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Libros para entender el duelo y la migración: entrevista con Iliana Pichardo Urrutia

La autora conversa sobre "Cada mar desierto", libro que toca las migraciones, las maternidades y los duelos a través de un viaje entre México y Estados Unidos.

Libros para entender el duelo y la migración: entrevista con Iliana Pichardo Urrutia. Foto: Verónica Maza
Libros para entender el duelo y la migración: entrevista con Iliana Pichardo Urrutia. Foto: Verónica Maza
Verónica Maza Bustamante Américas /
Hachette Livre México

En el territorio literario que hurga en los cruces entre memoria, cuerpo y territorio, aparece Cada mar desierto, el más reciente libro de Iliana Pichardo Urrutia publicado por Hachette Voces. En esta conversación, la autora nos habla de migraciones, duelos gestacionales y las huellas que dejan las pérdidas. Además, comparte los libros que fueron faros durante su proceso de escritura.

Video: entrevista con Iliana Pichardo Urrutia

Entrevista con Iliana Pichardo Urrutia: "Escribir es abrir y cerrar heridas"
Entrevista con Iliana Pichardo Urrutia: "Escribir es abrir y cerrar heridas"

"Si yo me acuerdo de algo, de que sucedió de una forma, ¿quién me va a decir que fue real o que fue mentira?"

Iliana Pichardo Urrutia es escritora, guionista y realizadora de documentales, cofundadora del Colectivo de Arte Transmedia Buñuelos. Vive en El Paso, Texas, y ahí encontró la inspiración, junto con un sorpresivo descubrimiento en su vida, para escribir Cada mar desierto, un libro híbrido en donde la poesía es el puente para narrar una historia reflexiva que deja huella.

¿Qué vamos a encontrar en las páginas de Cada mar desierto?

Vamos a encontrar mucha atmósfera de desierto y de mar, y temas como las migraciones, las maternidades y los duelos. Pero duelos de distintos tipos: desde la pérdida de una abuela, un abuelo o un ser querido, pero también de los duelos gestacionales. Hay una narradora que está haciendo una migración hacia el desierto entre México y Estados Unidos, donde entra en contacto con una serie de pérdidas y duelos producto de esta migración y de otras cosas, y comparto todos los descubrimientos que va teniendo en torno a esas pérdidas.

¿Cuáles fueron los retos y características de este segundo libro?

Mi primer libro es una colección de poesía bilingüe que hizo una traductora, mi profesora Kadiri Vaquer Fernández. En ese libro empiezo a explorar los temas que están en este. Termino esa colección y continúo con esto, que realmente fue la tesis de la maestría en Escritura Creativa que estudié en El Paso. Ahí sigo explorando, pero la escritura se me sale de la poesía y se va a la prosa. De hecho, la idea original de este libro era el ensayo personal; esa fue la forma con la que empecé. Pero durante la maestría, que fueron tres años de estar escribiendo, se me fue fragmentando.

Entonces, más bien dejé que la forma siguiera su curso, no quise entrar en esos predicamentos de "estoy escribiendo una ficción", etcétera. Creo que en el transcurso de escribir este libro entró a jugar mucho la idea de la memoria. Si yo me acuerdo de algo, de que sucedió de una forma, ¿quién me va a decir que fue real o que fue mentira, si yo me acuerdo que sucedió así? Entonces, ¿qué es ficción y qué es realidad? Los límites del género se me fueron desdibujando mucho y decidí no apegarme a eso, sino más bien jugar a recrear las historias, las experiencias, reescribirlas. Sí hay obviamente autoficción, y yo creo que lo definiría más bien como un género híbrido, precisamente para no encasillarlo en un género.

¿Cómo fue encontrarte con la noticia de que tuviste un hermano?

Ese descubrimiento vino en la pandemia. Me encontré con un archivo y siempre he sido una persona a la que le gusta mucho recolectar. Desde chiquita, abajo de mi cama tenía cajones donde guardaba de todo, siempre he sido muy coleccionista, me gusta mucho el archivo familiar, de fotografías, documentos, etcétera. Entonces, me encuentro esta acta de nacimiento y no sé qué hacer con ella realmente. El libro ya estaba empezando, pero en esta forma de ensayo personal, y decido guardar esa acta. No fue hasta después que entró a mostrar su lugar en la novela.

Creo que algo bonito fue que uno va encontrando sus pistas y sus señales, iba haciendo conexiones. Creo que así somos los seres humanos, queremos encontrar señales en las cosas. En este libro en particular, yo iba siguiendo pistas y creo que esta acta, este archivo, era parte de esas pistas. El libro se va construyendo a base de capas, de retazos que voy poniendo juntos. El acta vino a ser una de esas partes que completó el rompecabezas, sobre todo a nivel dramático. Siento que ahí amarraron varios hilos que estaba trenzando y el documento vino a aglutinar todo y funcionaba bien dramáticamente para el arco del libro.

"Como escritora, siempre he sentido que estoy tocando las heridas, poniendo el dedo en la llaga"

En las páginas de Cada mar desierto, el cuerpo humano se transforma en un territorio de exploración. Le preguntamos a Iliana cómo fue el recorrido: "Por muchos lados. Por un lado está el tema de las maternidades y no hay una experiencia más corporal, donde el cuerpo esté más puesto al límite, que un embarazo, un parto, una pérdida, etcétera. Son experiencias que te atraviesan. Al mismo tiempo, llegar al desierto entre Ciudad Juárez y El Paso también se siente a nivel muy corporal; de verdad la geografía te atraviesa. Yo llegué en julio y el calor es realmente penetrante", responde.

