Jimena Ramírez recomienda libros que desempolvan la historia
"Toditititos los presidentes de México" busca humanizar a los gobernantes, sintetizando periodos históricos complejos para hacer la historia atractiva para todos los públicos.
¿Es posible contar la historia de un país de manera completa, rigurosa y a la vez divertida? Jimena Ramírez lo ha logrado con Toditititos los presidentes de México, un libro publicado por editorial Hachette que va mucho más allá de una simple lista de gobernantes. En esta entrevista, la autora nos revela detalles, anécdotas más curiosas detrás de la investigación y habla sobre cómo consiguió humanizar a las figuras presidenciales. Además, recomienda libros que desempolvan la historia.
Videoentrevista con Jimena Ramírez
Del dato curioso al contexto histórico
Jimena Ramírez, historiadora por vocación y creadora de la popular página "México lindo y chismoso", concibió su primer libro, Toditititos los presidentes de México, con un claro objetivo: compartir con las nuevas generaciones —y con cualquier lector curioso— la historia de su país de una manera cercana y memorable.
Aunque su formación académica inicial fue en finanzas, su pasión por la historia la llevó a escribir un libro que trasciende la mera cronología. En sus páginas, el lector encontrará los perfiles de los 66 presidentes y dos emperadores que ha tenido la nación, desde Agustín de Iturbide hasta Claudia Sheinbaum; además, descubrirá los detalles que humanizan a estas figuras: sus gustos culinarios, sus pasatiempos —como el béisbol, el box o el baile— y las anécdotas que los pintan como personas más allá de su cargo oficial.
Para evitar que el lector se pierda en los periodos más convulsos, como la Guerra de Reforma o la Revolución Mexicana, donde llegó a haber hasta tres presidentes simultáneamente, la autora y el equipo editorial de Hachette Livre México tomaron una decisión clave: estructurar el libro por etapas históricas.
Así, cada sección principal —como el Primer Imperio, la Revolución o la transición democrática— está precedida por una introducción contextual que explica el panorama general. Esta arquitectura no solo facilita la lectura, sino que proporciona el marco necesario para entender las complejidades políticas y las razones detrás de los constantes cambios de gobierno, ofreciendo así una visión integral y accesible de la travesía histórica de México.
Aunque su libro está catalogado como un libro juvenil, Jimena destaca que su alcance es mucho más amplio;"La verdad es que las ilustraciones eran parte de lo que yo quería en este proyecto, porque creo que acompañan muy bien al texto. Este proyecto está clasificado como juvenil, pero ha llegado a diferentes adultos que también me han dicho que lo han disfrutado mucho porque yo creo que difícilmente conocemos a todos los presidentes de nuestro país".
El diseño visual fue clave para este propósito, alejándose de la solemnidad tradicional. "No quería la típica foto oficial del presidente todo serio con su banda presidencial, quería ilustraciones divertidas que acompañaran el texto en los puntos claves o en los más curiosos", aclara. Así, el lector encuentra a un presidente descendiente de Moctezuma con un penacho, a otro volando en avión y a otro con un bate de béisbol.
Ramírez concibe cada página como una especie de galería. "Todas las imágenes están en marcos, como si estuviéramos en un museo viendo a todos estos personajes", observa. El resultado es una edición cuidada de pasta dura y papel couché. En definitiva, concluye, "sí es un libro pensado para niños y jóvenes, pero que encanta por igual a las y los adultos".
Más allá de villanos y héroes
Al preguntarle por sus figuras presidenciales predilectas, Jimena Ramírez admite que es difícil elegir una sola, pero elige a Adolfo de la Huerta, un presidente interino de la Revolución con una vida singular. "Pancho Villa decía que solamente dejó las armas porque Adolfo de la Huerta se lo pidió", relata. Lo que más cautiva a la autora es el giro inesperado de su biografía: siendo un apasionado cantante de ópera, terminó exiliado en Estados Unidos, donde fundó una academia de canto que se volvió famosa justo durante la transición del cine mudo al sonoro. "Ese tipo de historias me encantan, tan inesperadas, de personas que tú ves como el presidente, la estatua de bronce, pero en realidad tenían unas vidas interesantísimas", reflexiona.
