Los libros que José Manuel Aguilera convirtió en canciones
Aquí, una conversación con el fundador de La Barranca sobre su disco solista, la literatura y cómo un homenaje a José Agustín terminó convirtiéndose en un disco atravesado por libros mexicanos.
Los inolvidables libros de Octavio Paz, Fernanda Melchor y Juan José Arreola ahora son canciones y, junto con otros títulos de la literatura mexicana, integran el disco Tinta negra y roja. En esta entrevista, su autor, el músico José Manuel Aguilera, habla sobre literatura, música, memoria y la emoción que deja un libro cuando permanece mucho tiempo dentro de uno.
Video: entrevista y recomendaciones de José Manuel Aguilera
Los libros que terminaron convertidos en canciones
Cuando murió el escritor mexicano José Agustín, a José Manuel Aguilera le pidieron participar en el homenaje realizado en Bellas Artes. Él y la agrupación que fundó en 1994, La Barranca, tocarían algunas piezas durante la ceremonia, pero hubo otra petición que terminó abriendo algo inesperado: hacer música para las guardias de honor alrededor del féretro.
“Pensé que era un privilegio que me había caído en las manos sin yo buscarlo: despedir musicalmente a José Agustín de este plano”.
Entonces escribió una pieza instrumental inspirada en el libro El rey se acerca a su templo. Quería que la música acompañara el momento, pero también que dialogara con la vida del escritor, con su relación con el rock, el blues y la contracultura. El resultado terminó marcando el inicio de todo.
Después de aquella ceremonia, la idea comenzó a crecer. Aguilera entendió que podía hacer lo mismo con otros libros que lo habían acompañado durante años. No quería musicalizar historias ni convertir novelas en canciones narrativas. Lo que buscaba era traducir otra cosa.
“Pensé: ‘Podría hacer más piezas con otros autores y otros libros’. Y ahí empecé realmente a trabajar en Tinta negra y roja. No estaba buscando hacer un disco solista ni tenía planeado algo así”, cuenta Aguilera. “Es algo que surge de unas circunstancias muy específicas”.
Para construir el disco, Aguilera eligió escritores y escritoras mexicanos con libros publicados desde la segunda mitad del siglo XX hasta hoy. Pero había una condición todavía más importante: debían ser libros que conociera profundamente.
“No se trataba de leer un libro y ver si se me ocurría algo. Tenían que ser libros que ya estuvieran en mí.”
Dice que en muchos casos ni siquiera necesitó releerlos. Eran lecturas que llevaba encima desde hacía años y cuya atmósfera seguía intacta.
Así apareció Carlos Castaneda con Viaje a Ixtlán, el libro con el que abre el disco. Aunque Castaneda no era mexicano, Aguilera siente que su obra sí pertenece a México por los personajes, los paisajes y el universo espiritual que retrata.
“Creo que a muchos de los que lo leímos nos voló la cabeza. Era como nuestro Señor de los Anillos psicotrópico.”
También está Miguel León-Portilla y su compilación La tinta negra y roja, que terminó dando nombre al disco. Aguilera recuerda que la expresión “tinta negra y roja” era utilizada por las culturas mesoamericanas para nombrar los códices: el espacio donde quedaban guardadas las historias, los poemas y la memoria colectiva.
“Pensé que los libros contemporáneos son nuestros códices.”
La idea lo acompañó durante todo el proyecto: entender la literatura como un lugar donde queda preservada una forma de mirar el mundo.
En el disco también aparecen Octavio Paz, Fernanda Melchor, Juan José Arreola y Claudia Berrueto.
Con Alberto Blanco ocurrió además otra coincidencia importante. Aguilera le pidió uno de sus collages para la portada del disco y el poeta aceptó.
“Es un disco que habla de libros y la portada terminó siendo la obra de un poeta que también hace arte visual. Ahí había otra conexión que me gustaba mucho.”
“Los libros dejan una emoción que permanece”
Cuando habla del paso de la literatura a la música, José Manuel Aguilera insiste en que nunca quiso resumir argumentos ni ilustrar escenas. Lo que le interesaba era capturar la sensación que deja un libro después de leerlo.
Eso fue lo que intentó llevar a las canciones: no las palabras, sino la impresión emocional que permanece después de cerrar un libro.
“Quise llevar al terreno musical lo que dejan en nosotros los libros que nos afectan y nos cambian la vida.”
En algún momento de la conversación aparece una palabra que termina definiendo todo el proyecto: écfrasis. Un término griego que describe el acto de interpretar una obra artística desde otro lenguaje artístico. Aguilera dice que aprendió el concepto gracias a un amigo escritor que le habló de Homero describiendo el escudo de Aquiles.
El compositor creó y lanzó en 2001 su primer disco solista, Yendo al cine solo, al que describe como "el soundtrack imaginario de películas inexistentes". Ahora, hace de “los libros, que son palabras, un comentario musical sobre ellos”.
“Ahora que hemos viajado tocando el disco, compañeros del trío me dicen: ‘Estoy leyendo tal libro de los que mencionas aquí. Yo no lo hice con esa intención, pero si alguien llega a un libro por una canción, entonces ya ganó”.
