EL RECOMENDADOR DE LIBROS

Logo Milenio
Logo Librotea
Estantería

Libros que no dejan morir la historia: Fritz Glockner y Operación noticia

El autor convierte el asesinato de Manuel Buendía en un thriller donde la historia y el poder se encuentran. Además, reflexiona sobre lo que permanece cuando una persona muere.

Libros que no dejan morir la historia: Fritz Glockner y Operación Noticia. Foto: especial
Libros que no dejan morir la historia: Fritz Glockner y Operación Noticia. Foto: especial
Verónica Maza Bustamante Américas /

El 30 de mayo de 1984, el periodista Manuel Buendía fue asesinado en la Ciudad de México. Más de cuatro décadas después, Fritz Glockner vuelve sobre aquel crimen en Operación noticia, un thriller que combina investigación histórica, archivos periodísticos y ficción para construir un thriller donde el lector sabe desde el principio quién fue el asesino.

Video: entrevista con Fritz Glockner

Operación noticia: Fritz Glockner reconstruye en asesinato de Manuel Buendía
Operación noticia: Fritz Glockner reconstruye en asesinato de Manuel Buendía

Operación noticia: volver sobre el asesinato de Manuel Buendía

Historiador, escritor y promotor de la lectura, Fritz Glockner fue finalista del Premio Rodolfo Walsh y director de Educal. Actualmente es secretario de Arte y Cultura en Puebla. Su obra se centra en la memoria histórica y los movimientos armados, con títulos como Veinte de cobre, Memoria Roja, Los años heridos y Cementerio de papel, varios de ellos adaptados al cine. También ha desarrollado una amplia trayectoria en la promoción de la lectura, la gestión cultural y el ámbito editorial.

Aquí nos habla sobre el periodista Manuel Buendía, la memoria de un país, el poder y la violencia contra quienes ejercen esta profesión. También nos comparte su relación con los libros y defiende una idea que atraviesa toda la conversación: leer debe ser, ante todo, un placer.


Fritz, ¿de qué trata Operación noticia?

Operación noticia parte de un hecho: el 30 de mayo de 1984 es asesinado el periodista más leído de todo México, Manuel Buendía. Es curioso porque Buendía no era el periodista más de izquierda ni el más combativo, pero sí era el más analítico.

Era un periodista muy criticado porque tenía conexiones con gente de Gobernación y con el secretario de la Defensa. No era un periodista común y corriente; más bien tenía influencias. Y, curiosamente, quien lo asesina es el entonces director de la Dirección Federal de Seguridad.

Esto genera un escándalo, sobre todo durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Yo estaba terminando de escribir Los años heridos. La historia de la guerrilla en México, 1968-1985 y, cuando llego a 1984 y revivo este evento de Manuel Buendía, digo: “Aquí hay una narrativa de ficción que hay que destacar de manera diferente”.

Entonces me dediqué a investigar y me cayó el veinte de que la muerte es un espacio de indefensión. Cuando te mueres, tus peores o tus grandes secretos quedan al descubierto.

Por eso, con la novela de Manuel Buendía, juego mucho con qué estaría pensando ante el fraude electoral contra Cuauhtémoc Cárdenas y cómo Carlos Salinas se impone. Qué hubiera pensado e incluso cómo hubiera reportado Manuel Buendía el 19 de septiembre de 1985, el verdadero terremoto.

Se trata de no solamente contar la vida un poco biográfica de Manuel Buendía, el periodista controversial, el periodista más leído en los años setenta y ochenta de este país, sino también pensar qué hubiese sucedido en la lógica de los acontecimientos.

¿Qué es la muerte? ¿Cómo te expones ante todos tus secretos?¿Cómo queda sembrada esa imagen tuya una vez que tu fecha de caducidad ha arribado? 

¿Cómo construyes un thriller cuando el lector ya sabe quién es el asesino?

Había que jugar con el thriller, con la novela negra, con la novela policiaca, pero desde la óptica de que ya sabes quién es el asesino. Aquí no estás investigando quién lo mató ni cómo lo mataron, porque todos sabemos qué sucedió el 30 de mayo de 1984.

Entonces, lo que había que generar narrativamente, desde la propia ficción —a pesar de que estoy tocando datos históricos—, es que no hay muchas cosas de invento, sino que estoy recuperando lo que se publicó en su momento en las notas periodísticas.

¿Cómo fue el trabajo de investigación?

Hubo que hacer un trabajo hemerográfico muy grande. Entrevisté gente que no había tenido acceso a contar sus versiones y también tuve acceso a los archivos policiales, incluso al archivo de la Dirección Federal de Seguridad.

