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Libros que hablan de la vida y la muerte: entrevista a Pablo Martín Sánchez

El autor de "Fricciones" abre el diálogo sobre el arte del cuento y la microficción. También conversa sobre reescritura y cómo la literatura aborda los anhelos humanos y la muerte.

Libros que hablan de la vida y la muerte: entrevista a Pablo Martín Sánchez. Foto: Verónica Maza
Libros que hablan de la vida y la muerte: entrevista a Pablo Martín Sánchez. Foto: Verónica Maza
Verónica Maza Bustamante Américas /

Los libros son, para Pablo Martín Sánchez, un tablero de juego donde escritor y lector se encuentran. En esta entrevista, el autor nos habla de Fricciones, su libro de cuentos que es un homenaje a Borges y transita de la micro a la macroficción para explorar la vida, la muerte y los anhelos humanos.

Video: entrevista y recomendaciones de Pablo Martín Sánchez

Pablo Martín Sánchez recomienda libros españoles y franceses
Pablo Martín Sánchez

"El género fantástico para mí fue una iluminación cuando leía a Borges, cuando leía a Cortázar"

Escritor, traductor y miembro del célebre taller literario Oulipo, Pablo Martín Sánchez es una de las voces más versátiles del panorama narrativo actual. Su trayectoria académica, que lo ha llevado a doctorarse en Francia y España, se entrelaza con una obra que va con naturalidad de la novela al cuento, del juego literario a la indagación más íntima. Autor de títulos como El anarquista que se llamaba como yo o Diario de un viejo cabezota, presentó en México Fricciones, un libro que rinde homenaje a Borges mientras explora los límites del relato breve.

En tus propias palabras, ¿de qué trata Fricciones?

Es un libro muy variado, es un libro de cuentos. Hay cuarenta y están ordenados de lo más pequeño a lo más largo, de las microfricciones a las macrofricciones, y son relatos del género fantástico, la autoficción, el juego, lo lúdico, el humor. Son muy variados, por eso lo de "fricciones" también, que es un homenaje a Borges, claramente. A las Ficciones. En realidad, lo que viene a proponer es que escribir es friccionar con otros textos, con otras lecturas, con otras obras de arte. Y en estos cuarenta relatos, cada uno de ellos fricciona con otro, a veces de manera evidente y a veces de manera más camuflada u oculta, pero siempre con esa idea de que escribir es reescribir, plagiar en el mejor de los sentidos, cotejarse con otros textos anteriores y posteriores, plagios por anticipación, que llamamos.

Sí, de las microficciones a las macroficciones, las grandes, las pequeñas, las medianas. La verdad que la temática es, como el estilo del libro, muy variada también, pero es verdad que al final los lectores, más que yo mismo, acaban encontrando una temática prioritaria sobre las demás. Curiosamente, aunque hay mucho humor e ironía e incluso sarcasmo, el libro habla mucho de la muerte, sin haberlo yo buscado, de una manera no premeditada. Pero habla también de los anhelos humanos, que es de lo que habla toda la literatura.

Y la verdad es que yo le propongo al lector un viaje. En alguna ocasión lo he dicho como la reconstrucción de un puzzle, porque al final un puzzle está hecho de pequeñas piezas y este libro está hecho de pequeñas piezas que acaban conformando una imagen global de la literatura, de la vida, de la muerte. Si te interesan los libros, suscríbete a nuestra newsletter en librotea.com.

¿Cómo se complementan e interrogan la fantasía y la vida cotidiana?

El género fantástico para mí fue una iluminación cuando leía a Borges, cuando leía a Cortázar, Historias de cronopios y de famas, las propias Ficciones que este libro homenajea. La verdad que el género fantástico no se ha cultivado tanto en España tradicionalmente, aunque se está reivindicando con razón. Y bueno, es verdad que la mezcla de lo fantástico con lo maravilloso —que no hay que confundir—, el realismo con lo insólito, la ciencia ficción, incluso hay algún relato de ciencia ficción con lo naturalista, me parece que acaba dando también una textura al libro que sorprende al lector en cada relato.

"Minoxidil", por ejemplo, es un cuento que luego he publicado también dentro de una novela mía, que es el Diario de un viejo cabezota. Habla de una relación de pareja que se rompe por culpa de la calvicie de él y de ella. Creo que es bastante representativo de lo que puede encontrar el lector en el libro, porque es un relato de corte fantástico, humorístico y que luego habla de cosas que nos afectan muy profundamente.

¿Qué diferencias hay entre la edición original y esta versión actual?

