EL RECOMENDADOR DE LIBROS

Logo Milenio
Logo Librotea
Estanterías

Kiko Amat y el trauma sexual de una generación

El autor catalán desgrana los ejes de su novela "Dick o la tristeza del sexo": el trauma generacional, la parodia de la pornografía y el dolor de no ser deseado.

Kiko Amat y el trauma sexual de una generación. Foto: Verónica Maza
Kiko Amat y el trauma sexual de una generación. Foto: Verónica Maza
Verónica Maza Bustamante Américas /

Kiko Amat nos sumerge en esta entrevista por los orígenes de su novela Dick o la tristeza del sexo, un relato que va más allá de la anécdota sexual para convertirse en un testimonio generacional sobre el trauma, la desinformación y la búsqueda de identidad en una España oscurantista. Hablamos con él de su proceso creativo, su estilo literario directo y de cómo construyó esta novela de iniciación que aborda el dolor universal del rechazo. Además, recomienda libros fundacionales que le encantan.

Videoentrevista con Kiko Amat

Kiko Amat recomienda libros fundacionales que le encantan
Kiko Amat recomienda libros fundacionales que le encantan

Los orígenes de Dick, una novela de iniciación

Kiko Amat comenzó su rebelión a los 17 años de edad, cuando dejó los estudios para editar fanzines, colaborar en revistas musicales, hacer una estancia de cinco años en Londres y pasar por cadenas de montaje, hoteles y tiendas de discos. Al día de hoy ha escrito siete novelas y tres obras de no ficción, que le han dado reconocimiento. Durante su visita a México pudimos conversar con él sobre su libro más reciente.

Kiko, ¿de qué trata tu novela Dick o la tristeza del sexo?

Es una especie de novela de iniciación, lo que se llama Bildungsroman, y cuenta la historia de un chaval de la periferia de Barcelona, de clase media, católico, virgen y profundamente erotizado. Relata un poco su iniciación de cariz sexual, es decir, la serie de desventuras y desafortunados incidentes que atraviesa en una especie de búsqueda, en un intento de comprensión de cómo funciona lo de follar, masturbarse, relacionarse con el sexo opuesto, etcétera. Son las cosas, terribles en su gran mayoría, que le van sucediendo.

Aparte, tiene que ver con la educación oscurantista de los setenta y ochenta, donde había completa desinformación en todo. Este libro a lo mejor no podría haberse situado en el 2025: la inmediatez del conocimiento haría que tuviera solo una página, porque Dick lo descubriría todo en un día. En cambio, mi protagonista tiene que atravesar una serie de cosas que son casi de sociedad secreta. Va buscando conocimiento aquí y allá: con el amigo que supuestamente es experto, pero que en realidad se está inventando la mayoría de cosas, y que explica cuestiones sexuales en localizaciones geográficamente inciertas con suecas de apellidos sospechosamente inventados. Dick tiene que entender cómo funciona todo esto, cogiendo información de aquí y de allá, mientras intenta sobrevivir a una madre impropia (es la única forma de definirla), a conatos de bestialismo, a un padre pomposo, académico y fétido novelista, etcétera.

¿Cómo nace esta historia? 

Yo no soy un autor de tesis ni de tema, sino de personajes y de situación. Estaba escribiendo una novela de caris más o menos criminal, con moteros, ángeles del infierno, fútbol… iba un poco por ahí. Y en esta novela había un personaje secundario, un sicario aquejado de ojos permanentemente llorosos, que tenía un bagaje de trauma sexual originado precisamente por una madre impropia y un conato de bestialismo. Entonces, me di cuenta al crearlo y al empezar a gestar un bagaje de su vida, que allí residía la historia, que la historia que yo estaba contando en realidad me estaba aburriendo mortalmente y ésta era una nueva historia que tenía interés, la que yo quería contar.

Uno necesita una razón mayor que las simples ganas de contar una historia para escribir una novela, ¿sabes? O sea, ecualizar, porque son traumas que acarreas de tu propio pasado, cosas irresueltas. Llevaba varias obras y nunca había hablado de algo que era importante para mí, que es precisamente las secuelas de un puto trauma sexual que comparto con mucha gente de mi generación, originado por toda esa desinformación, por esa idea de virilidad casi caricaturesca e inalcanzable con la que te bombardeaban en la época, y que se potenciaba si encima eras un chaval no atlético, un alfeñique tirando a enfermizo como yo era. Por tanto, allí vi que había algo por contar. Poco a poco vi que ahí residía la verdadera historia: era una novela de una patética iniciación sexual.

