Gabriela Jauregui y los libros que despiertan el cuerpo y la naturaleza
La escritora mexicana habla sobre su libro "Zorra", en donde el cuerpo se transforma en un territorio político y para la exploración. Además, comparte su visión sobre el auge de las mujeres en la literatura mexicana actual.
Conversamos con la escritora mexicana Gabriela Jauregui sobre su libro Zorra, una obra indómita que explora la potencia del deseo y el cuerpo de las mujeres frente a la domesticación social. Además, nos invita a sumergirnos en la literatura mexicana actual, un ecosistema donde los libros liderados por autoras jóvenes están rompiendo esquemas para reconectarnos con lo salvaje, lo político y lo extraordinario.
Video: entrevista con Gabriela Jauregui
El cuerpo y la naturaleza como territorio político en la literatura
Para entender la fuerza y diversidad de la literatura mexicana actual, es imprescindible leer a Gabriela Jauregui. Doctora en literatura comparada, editora detrás de la potente saga antológica Tsunami y presidenta del Jurado del Premio Aura Estrada, fue reconocida en la lista Bogotá39 como una de las voces jóvenes más prometedoras de América Latina.
Tras el rotundo éxito de su novela Feral, galardonada con el Premio Nacional de Bellas Artes 2023, la autora regresa a las estanterías con Zorra, una deslumbrante fábula contemporánea sobre la que aquí nos habla.
¿Qué vamos a encontrar en Zorra, Gabriela?
Muchas cosas, espero. Entre otras, un libro que habla de qué pasa cuando tratamos de domesticar el deseo, sobre todo cuando del deseo de las mujeres se trata. ¿Qué pasa cuando nos olvidamos que nosotras también somos naturaleza? ¿Cuando lo salvaje irrumpe en nuestras vidas? Todo esto contado un poco a manera de fábula contemporánea.
¿Qué personajes deambulan en tu libro?
Es un libro acotado en cuanto a personajes, porque tengo una tendencia a la multiplicidad, pero esta vez es así. Está él, está ella, está la visitante y está una zorra que merodea por allí. Y bueno, la naturaleza misma también es un personaje y hay una cabaña que habitan y, de cierta forma, también es un personaje.
¿Qué papel tiene el cuerpo en el cosmos de tu literatura?
Gracias por esa pregunta, porque es una pregunta que yo misma me hago todo el tiempo y que trabajo a través de mi escritura. Creo que, como ya lo han dicho muchísimas mujeres antes que yo, nuestro cuerpo es nuestro primer territorio y es allí donde se empieza a jugar el poder.
Durante ya siglos se ha construido, desde la modernidad occidental, una forma de desvincular nuestros cuerpos de nuestro entorno, de la naturaleza; pero somos naturaleza. ¿Quién creó la distinción entre naturaleza y cultura y a quién ha beneficiado durante siglos, y qué ha posibilitado? El colonialismo, el racismo, la extracción de recursos ilimitados que nos tienen en un problema serio. ¿Y sobre los cuerpos de quiénes? De personas racializadas, de mujeres y de disidencias.
Por otro lado, no me puedo imaginar escribir nada fuera de mi cuerpo, porque con el cuerpo escribo. Durante mucho tiempo se privilegió la mente, estábamos escribiendo solo con la mente, como si no estuviera encarnado en un cuerpo que tiene que estar sentado en una silla, en una mano que está trazando en un cuaderno o dedos que están tecleando y que luego te pueden doler.
Es desde ahí que parte mi escritura y siempre pongo mucha atención a los detalles físicos y de los cuerpos que se mueven a través de mis escritos. Es una manera que a mí me resulta deliciosa cuando veo autores, autoras que lo trabajan así, como que se vuelve muy vivido todo.
¿Cómo transformas un espacio físico en un personaje?
De la misma forma en que presto mucha atención a cómo se siente el cuerpo, cómo estaríamos oliendo algo o sintiendo algo: trato de imaginar cómo es el espacio y cómo este espacio está vivo, o hacerlo sentir vivo a través de la escritura. Es decir, a qué huele, cómo se ve la luz que cae a través de las ramas, cómo se escucha un río, se escucha cerca, se escucha lejos, qué animales hacen qué sonidos, en qué momento del día. Así, detalles casi de microscopio, para imaginar y tratar de tejer eso en la escritura.
Así como nos han tratado de desvincular de nuestros cuerpos, nos ha hecho pensar que el mundo no está poblado por otros seres, es decir, que los únicos seres con conciencia supuestamente somos los humanos, y los animales están en un segundo rango. ¡Ya ni se diga las plantas, las piedras! Me gusta imaginar un mundo en el que todos esos seres están vivos, que incluso las piedras tienen algo que decir o que contar o el pasto o el pájaro o quienes protagonizan una historia.
Imaginar un mundo en el que todos esos seres están vivos (...) yo siento que nos abre, nos posibilita un mundo más rico, un mundo luminoso, lleno de posibilidades.
Desdomesticar el lenguaje y lo extraordinario en la literatura mexicana actual
Gaby, ¿de qué manera integras lo salvaje en Zorra y en tus libros en general?
