Los libros, la poesía, el fracaso: Daniel Espartaco Sánchez y el oficio de escribir
El escritor mexicano habla sobre su nueva novela, "La vida de los poetas", las ilusiones de la juventud, el humor y los libros que han marcado su formación literaria.
¿Qué ocurre cuando los sueños de convertirse en poeta se enfrentan con la realidad? En La vida de los poetas (Salto de Página), Daniel Espartaco Sánchez construye una historia sobre las aspiraciones literarias, la inocencia juvenil y la desilusión, sin perder de vista el humor y la posibilidad de reírse de uno mismo.
En entrevista con Librotea, el escritor mexicano reflexiona sobre la poesía, el mundo anterior a internet, la inteligencia artificial y el desafío de encontrar buenos libros en un mercado editorial saturado. También comparte algunas de sus lecturas imprescindibles.
Video: entrevista con Daniel Espartaco Sánchez
La poesía, los sueños juveniles y el paso del tiempo
Daniel Espartaco Sánchez ha recibido los premios Nacional de Literatura Gilberto Owen, el Agustín Yáñez, el María Luisa Puga y el Bellas Artes de Narrativa Colima. Ahora, presenta La vida de los poetas, libro sobre el que conversó con Librotea.
¿De qué trata La vida de los poetas?
Es una historia simple: la de un muchacho que quiere escribir poesía. La escribí pensando que no era el único que había querido hacerlo y que se había sentido desilusionado, de alguna forma, con la literatura. Pensé que era la historia de muchos, que podría haberse llamado Historia de un poeta de provincias, por ponerle otro nombre, y que mucha gente se identificaría con ella y se encontraría en sus páginas.
También quería hablar de esos inicios en la poesía, que suelen ser intensos, y de una interpretación equivocada de la poesía como algo fácil, como un juego de palabras. Es una poesía que personalmente no me gusta. Había también cierta crítica a algunos poetas, no a la poesía, porque soy lector de poesía. En particular, me interesaba el tipo de poeta que yo mismo fui de joven: alguien superficial, que sabía poco y no tenía quién lo orientara. El libro es también una especie de autoparodia en primera persona.
La novela evoca el mundo anterior a internet y cuestiona la idea de que cualquiera puede salir adelante si se esfuerza lo suficiente.
¿Por qué te interesaba volver a esa época?
Estoy obsesionado con el mundo anterior a internet. Su llegada fue un gran cambio y, aunque no miro hacia atrás con nostalgia, las cosas eran muy distintas y a veces extraño ese mundo. Los años noventa fueron una época de muchos cambios y de pronto nos vimos inmersos en una ideología neoliberal y capitalista del emprendimiento: eres pobre porque quieres, trabaja, lucha, nunca dejes de luchar y vas a salir adelante.
Pero las opciones que tenía cuando era joven eran mínimas, sobre todo porque yo había abandonado la escuela. Eran trabajos mal pagados, y me parece que eso no ha cambiado demasiado. Si escribiera La vida de los poetas en esta década, el protagonista trabajaría en Rappi, en Uber Eats o en McDonald's. Al final, te siguen vendiendo la misma idea de que eres pobre porque quieres, aunque sabemos lo difícil que es pasar de la nada a convertirte en millonario.
¿Cómo ves hoy a los jóvenes y su relación con la poesía?
Uno pierde contacto con la gente más joven, sobre todo si no has tenido hijos, como yo. Veo las cosas muy distintas. El otro día vi a un muchacho leyendo un libro y me pareció un unicornio. Me dieron ganas de decirle, como en la novela: "Oye, no leas tanto, te vas a volver loco". Es cada vez más raro ver a alguien con un libro.
Creo que la poesía es algo inherente a todos nosotros, una necesidad creativa, y hay otras formas en las que la creatividad está emergiendo. A veces veo videos de quince segundos y me quedo pensando: “¡Qué gente tan creativa!”. Son cosas muy buenas y muy chistosas. Pero creo que la poesía es otra percepción. Afortunadamente, todavía tenemos grandes poetas vivos y algo pasará.
El humor tiene un papel importante en la novela. ¿Cómo lo trabajaste?
Me sentí muy a gusto con el narrador porque habla desde una vida adulta: tiene léxico, experiencia y ha leído muchas cosas. Puede hablar de sí mismo como adolescente con cierto distanciamiento y, al mismo tiempo, meterse en ese adolescente y exagerar. Eso me permitió incorporar referencias culturales que funcionaban de manera natural.
Creo que eso hace que el libro pueda parecer simpático o fácil de leer. El narrador sabe de lo que está hablando, se mueve con soltura y va del presente al pasado y al futuro. Normalmente me freno para no incluir demasiadas referencias culturales, pero esta vez no lo hice. Disfruté mucho escribir el primer borrador, aunque la corrección fue una tortura. Me interesaba que el libro pudiera leerse de principio a fin en una sentada o, como mucho, en dos o tres.
El protagonista conserva mucha inocencia y sueña con convertirse en un gran poeta. ¿Qué te interesaba de esa mirada juvenil?
Quería hacer una parodia de alguien muy inocente, que escribe unos versos y piensa: “Soy un gran poeta, soy el próximo premio Nobel, soy la nueva voz de la poesía mexicana que está esperando ser descubierta”. En algún momento escribí algo así como: ¿de qué sirve tener 17 años y escribir poesía si no es para eso? Para soñar, para tener ese tipo de fantasías que, como adultos, ya no nos permitimos.