"Desde ahí, el desierto también hace —voy a hablar por mí— que los sentidos estén muy despiertos. A nivel visual puedes ver lejos, no es como en la ciudad que lo tienes todo encima. El sonido, que también incluyo en la novela porque es algo muy presente: hay tanto silencio que nunca está vacío, pero escuchas los sonidos venir de lejos, escuchas el tren que irrumpe como una marca de sonido. La piel, la sequedad, el cuerpo está muy presente.

"En la poesía uno intenta ir hacia las sensaciones corporales para traer la experiencia y que un lector lo pueda sentir. Así que si tenemos las maternidades y tenemos esta experiencia de vivir en este lugar nuevo para mí, el cuerpo estaba muy presente. Eso es por un lado. Y por el otro, vengo con esta idea de cómo uno aprende sobre la feminidad, cómo uno aprende a ser mujer, cómo uno aprende sobre su idea de cómo debería ser la maternidad, cómo ser madre o cómo no.

"Yo sentía que todos esos aprendizajes eran inconscientes, que uno los aprende a partir de historias generacionales que ves, escuchas, obviamente a partir del ejemplo de cómo reacciona la abuela haciendo tal cosa, la mamá, las cosas que te cuentan. Y cuando somos niñas, no sabes cómo interiorizarlo, procesarlo, pero son improntas que se nos van quedando. Uno crece y esas cosas empiezan a salir de distintas formas. Me interesaba explorar cómo, en el caso de la narradora, se apropia de esas historias y de su propio cuerpo, de su propia feminidad y de la idea de las maternidades.

¿Cómo vives el duelo? Usando la imagen de Nona Fernández recomendando tu libro, ¿qué duele más, cortar o coser?

Qué buena pregunta. Y amé lo que dijo Nona Fernández, fue increíble recibir eso de parte de ella. Pues obviamente duele mucho cortar. Pero alguna vez, no me acuerdo dónde escuché que solo se puede cambiar a partir de lo que se es realmente, y siempre he tenido eso presente.

Como escritora, siempre he sentido que —al menos yo así lo veo o así veo mi escritura— uno está tocando esas heridas, poniendo el dedo en la llaga. Y un poco de lo que a mí me toca es conectar con esa vulnerabilidad. Ya sea que esté hablando de algo personal o sea puramente ficción, necesariamente tengo que conectar con esas experiencias humanas que además todos compartimos. A eso trato de ir siempre.

Quizás toco temas difíciles, duros, la muerte, los duelos, pero yo siento que hay que abrir porque abrir libera, abrir resignifica, abrir limpia, le entra aire y solo así se puede sanar y después se puede coser. A lo mejor dentro de eso todavía hay cierto dolor, pero no entiendo otra forma de hacerlo. Y como mi lenguaje principal es la escritura, es la forma que tengo de abrir y cerrar.

¿Cómo vas encontrando el lenguaje narrativo que quieres explorar?

Pues no sé bien cómo fue sucediendo, pero creo que me he dedicado al documental, al guion, a la poesía y a la prosa. Creo que me nutro de todas de algún modo. Creo que para mí lo primero es la poesía, porque creo que es el modo en que intento mirar la creación desde ese lugar.

Y después me gustan mucho las historias, las historias de quien sea, de cualquier persona, de cualquier lugar, o lo que nos pueden contar los archivos, qué historias encubiertas están en una fotografía que me encontré en un mercado de esos que venden cosas viejas. Me gusta ir por ahí y encontrar estos archivos y me gusta imaginar y especular qué hay detrás de esas vidas.

Por eso creo que me gusta el documental, el ensayo documental y me gusta narrar también. El guion se dio por oportunidades que agradezco muchísimo para escribir series, y me parece muy divertido: la ficción, los personajes, los diálogos. Pero bueno, creo que la poesía permea todo lo demás.

¿Qué lee Iliana Pichardo Urrutia?

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  • El corazón del daño

    El corazón del daño

    María Negroni

    Random House

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    Les voy a recomendar cuatro libros que fueron parte de mi investigación para Cada mar desierto. Uno de ellos es El corazón del daño, de María Negroni, que habla sobre la relación madre e hija. La prosa poética de María Negroni es impresionante y de hecho ha cambiado mi forma de relacionarme con la poesía y con la escritura, así que muy recomendado.

  • La cronología del agua

    La cronología del agua

    Lidia Yuknavitch

    Carmot Press

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    Recomiendo un memoir que se llama La cronología del agua, de Lidia Juknavich, que se adaptó al cine y salió el año pasado. Es la historia de una nadadora, pero también lidia con temas de abuso, de pérdidas y su relación con el agua porque ella es una nadadora profesional. Es buenísimo, muy duro, pero buenísimo.

  • Debimos ser felices

    Debimos ser felices

    Rafaela Lahore

    La Navaja Suiza Editores

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    Otro libro que recomiendo es Debimos ser felices, de Rafaela Lahore. Me gustaba mucho la forma en que está fragmentado y también habla de tres generaciones: abuela, madre, hija. La prosa es bellísima.

  • Blanco ( Premio Nobel de Literatura 2024 )

    Blanco ( Premio Nobel de Literatura 2024 )

    Han Kang

    Random House

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    Blanco, de Han Kang. Creo que fue de los libros que más me influyeron en la escritura, también por el tema de la pérdida que abarca y cómo agarra un motivo, una imagen, como es el color blanco, para explorar un duelo.








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