En ese sentido, es el gran reto: ¿cómo escribes un thriller donde ya sabes de antemano quién fue el asesino? Ese tipo de retos narrativos es lo que me llevó a decir: “Órale, vamos a entrarle”. Vamos a jugar no solamente al detective, sino más bien al historiador detectivesco que viene a recrear nuevamente esa parte de la historia de México que tal vez puede estar olvidada.

Además, tiene una vigencia loca, tomando en cuenta la intervención de la CIA. El asesinato de Manuel Buendía es la punta de una madeja que va a llevar a 1985, al descubrimiento del escándalo Irán-Contra: cómo los norteamericanos estaban jugando a generar y fomentar el tráfico de drogas entre Colombia y México para que llegara la droga a Estados Unidos, y con ese dinero financiar la compra de armas de Irán para la Contra nicaragüense. Esa era la especialidad de la CIA.

Pareciera que la historia se repite y es cíclica, y eso a veces no tiene ninguna gracia, pero a final de cuentas estamos siendo testigos, con esta novela, de las intervenciones que de pronto los Estados Unidos realizan con este doble discurso de supuestamente batallar y evitar el consumo de drogas y, curiosamente, las propias instituciones gubernamentales de Estados Unidos son las que promueven, generan, solapan y financian el consumo de drogas en su pueblo.

¿Cómo lees el presente a partir del pasado?

Siempre he comentado como historiador que de lo único que podemos presumir que somos dueños, que es nuestra propiedad, es el pasado. De ahí en fuera no nos pertenece nada. ¿Y qué es el presente?

El presente es como esta fotografía Polaroid Instamatic. Eran cámaras muy inteligentes porque tenían la impresora incorporada. Y el futuro, me van a disculpar, pero estoy convencido de que es el arte de la incertidumbre. No sabemos qué sucede al segundo siguiente.

El presente es el momento en el cual puedes jugar con la reconstrucción de la memoria individual y colectiva para generar la conciencia de este momento específico y, si acaso, proponer o sembrar los sueños del mañana.

Leer para divertirse, no para sufrir

¿Qué diferencia encuentras entre el asesinato de Manuel Buendía y la violencia contra periodistas que vivimos hoy?

Hay que saber diferenciar el asesinato de Buendía, en la lógica de cómo se convierte en la voz que iba a denunciar algo que había descubierto y que el propio sistema, el propio gobierno, los propios cuerpos de seguridad son los que se encargan de silenciarle.

Y otra cosa es la desgracia del desgaste del tejido social que hemos vivido desde hace unos años para acá y, específicamente, desde el siglo XXI, con el arribo de Acción Nacional en 2000, con Vicente Fox. Cómo se inicia una pequeña lógica de desgaste de los cuerpos de seguridad y, en 2006, con Felipe Calderón, para mi gusto es el acabado.

La mayoría de los asesinatos hoy en día, por desgracia, de periodistas en nuestro país no tiene que ver con un complot desde la fuerza del Estado o del gobierno, sino con el desgaste de los tejidos sociales y con cómo el crimen organizado se ha encargado de silenciar las voces.

Así como en su momento a Manuel Buendía se le calla para que no divulgue lo que sabe, hoy en día los narcotraficantes son los que ajustan las cuentas y silencian a aquellos que han descubierto algo. Y el desgaste del tejido social nos ha llevado a esta numeralia horripilante.

Y creo que hace falta urgentemente, sociedad, gobiernos, prensa, armar, sembrar las bases de la reconciliación social.

Creo que el desgaste ha sido muy fuerte y evidentemente ha habido muchas vidas que nos han dolido. Pero sí hay diferencia entre lo que sucede, evidentemente, el 30 de mayo de 1984, y el drama que hemos estado padeciendo los últimos tiempos.

¿Cómo llegaste a convertirte en promotor de la lectura?

Siempre he sido un lector. Empecé siendo lector de historietas, maravillosamente. Mi padre, antes de irse de guerrillero, me compraba historietas.

El tránsito de ser lector de historietas a ser lector de literatura fue muy simple, gracias a una hermosa colección de Bruguera, Libro amigo, en la que cada cuatro o cinco páginas había una viñeta de historieta. Eso me permitía no disociar, no divorciarme de la historieta y no aburrirme con una página con texto escrito.

Y desde entonces me convertí en promotor de lectura. Estaba en quinto o sexto de primaria y tenía ganas de que mis compañeritos y mis compañeritas disfrutaran lo mismo que estaba yo disfrutando.

Creo que siempre he sido promotor de la lectura porque me ha gustado compartir el placer que uno siente por las cosas. Creo que es muy egoísta, muy sonso, muy bobo aquel que no comparte lo que disfruta.

Y si algo he disfrutado en la vida, en la lectura, y si algo me ha fascinado es intentar contagiar: nunca imponer, nunca sugerir por la fuerza, nunca soltar esta lógica de que “si no lees, eres burro”.