Después de todo lo que he vivido, ya no puedo pensar que una especie de deus ex machina me llevará al Olimpo. Pero a los 17 años sí lo piensas. Recuerdo que, cuando tenía veinte y murió Octavio Paz, pensé: “¿Cómo se puede haber muerto Octavio Paz? Yo quería platicar con él alguna vez”. Lo sentí como un luto personal, casi como la pérdida de un abuelo. Ahora lo pienso y me parece ingenuo: yo quería ser poeta, pero Octavio Paz no me habría hecho el menor caso.
Para recuperar esa inocencia hay que recordar un poco lo tontos que éramos.
La inteligencia artificial y el oficio de escribir
Daniel, terminaste la novela cuando empezaba a extenderse la conversación sobre la inteligencia artificial. ¿Te preocupa su impacto en la literatura?
Escribí La vida de los poetas hace algunos años y la terminé en 2023. Creo que ChatGPT salió en 2022, así que no me tocó escribirla en medio de estas visiones apocalípticas sobre la literatura. No estoy de acuerdo con ellas: creo que la inteligencia artificial es excelente para escribir ese tipo de literatura que producen las editoriales comerciales. Para ellas es una buena noticia, porque podrán producir cada vez más libros y habrá gente que los lea.
Pero creo que vamos a seguir haciendo lo que hemos hecho durante miles de años, desde el Poema de Gilgamesh hasta ahora. Esa literatura tendrá un público más selecto. La cultura de masas y ciertas formas de cultura llevan tiempo separadas, así que la inteligencia artificial no me preocupa lo más mínimo en ese sentido.
Como maestro, ¿cómo distingues un buen libro en un mercado con tantos títulos?
Creo que la respuesta es que ya no lo sé. Hay nichos, si queremos utilizar el lenguaje del marketing, y cada quien se guía por sus gustos. Cuando trabajo con autores, hago mucho hincapié en el estilo y en la variedad de las frases. No podemos usar siempre oraciones simples: también necesitamos oraciones complejas y subordinadas. Creo que ahí es donde, por el momento, se nota lo artístico.
El problema de la abundancia de libros ya no es tanto un problema como una realidad. Distinguir un buen libro de uno que no lo es será cada vez más una tarea especializada, que requerirá años de lectura. Después de décadas como lector, puedo distinguir lo que considero bueno de lo que considero malo, aunque eso no significa que necesariamente me guste. Puede haber algo buenísimo que no me guste.
Un joven de 16 años que empieza a leer lo tiene difícil: debe abrirse paso en una jungla. Ahí entra la tradición. Yo tuve la suerte de que, cuando tenía 15 años, algunos amigos mayores me recomendaran leer a Henry Miller, Virginia Woolf, James Joyce y Henry James. Eran muy anglófilos, pero me dieron un camino por el que empezar. La cultura se acumula de generación en generación; es difícil empezar desde cero.
¿Cómo trabajas actualmente y cómo surge una novela para ti?
De vez en cuando escribo algún poema, aunque son poemas muy en prosa. Nunca pienso dedicarme a la poesía; mis respetos para los poetas. Algunos de mis mejores amigos son poetas y no voy a meterme en su oficio.
En realidad, los libros se escriben solos o, al menos, así funciona para mí. El libro te escribe a ti, como dicen que los gatos te escogen y no tú a ellos. Vas escribiendo cosas, se acumulan y, en algún momento, te das cuenta de que hay algo ahí: dos o tres elementos que se repiten, algo que quiere decir algo que todavía no sabes qué es. Todo se va amalgamando y después descubres que necesita una trama.
A mí no me funciona tener la trama y luego escribir. Nunca me ha funcionado. Más bien escribo lo que me interesa, escribo poco y dejo que se acumule con el tiempo.
¿Qué lee Daniel Espartaco Sánchez? Libros que lo han marcado
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Otro libro que recomiendo, increíblemente divertido, es La maleta, de Serguéi Dovlátov. Es una serie de cuentos encadenados alrededor de una maleta, lo único que Dovlátov se lleva de la Unión Soviética cuando lo expulsan por parasitismo, por disidente, por poeta y por todas esas cosas malas que hay en el mundo. A partir de los objetos que encuentra, va contando historias, y cada una es maravillosamente divertida.
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También recomiendo El caballo amarillo, de Borís Sávinkov. Es una novela basada en hechos reales, sobre un revolucionario que participó en el asesinato de un gran duque de Rusia, hermano del zar. La historia aborda el dilema de unos personajes que deben cometer un asesinato en nombre de la justicia o de una idea de justicia, y que se cuestionan todo el tiempo lo que hacen. Es una novela brutalmente honesta, algo que me gusta mucho. Albert Camus se basó en ella para escribir la obra de teatro Los justos, así que recomiendo leer ambas.
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Por último, recomendaría los cuentos de Saul Bellow y, en particular, uno que leí de manera independiente, casi como si fuera un libro: Un recuerdo que dejo. Es una historia de crecimiento ambientada en Chicago durante la recesión. Un niño cuya madre está a punto de morir vive un montón de aventuras en la ciudad a lo largo de un día, con un final maravilloso.