Libros para celebrar el Día del Beso
La literatura captura su electricidad, vértigo y memoria. Con motivo del Día Internacional del Beso, recorremos seis libros donde los labios cuentan historias que el resto del cuerpo no sabe decir.
El Día Internacional del Beso se celebra cada 13 de abril desde 2013, una fecha que nació para recordar el valor sentimental de ese gesto mínimo y absoluto. En la literatura, los besos han sido protagonistas silenciosos de algunas de las escenas más poderosas jamás escritas, como pasa en estos libros para celebrar la fecha.
Cuando un beso es la electrizante recompensa
La guerra contra Voldemort había terminado y el Gran Comedor del colegio Hogwarts bullía con la confusa energía de la paz recién estrenada. En medio del desconcierto general, Ron Weasley y Hermione Granger cruzaron una mirada que venía gestándose desde un tren expreso siete años atrás. El beso que entonces se dieron, torpe y necesario, supo a recompensa emocional para quienes habían crecido acompañando sus discusiones, sus celos absurdos y esa forma tan particular de quererse sin saberlo. Por eso, este ósculo entre el pelirrojo y la chica inteligente no pertenece solo a los personajes, sino a toda una generación que lo esperó como quien aguarda la primavera después de un invierno muy largo.
Un profesor madrileño llamado Salvador abandona la capital por prescripción médica y se refugia en una cabaña en la sierra. Allí conoce a Montserrat, una mujer quince años más joven cuya presencia desordena la quietud programada de su convalecencia. Entre los dos crece una confianza inesperada, llena de revelaciones, y sus encuentros se convierten en un baño de luz que Salvador, deslumbrado, bautiza con el nombre de un personaje del Quijote: Altisidora. En Los besos, de Manuel Vilas, dos seres humanos intentan regresar a la patria biológica del erotismo, ese lugar donde hombres y mujeres encuentran el sentido más profundo de la vida.
En La ladrona de libros, de Markus Zusak, durante una noche de bombardeos sobre el pueblo alemán de Molching, la pequeña Liesel Meminger encontró entre los escombros el cuerpo sin vida de Rudy Steiner, el niño de pelo color limón que durante años había pedido un beso con la obstinación de quien sabe que algún día el universo le hará caso. Ella se inclinó sobre su rostro, lo besó en los labios con delicadeza y Rudy supo a dulce y a polvo, a reproche entre las sombras de los árboles y al resplandor de los trajes de un anarquista imaginario. Es quizá el beso más triste de la literatura contemporánea, un ósculo que duele porque llega tarde.
Libros para celebrar el Día del Beso
Teresa Medeiros ofrece en Un beso inolvidable, la historia de una dama de la Inglaterra rural que se enfrenta a la inminente pérdida de la casa familiar. Cuando encuentra a un desconocido amnésico tendido en el camino, lo besa con la convicción de quien está a punto de cambiar el rumbo de varias vidas, y cuando el hombre abre los ojos, ella le susurra que es su prometido. La autora construye toda la trama de esta novela romántica histórica alrededor de un beso fundacional, el que activa el engaño, el que despierta la memoria fragmentada del protagonista y el que, con el paso de las páginas, terminará siendo verdadero.
Besos, de Diana Nicolle, es una colección de microficciones que se asoma a la caricia íntima que los humanos resguardan con más celo, esa que ocurre en el umbral de la alcoba, en la despedida de un andén o en el silencio de una madrugada donde ya no hay testigos. La autora trabaja con la precisión de un orfebre verbal y consigue que en dos páginas quepan historias de amor, de desamor y de espera. Besos es un libro para leer despacio, uno por uno, y para reconocerse en cada uno de ellos.
Ian tiene dieciocho años y un diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista, pero esa no es su principal dificultad. Se ha enamorado de TNA, una alumna de intercambio italiana que parece habitar una galaxia distante a la suya. En las páginas de El coleccionista de besos, Pedro Ramos construye una novela actual, rápida y llena de intriga donde el protagonista lucha primero contra sus propios límites y después contra el mundo exterior, para demostrar que todos tenemos alguna carencia de serie, aunque no todas sean diagnosticables.