Lola decide viajar a Nueva York. No para rescatar a Viva, sino a sí misma. “La hija ha vivido bajo la sombra de esta mujer espléndida, de la que le llegan fotografías, le llegan historias, y ahora debe ir a buscarla. Es una mujer a la que no le va muy bien en el amor, tiene un trabajo que no la satisface. Es una mujer que de alguna manera está quebrada. Y parte a Nueva York", explica Carla.
"Entonces, la historia comienza cuando ella llega a Nueva York a buscar a esta madre y va encontrando a diferentes personajes que la conocieron, y hay muchas teorías. En el fondo, va descubriendo a una mujer de carne y hueso, no la de esta mitología. Lo que me fue gustando, y no era intencional, y esa es la belleza de la escritura, de la literatura, es que ella va descubriéndose de sí misma también."
La novela, construida a partir de diecinueve fotografías de Nueva York que la autora tomó personalmente, se convierte en un mosaico de voces que reflexionan sobre la maternidad, el desarraigo, el perdón y las vidas que no vivimos.
El origen de este libro fue tan azaroso como el viaje de su protagonista. Después de nueve novelas que nacieron de personajes que la “rondaban”, Guelfenbein quiso romper su propio método. Se compró un pasaje a Nueva York, una cámara fotográfica y se instaló en un pequeño cuarto cerca de Columbia, decidida a dejar que la historia llegara por casualidad.
“Vine a buscar una historia en que el azar tenía que ser un elemento fundamental”, recuerda. Sus días consistían en vagar sin rumbo, escuchar conversaciones en cafés, tomar fotos de graffitis y acercarse a extraños para preguntar “¿De qué están hablando?”. De ese material en bruto, y de la conmovedora historia real de la hija abandonada de Ingmar Bergman, fue surgiendo el núcleo emocional de Mi vida robada. “Esta es una hija que va a buscar a esa madre, como yo fui a buscar una historia”.
La verdad como estilo
Para Carla Guelfenbein, el estilo narrativo no es una construcción consciente, sino una consecuencia de la búsqueda de la verdad. Citando a Flaubert, describe la escritura como un viaje hacia el “magma de la naturaleza humana”, un proceso de años donde lo esencial es no escatimar.
“Yo lo que intento es en cada novela ir hasta el fondo. Ir hasta el fondo del asunto, pero también hasta el fondo de mí misma”, afirma. Con los años, dice, ha aprendido a acceder a ese “mapa” con más facilidad, haciendo de la profundidad el sello de una voz que privilegia la autenticidad sobre cualquier artificio.
"Yo creo muchísimo en la verdad. Creo que una de las premisas más importantes a la hora de escribir ficción, es decir, lo que se está inventando, es la verdad con que se está expresando. Y esa verdad tiene que ver con ese mapa, tiene que tocarlo. Y yo creo que si hay un estilo, tiene que ver con eso. Tiene que ver con esa verdad, más que con nada. Cada vez entiendo más esto y me es más fácil acceder a ese mapa. Antes eran luchas de carne viva porque no sabía dónde estaba, qué era. Y ahora puedo instalarme ahí con más facilidad. La experiencia significa llegar más fácilmente a la idea, más rápidamente, y poder estar ahí más tiempo también", explica.
Esta autenticidad se nutre, a su vez, de una vida de lectura voraz y diversa. Para Guelfenbein, los libros son un “hogar” portátil, un espacio de compañía constante que la ha acompañado desde sus primeros exilios.
"No solamente ando con dos libros, sino que muchas veces ando con tres: uno de ficción, otro de no ficción, otro que estoy leyendo de alguien que conozco y me ha pasado su manuscrito. Es que la lectura es un mundo. No es simplemente un libro, es como entrar en un espacio que me acompaña. Yo, si tengo un libro, nunca me siento sola. Es un cliché gigante, pero es real", comparte.
Su vínculo con los lectores, especialmente en México, es un pilar fundamental. Para ella, el Premio Alfaguara “significa México”, un país con el que mantiene un diálogo constante y entrañable, alimentado por encuentros con clubes de lectura y una conexión personal que viene del exilio familiar.
A través de Mi vida robada, Carla Guelfenbein entrega un thriller íntimo sobre el abandono, a la vez que un poderoso testimonio de cómo la búsqueda de los otros —sean personajes, historias o madres perdidas— es, en el fondo, la única manera de encontrarnos a nosotras mismas.
Carla Guelfenbein recomienda libros que son mapas del azar
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Les voy a recomendar un libro poco conocido, aunque la autora sí es conocida: se llama Cynthia Rimsky y se ganó el premio Anagrama con Clara y confusa, pero el libro que voy a recomendar no es ese, sino uno de sus primeros libros, que se llama Poste restante, que es un viaje que ella hace cuando es joven, como mochilera, a Ucrania. Es un libro muy cortito, de viñetas, de momentos y experiencias que tiene luminosidad. Con muy pocas palabras logra retratar lo que va viendo esta niña que va a Ucrania buscando sus ancestros. Me gusta porque provenimos del mismo lugar de Ucrania. Es una joyita.
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Recomendaría El consentimiento, de Vanessa Springora, que es un libro feroz de una francesa. Cuenta la historia de ella, cuando era una niña de 13 o 14 años y es seducida por un gran intelectual francés, que se llama Gabriel Matzneff, y tienen una tórrida relación de amor y abuso emocional. El tiene 30 años más que ella y la usa de mil maneras. Esto ocurrió hace 20, 25 años, es decir, no hace demasiado, y se entiende cómo la intelectualidad francesa lo encubre y encuentra muy divertido todo, porque escribe un libro sobre ella.
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Apegos feroces es un libro en que Vivian Gornick habla sobre su marcha, sobre Nueva York y su madre. Y es muy interesante cómo se va construyendo y cómo hay dos mujeres: su madre y una mujer libertina. Su madre, que es una mujer llena de restricciones, cinismo y una chica joven que viene a vivir en el mismo edificio y que es totalmente libre, y cómo estas dos mujeres conforman lo que es hoy esta gran escritora, Vivian Gornick.
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Quisiera recomendar un libro de Sofía Segovia, El murmullo de las abejas, una novela que cumple 10 años desde su publicación. Publicamos juntas, yo mi Premio Alfaguara y ella El murmullo de las abejas. Es un libro emocionante, tiene uno de los personajes más memorables y conmovedores de la literatura, que se llama Simonopio, y que es un niño que escucha el murmullo de las abejas. Y este murmullo simboliza la naturaleza, él simboliza la naturaleza. Es una novela histórica que está ubicada en la época de la peste española, y es una historia de familia, bellamente construida y bellamente escrita. Muy recomendada.