¿Cómo defines tu estilo al escribir?

Hay una tradición de autores que descubren lo que hacen mientras escriben, porque hay una parte de todo esto que viene del inconsciente, de la quinta dimensión si quieres, a la manera hippie, y por tanto solo sabes lo que estás haciendo mientras escribes. Don Carpenter decía que si pudiera expresar sus puntos de vista en algún formato que no fuera narrativo lo haría, pero que su única forma de entender lo que quería contar era la narrativa, y en mi caso es lo mismo. Yo solo sé lo que quiero contar cuando lo estoy escribiendo, y entiendo dónde voy, entiendo lo que quiero decir mientras lo estoy escribiendo.

Entre la parodia porno y la tragedia del rechazo

Kiko ha publicado títulos como El día que me vaya no se lo diré a nadie, Rompepistas y Revancha, publicados también en Anagrama. Su trayectoria abarca, además, la no ficción, así como la co-conducción del podcast Pop y Muerte.

Tu estilo es crudo, directo y literario, Kiko. Háblanos al respecto.

Sí, o sea, en Dick hay varios planos. Uno, y me di cuenta al empezar a escribirlo, que la forma en la que se describían los encuentros sexuales de cualquier tipo solo podía ser hardcore; es decir, esto había que llevarlo a su consecuencia lógica y no tenía ningún sentido escribir este tipo de novela para de golpe tener un ataque de pundonor y cerrar la puerta en el momento que estaba punto de pasar algo relevante o gráfico. Me di cuenta de que eso solo se podía explicar explicándolo todo; me planteé escribir la novela más guarra jamás escrita y creo que lo he hecho. ¡Lo digo en serio! Aparte de Sade, la siguiente tiene que ser la mía, porque es la novela más sucia que existe. 

A la vez me di cuenta de que solo podía escribir lo pornográfico desde un punto de vista cómico, patético y ridículo, porque lo pornográfico, si no lo medias o lo editas, es inconscientemente humorístico, pero utiliza un lenguaje medio solemne, medio salaz, pretendidamente poético, que es espantoso. 

Precisamente las secciones donde habla el alter ego del protagonista, que es Dick Loveman, son una parodia del lenguaje que se utiliza en cartas de los lectores de revistas pornográficas o en películas porno. Por tanto, por un lado está eso: cómo hacer la pornografía y describirla sin que sea eso, o demasiado solemne o ridícula, o con esa dicción o estilo que utilizan las novelas eróticas, que me da un cringe que flipas, o sea, me da una grima horrible escucharlo, ¿sabes? Esas metáforas sobrecargadas que utilizan.

Este libro evita caer en la solemnidad de la pornografía siendo humorístico y ridículo. Además, ahí está la parte del lenguaje: yo quería que mi protagonista hablara ampuloso, hiperbólico, que hablara con una parodia de lo que es un lenguaje afectado de novelista con ínfulas. Y claro, tuve que conseguir que el lector no percibiera la afectación como afectación, sino que la percibiera como parodia de la afectación. Tenía que entender que es un lenguaje adjetivado y conceptuoso, que es un juego. Y eso también fue difícil de conseguir: ¿Cómo haces que un personaje hable recargado sin que el lector lo sienta como recargado? ¿Cómo puedes hacer una novela con un lenguaje así que se lea con agilidad punk? Esos fueron los retos que tenía que conseguir, que él hablara con ínfulas y sobrecarga de adverbios, pero el lector lo leyera como una novela con mala prosa deliberada.

¿Cómo te va con tu literatura sexual frente al erotismo edulcorado de hoy?

No creo que tengan el mismo mercado, para empezar. Con la pornografía, por mucho que sea usuario de ella como muchos de nosotros somos, siempre he tenido que hacer un esfuerzo para no reírme en los momentos salaces. Tiene una parte de ridiculez que la salva, que no pretende plasmar la realidad, sino que es una especie de cómic de superhéroes. No te lo puedes creer lo que está sucediendo en la pantalla. Nadie hace eso. Nadie hace el reverse cowgirl, eso está inventado.