No. La lectura es divertimento. El conocimiento está implícito. Pero esta lógica de que la lectura por fuerza va a ser conocimiento no es cierta, porque entonces le quitas lo travieso, le quitas el deleite.

Con mi hija Frida nos propusimos que los libros sean sus juguetes. Que la lectura sea el divertimento. El conocimiento está implícito, pero no tienes que anteponer la parte de conocer, de saber, de convertirte en genio para leer.

De pronto hemos ido a una sociedad que le ha dado más categoría al objeto libro que al ejercicio de la lectura. Estamos acostumbrados a venerar el objeto y no a plantear las actividades lúdicas que le dan vida a ese objeto.

¿Para qué queremos libros sin que se abran sus portadas? Son, evidentemente, cadáveres casi enterrados en cualquier cementerio.

Y lo que no queremos, y valga la redundancia de mi novela Cementerio de papel, son justo eso, cementerios de papel. Que ninguna biblioteca se convierta en cementerio. Que todas las bibliotecas sean estas grandes ferias de la locura, ferias de la aventura, ferias del divertimento.

Entonces, soy un convencido de que la lectura nos libera. La lectura no cambia sociedades, pero sí cambia individuos. Te lleva a este rasgo loco que es el conocimiento, pero fundamentalmente, leer es una gran aventura. 

No seamos ridículamente disciplinados, como en su momento lo fui yo, y hagamos que la lectura se convierta en un lastre.

Así sea García Márquez, así sea Borges, así sea Cortázar, quien sea, Hemingway: si ese libro no te está atrapando, en la página 30, déjalo y vete por otro, por favor, porque la literatura, la lectura, no puede ser un padecimiento, un sufrimiento. Tiene que ser un placer.

¿Qué lee Fritz Glockner?

¿Qué lee Fritz Glockner?
¿Qué lee Fritz Glockner?

  • Cabaret Pompeya

    Cabaret Pompeya

    Andreu Martín

    Siruela

    Comillas Logo

    Uno de los libros que hace mucho que estoy recomendando es Cabaret Pompeya, de Andreu Martín. Tal vez no se encuentra luego luego porque está publicado en España, pero es un libro de estos en los cuales son como 700 páginas y no hay una página de más, a pesar de que son cerca de 700 páginas. Tiene que ver con la efervescencia, la revolución, el problema en Barcelona durante los años veinte y treinta del siglo XX, donde los anarquistas se pelean con los comunistas, con los socialistas.

  • Estas ruinas que ves

    Estas ruinas que ves

    Jorge Ibargüengoitia

    Booket México

    Comillas Logo

    Lo que voy a recomendar son autores, si me lo permiten, rompiendo la tradición de preguntarle a la gente sobre libros. Yo creo que recuperar a Jorge Ibargüengoitia en el siglo XXI es urgente. Maten al león, Las muertas, Dos crímenes, Estas ruinas que ves, La ley de Herodes, por favor. Chavos, chavas, si no han tenido a Jorge Ibargüengoitia a su lado, no van a poder caminar como adolescentes. Jorge Ibargüengoitia es la carcajada, es la risa, es el gran divertimento.

  • La tumba

    La tumba

    José Agustín Ramírez Gómez

    Alfaguara Juvenil

    Comillas Logo

    Miraría yo a otro autor, que sería José Agustín: La tumba y De perfil. Son dos novelas que todo joven debe de tener en sus manos. Eran las novelas de los jóvenes, de los adolescentes del siglo XX. Chavos del siglo XXI, no se divorcien de esta lógica, de esta locura, por favor.

  • El rey criollo

    El rey criollo

    Parménides García Saldaña

    Booket México

    Comillas Logo

    Luego, un autor que pocos, muy pocos conocen. Anótenlo quienes me estén escuchando, por favor: Parménides García Saldaña. Este personaje de La Onda, no tan reconocido, con sus dos libros magníficos, Pasto verde y El rey criollo. Para mí es el Rulfo ignorado.Así como Juan Rulfo escribió solo dos libros, una novela y un libro de cuentos, lo mismo hizo Parménides García Saldaña, pero desde la contracultura, desde la locura de los mundos subterráneos. Y yo creo que todo adolescente tendría que tener a un Parménides García Saldaña dentro de sus bibliotecas.

  • Asesinato

    Asesinato

    Vicente Leñero

    Seix Barral México

    Comillas Logo

    Vicente Leñero es un escritor que fue todo, salvo poeta. Fue guionista de cine, dramaturgo; sus obras de teatro irrumpen de manera muy original en la historia del teatro mexicano. Periodista y un gran, gran periodista.De sus novelas, Los albañiles, pero sobre todo Asesinato. Asesinato, para mí, es un libro que podría yo comparar incluso, tal vez, si hasta supera a Dashiell Hammett.


Tags relacionados
  1. libros