En el extremo opuesto, al hablar de la figura más controversial, es clara: "Yo siempre digo que, pobre, pero a Victoriano Huerta ni su mamá lo puede defender". Aclara que, si bien varios mandatarios polémicos como Porfirio Díaz o Santa Anna tienen defensores, la traición de Huerta a Madero lo sitúa en un lugar particular. No obstante, su enfoque en el libro evita los juicios absolutos: "Justo una de las cosas que trato de hacer es no ver a estos personajes como villanos o héroes, sino darles sus matices, porque eran personas, no eran personajes de caricatura".
Esta vocación por narrar la historia de manera accesible y rigurosa nació de su propia experiencia como lectora. Aunque su primera carrera fue en finanzas, su pasión la llevó a estudiar Historia y a crear la página "México lindo y chismoso".
"De repente leía libros que me parecían sumamente interesantes, pero decía: esto se tiene que 'traducir' a un español coloquial", explica sobre su motivación. Para ella, era crucial combinar un lenguaje sencillo con el rigor de las fuentes, para contrarrestar la desinformación en redes y ofrecer las historias fascinantes que a menudo se omiten en las aulas. "¿Por qué recurrir a leyendas cuando tenemos una historia interesantísima?", se pregunta.
Con Toditititos los presidentes de México inicia su camino como autora, un momento que disfruta profundamente por la conexión con los lectores. Su proyecto futuro apunta a seguir acercando la historia a todos: "Más adelante me gustaría escribir algún otro libro, posiblemente de la Revolución Mexicana, porque siento que hablamos mucho de ella y le entendemos muy poco".
Jimena Ramírez recomienda libros que desempolvan la historia
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Leí recientemente a Jorge Ibargüengoitia, Las muertas, y cómo lo disfruté, se me hizo muy divertido, muy sarcástico. Jorge Ibargüengoitia en general me gusta mucho porque está hablándonos de una tragedia pero encuentra la manera de hacerla sarcástica, irónica, divertida. Las muertas me pareció un libro muy entretenido.
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Ahorita estoy terminando Érase una vez Tenochtitlan, de Alejandro Rosas. De repente estoy leyendo y me dice mi marido: Oye, no sé si estás leyendo un libro de chistes o de historia, porque te la pasas riéndote. Y es que Alejandro Rosas es muy divertido, muy ocurrente con la forma en la que narra, y al mismo tiempo su rigor académico es impecable: tiene las fuentes, te está diciendo lo último que se sabe de esta gran civilización, pero sin dejar de lado el humor.
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Hablando de otro de mis presidentes favoritos, que es Antonio López de Santa Anna, uno de mis libros favoritos de la vida es El seductor de la patria, de Enrique Serna. Es una vida novelada, un libro que desmitifica a Santa Anna. Con todo y que es una novela, está muy bien documentada.
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Otro libro que disfruté muchísimo es El indio Victoriano, de Gustavo Vázquez Lozano. Hablando de que nadie puede defender a Huerta, ni su propia madre, en ese libro nos da esta perspectiva para entender al personaje, a la persona, de dónde venía, cuáles eran sus motivaciones, por qué actuaba como actuaba. Me parece muy valiente que Gustavo Vázquez Lozano se atreva a tocar un personaje como Victoriano con tanta profundidad. Nos enseña desde dónde nació, cómo fue creciendo, cómo logró llegar al colegio militar, que no era algo sencillo para la época y menos para alguien que no tenía dinero, que era el caso de Victoriano Huerta, y luego cómo fue escalando posiciones hasta llegar a la presidencia. Y más allá, qué pasa después de su presidencia con su vida, que es interesantísima. Ese también es un libro que disfruté muchísimo.