“Para mí leer es una cosa natural, pero además necesaria. Creo que los libros tienen un poder tremendo de hacernos ver la vida de otra manera”, señala.
¿Qué es hoy en día para ti ser un artista? ¿Ha cambiado tu visión?, le preguntamos.
"Ha cambiado, sí. Yo creo que te vas haciendo más consciente del privilegio que implica ser artista y también de la responsabilidad que implica. Es una elección de vida y una manera de vivir que está llena de gratificaciones, pero también de búsqueda y de tener siempre la guardia bien puesta, estar alerta a las cosas que te puedan ayudar a generar algo", explica.
Como parte de su responsabilidad como artista, comparte, vio una puerta que se abrió "y que yo ni siquiera sabía que existía, pero ya que la vi y la medio abrí, para ver hasta dónde llegaba, y bueno, llegué a este disco. Esa es mi responsabilidad como artista".
Para José Manuel Aguilera la literatura nunca ha sido un adorno cultural ni una referencia intelectual. Ha sido una forma de mirar el mundo y de encontrar caminos nuevos.
Todo empezó con un artista despidiendo a otro artista. Entendiendo, mientras sonaban esas notas en Bellas Artes, que algunos libros no terminan cuando se cierran. A veces siguen vivos en una guitarra, en una canción o en la necesidad de alguien más de ir a buscarlos por primera vez.
¿Qué lee José Manuel Aguilera?
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Recomiendo Viaje a Ixtlán, de Carlos Castaneda. Un libro que en su momento creo que cambió y tocó muchas vidas. Nos hizo ver el mundo desde otras perspectivas. Fue muy revolucionario por su acercamiento, su tratamiento, su desmitificación y, en muchos sentidos, la mitificación de las sustancias psicotrópicas que existen en este país.
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La compilación de poemas en náhuatl que hizo Miguel León-Portilla y se llama La tinta negra y roja. Es un libro muy hermoso porque nos damos cuenta de que en este país existe la poesía desde antes de que llegaran los españoles. Y que ha habido poetas desde siempre y que estos poetas tenían una visión muy específica del mundo, del universo y de la creación. Y cómo esas cosas que quizás nosotros no habíamos leído de fuente directa determinan también cómo vemos la vida los mexicanos.
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El corazón del instante. Hermoso nombre, hermoso título para un libro que es una colección de poemas de Alberto Blanco. Alberto Blanco es un poeta muy importante, muy prolífico y con una variedad de recursos increíbles. Entonces, este libro a mí siempre me deslumbró porque, a través de él, hay un montón de aproximaciones a la poesía. Tiene muchos estilos y formas de llegar al poema y eso lo hace muy atractivo. Hay poemas sumamente emotivos hasta otros más científicos e interesantes.
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El rey se acerca a su templo. Es una novela setentera de José Agustín que retrata muy bien la contracultura en este país. Su edición original —que yo tengo por fortuna, no sé ni cómo llegó a mí o dónde la compré— tiene la misma portada en la contraportada, pero de cabeza. De tal suerte que tú dices: ¿Cuál es la portada y por dónde empieza? Las letras también están unas de cabeza y las otras al derecho. Entonces, no hay una indicación de cuál es el principio o el final. Pero por donde lo empieces el resultado acaba siendo el mismo. Es experimental en ese sentido. También es un juego. A José Agustín le gustaba mucho romper paradigmas, reglas y moldes de la literatura. Entonces, ese libro es una pieza que de alguna manera simboliza la vida y la obra de este gran escritor.
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Salamandra, de Octavio Paz, que es una colección de poemas después incluidos en el libro Obra poética. Paz también tiene muchas maneras de aproximarse a la poesía, pero en este libro en particular siento que es muy transparente, muy minimalista y muy claro en las cosas que nos trata de decir.<br><br>Además de la profundidad y de toda la sabiduría que sabe inyectar en su escritura poética.
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Páradais, el libro de Fernanda Melchor, que es una escritora muy joven, muy talentosa, muy fuerte, con una voz sumamente definida, original y bien planteada. Es vertiginoso y nos habla del México actual con toda su carga de violencia, incluso extrema. Es un libro que uno empieza a leer y no puede soltar. Eso me gustó mucho: que te atrapa. Y tiene un final extraordinario.
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De Juan José Arreola, recomiendo Confabulario, una colección de textos literarios que están en ese punto límite entre varias cosas. Pueden verse como poemas en prosa, pueden verse como cuentos pequeños, pueden verse como relatos y a lo mejor no son ni una cosa ni otra o son todas al mismo tiempo. Pero lo que me gusta de este libro es que justo inventa su propio género y de una manera muy hermosa.
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El libro Bajo el mármol lunar, de mi amiga, la poeta coahuilense Claudia Berrueto. Es un libro de poesía muy contemporánea que acaba de aparecer hace un par de años y da muestra de su visión poética desde un punto de vista sumamente femenino e incluso cotidiano y hogareño. Cómo ella, en medio de esta cotidianidad, encuentra de pronto la aparición de la poesía y la intenta reflejar en sus libros.