Desde dos lugares. Por un lado, lo que estoy contando y cómo lo cuento. La zorra es un animal y un personaje, quizás el principal. Pero también está la idea de cómo desdomesticar el lenguaje. ¿Cómo contarlo desde otro lugar?
En mi novela anterior había más partes que hablan de unas mujeres como seres que ya no sabemos si son humanas, más que humanas, son animales o qué son, y busqué que la forma de contarlo fuera distinto. Creo que está la parte temática, pero también la parte formal de cómo podemos imaginar un lenguaje que se sienta indómito, que se sienta salvaje, que se sienta feral. Es un reto muy divertido que se puede explorar de mil formas.
¿Cómo es que lo extraordinario emerge de lo ordinario en tus historias, incluyendo al deseo?
Desde mi primer libro de cuentos me encanta pensar en qué extraño es lo cotidiano y, como sabemos, la realidad siempre supera la ficción. Me hace pensar, ahorita que lo digo, en México superando a la IA... siempre hay cosas que si las contáramos en una novela o en un cuento, diría la gente "esto es inverosímil".
Entonces, eso: cómo podemos desplazar la cotidianidad casi que milimétricamente para desfamiliarizarnos de ella. Hacer esto nos permite dos cosas: primero, el asombro. Cuando dejas de ver con tus lentes normales del aburrimiento y te pones dos segundos los lentes de "ah, qué rarito está esto", dices "wow, es asombroso". O sea, el mundo está poblado de cosas alucinantes, asombrosas, mágicas y maravillosas, y no lo digo de manera cursi, sino de una manera muy profunda.
Y la otra cosa que lo posibilita es lo insólito y lo incómodo, y cuestionarnos qué pensábamos, qué creíamos; lo que pensábamos que es entre comillas normal, en realidad es completamente artificial, algo completamente creado que nos mueve a cuestionarnos por qué creíamos esto y no aquello o por qué nos sentíamos cómodas aquí y no allá. Ese desplazamiento milimétrico posibilita el asombro, pero también posibilita el cuestionamiento.
Desde tu visión, ¿qué está pasando en la literatura mexicana actual?
Hay algo muy, hermoso, motivo de celebración, que es que veo a muchas compañeras y a mujeres más jóvenes publicando libros fregones. Me hace muy feliz ver que algo que hace 15 años era difícil de imaginar ahora es casi... iba a decir común, pero no es común, porque hacer libros es difícil.
Veo también en redes sociales a compañeras que sigo, a colegas que admiro, que ya sacaron otro libro, que están haciendo no sé qué, que se sacaron el premio no sé cuánto, y yo eso lo encuentro fantástico porque, como sabemos, durante años no fue el caso, y el hecho de que sea ahora el caso es motivo de celebración total.
¿Qué lee Gabriela Jauregui?
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Es una belleza, una locura experimental maravillosa, divertidísima. En efecto, funciona como una novelita rusa, pero también son como pequeños poemas que hablan de un tú y yo, jugando con esa canción que luego se volvió meme. Lo que sucede en la trama es que los personajes están atrapados en una especie de distopía rusa, similar a una cárcel. Más allá de la historia, el libro como objeto es hermoso. Lo recomiendo mucho.
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Pasando al terreno de la poesía, este libro es de la maravillosa Clyo Mendoza (quien también escribió la buenísima novela Furia). Silencio está pensado desde el dolor y el luto de una hija que busca a su madre. Tiene una potencia tremenda, de esa que te agarra directo las entrañas.
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Una belleza de novela con un formato muy original que va cruzando distintas narrativas hasta que se juntan, justo como las acequias. Es una historia sobre la ciudad de Cuernavaca y sobre muchas otras cosas. Es una lectura sumamente divertida, con una atmósfera de aventura que se siente un tanto cortazariana.
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Es una de esas novelas que te retuercen la tripa y la entraña. Se enfoca por completo en cómo palpita el ambiente que nos rodea; en este caso, la selva y una casa. Es una historia que te deja los pelos de punta, no quieres soltarla y, cuando finalmente te duermes, te puebla los sueños. Yo misma llegué a soñar con esta novela y con sus personajes.
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Recomiendo a esta maravillosa voz de Nigeria. Está editada por Consonni, lo cual ya es una garantía de calidad. Se trata de una especie de autobiografía epistolar construida a través de cartas que elle le escribe a sus amigues. Las cartas son conmovedoras, hermosas y tratan temas que nos preocupan hoy en día, ya que escribe desde una perspectiva muy contemporánea (de hecho, actualmente vive en México). Es una belleza que rompe por completo con lo que imaginamos cuando pensamos en una autobiografía tradicional.
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Hablando de cartas, Marina Azahua es otra autora obsesionada con el género epistolar. Es un libro bellísimo que habla de la pérdida y reflexiona sobre qué significa mirar y atestiguar la violencia, algo que dolorosamente nos ocurre cada día más. En Archivo agonía explora cómo perder a alguien, amar a esa persona y tratar de mantener viva su memoria a través del arte. También está escrito en forma de cartas.