Por eso la contraportada pone "hipersexual", pero también pusimos "antierótica". Aunque por mucho que te haga muchísima gracia la tragedia que está experimentando mi protagonista, cuando se pone cachondo viendo a su madre en paños menores es imposible que no sientas una cierta titilación. O sea, eso claro, es parodia de la pornografía, pero te está poniendo cachondo porque está escrito de una forma precisa pensando en pornografía y pensando en esas supuestas desviaciones que todo el mundo ha tenido, por mucho que no lo confiesen.

Para mí no es otra cosa que una novela de rechazo. Ese es el tema fundamental del libro: el amor no correspondido, habla de gente a quien no aman. Hay una cosa que dice el protagonista en un momento que me gusta bastante y tiene más relevancia incluso ahora que en el setting de la novela, que son los ochentas, que es: "Todo el mundo te habla del deseo, te habla del género y de la posibilidad de cambiar de género y la posibilidad de ser otro y aumentar el deseo, pero nadie te dice qué hacer cuando nadie te desea". Eso es una puta mierda. Nadie te dice qué hacer cuando eres feo y cuando eres gordo y cuando nadie te quiere por tu físico. 

No creo que Franki (el nombre real del protagonista) sea feo. Creo que tiene una dismorfia acusadísima. Creo que en el fondo es un tío más o menos apañado, pero que se ve inmundo por los ideales caricaturescos inalcanzables con los que le han bombardeado y por una idea de masculinidad completamente ilusoria y espuria; nadie es tan macho. Y es eso lo que le hace sentirse triste y una mierda consigo mismo. Por tanto, creo que mi novela va de eso, va de no ser querido, de no ser deseado. 

Kiko Amat recomienda libros fundacionales que le encantan

  • ¡Pobres  criaturas!

    ¡Pobres criaturas!

    Alasdair Gray

    Editorial Anagrama

    Comillas Logo

    Me encanta Alasdair Gray y su novela, que se tradujo en España como ¡Pobres criaturas! y de la que se ha hecho una peli perfectamente fétida, pero el libro es alucinante; es una especie de Frankenstein bastante sexual también, victoriano, que fue escrito en los ochenta.

  • Sinsonte

    Sinsonte

    Walter Tevis

    Editorial Impedimenta

    Comillas Logo

    Me encanta Walter Tevis, que es el autor que hizo El buscavidas y El color del dinero, porque tiene muchas novelas: algunas van sobre billar, otras van sobre ciencia ficción, tiene Sinsonte, que es chulísima, habla del último robot que hay en la tierra. Es un tío con una scope flipante, y Gambito de Dama, que se hizo una serie en Netflix. Cualquiera de Walter Tevis es alucinante.

  • Cowboy de medianoche

    Cowboy de medianoche

    James Leo Herihy

    Bunker Books

    Comillas Logo

    Me gusta mucho el primer libro de James Leo Herlihy, que es Cowboy de medianoche, que también se hizo una peli, pero el libro es chulísimo y alucinante, y lo acaba de retraducir una editorial española que se llama Bunker Books.

  • Dura la luvia que cae

    Dura la luvia que cae

    Don Carpenter

    Duomo

    Comillas Logo

    Don Carpenter, es un autor poco conocido pero que hizo un libro que se tradujo en el momento como Dura la lluvia que cae, Hard Rain Falling, que es uno de los mejores libros de pandilla, de criminalidad, pero también carcelarios, jamás escritos.

  • Stoner

    Stoner

    John Williams

    Fiordo Editorial

    Comillas Logo

    Y luego recomiendo un libro que si lo explicas nadie se lo leería, que es Stoner, de John Williams. Va sobre un profesor universitario que se llama Stoner y es su vida. No pasa nada, no hay plot twists raros, es solo la historia de un hombre a quien le gusta hacer una cosa: enseñar. Y es uno de los mejores libros de la historia. Es flipante. La humanidad y la empatía, y lo guay y la discreción con la que está escrito; no hay ninguna pirueta, no hay ninguna filigrana, no hay ningún alarde, es lineal y perfecto.


Tags relacionados
  1. libros