Pues la edición original salió hace ya casi 15 años en una editorial que se llama Eda Libros, de Málaga, del sur de España, y tenía veintisiete relatos divididos en tres partes. Y bueno, pues hace más de un año mi editora actual, Sandra Ollo, de Acantilado —que es la editorial que ha publicado todas mis novelas junto a Jaume Vallcorba, que ya falleció— me dijo que si quería reeditar el libro de cuentos en Acantilado para que toda mi narrativa estuviese en Acantilado. Entonces yo le dije que sí, pero que quería darle una vuelta al libro porque creía que todavía podía tener lectores, pero que también pensaba que esos 15 años que habían pasado pedían una revisita al texto.

Entonces reordené los cuentos, añadí una docena, incluí inéditos, recopilé otros textos que había publicado en revistas o en antologías, pero todos con esa misma idea de que escribir es friccionar y es reescribir en el fondo. Una idea bastante posmoderna, una idea muy borgiana en el fondo, de que todo está ya dicho, pero la humanidad tiene tan mala memoria que no importa volverlo a decir y decirlo de otra manera.

"Hoy en día al lector le gusta, quizá influenciado por las series, tener la sensación de que hay una continuidad en todo lo que lee"

Pablo reflexiona sobre los libros de cuentos: "A veces nos preguntamos por qué en torno a los libros de cuentos, por lo menos en España —creo que en Latinoamérica podría ser distinto, sobre todo por la tradición argentina y mexicana—, cuesta tanto que los lectores se fidelicen y se aficionen".

¿Qué diferencias habría con la novela, que tanto se lee en España?

Yo tengo la impresión de que es porque en la novela tienes que hacer un solo esfuerzo para familiarizarte con los personajes, con la historia, con el tono, con el estilo, y luego ya, si la novela tiene mil páginas, pues tú te dejas llevar. En cambio, en un libro de cuentos, cada nuevo relato necesita de parte del lector un esfuerzo por decir: "Ah, vale, esto vale, la temática es esta, los personajes son estos, el estilo es este, el tono es este". Y claro, el microrrelato es como cada dos por tres ir cambiándole el horizonte de expectativas al lector, y eso requiere de un lector activo y cómplice, como decía Cortázar.

Entonces, bueno, creo que eso por un lado dificulta la lectura, pero por otro lado a mí me encanta, y más en una época como la actual, tan fragmentaria, de tiempos tan cortos. Que uno prácticamente sube al metro o al autobús o tiene cinco minutos y se le debería hacer el género por excelencia de la posmodernidad.

Bueno, es verdad que con las nuevas tecnologías y con los posts y con las aplicaciones, las formas breves e hiperbreves parece que tuvieron como un revival. Hoy en día creo que al lector le gusta también, quizá influenciado por las series, tener la sensación de que hay una continuidad en todo lo que lee. Entonces, por eso, libros que no tienen unidad temática, por ejemplo, como es el caso de Fricciones, a veces pueden costar más, porque estamos acostumbrados a que nos vayan dando, como las series.

Alguien dijo que leer siempre es ese releer, y que cuando tú vas avanzando la lectura de un libro, cada pocas frases hay algo que te remite a algo anterior. Claro, cuando tú estás leyendo piezas sueltas y no encuentras ese punto de unión, puedes despistarte como lector. Pero por eso yo en este libro voy dejando pequeñas pistas que unen en el fondo, por eso utilizaba la imagen del puzzle. Un personaje que aparece en un cuento y aparece más tarde en otro, un autor citado que vuelve a aparecer más tarde. Y yo creo que eso son también como pequeñas concesiones al lector en el mejor de los sentidos, como caramelos que le voy dejando en el camino para que al final tenga también la sensación de unidad, que es una sensación que casi parece humana, intentar dar sentido siempre a algo, un sentido homogéneo, un sentido completo.

Como escritor, ¿cómo trabajas con el lector?

Para mí escribir es plantear una partida, no diría de ajedrez, pero sí de un juego con el lector. Una partida postergada siempre en el tiempo, la lectura se hace posterior a la escritura. Y yo pienso mucho en el lector, o por lo menos quiero ser consciente de que eso que yo escribo no lo escribo para mí, lo estoy escribiendo para alguien a quien no conozco, pero al que le estoy proponiendo un juego, un reto, un rato de compañía. Y en ese sentido, bueno, es lo que a mí me gusta también leer: que no me traten como a un niño o como a un tonto, sino que me traten como a alguien que está en esa misma posición de igualdad respecto al escritor, porque estamos jugando al mismo juego. Y eso es lo que yo pretendo.

¿Qué temas te tocan hoy en tu narrativa?

Pues me interesa mucho a nivel temático, por motivos personales, todo lo que tiene que ver con la paternidad, la maternidad y sobre todo la no paternidad y la no maternidad por circunstancias. Es un concepto que he estado trabajando bastante, leyendo sobre ello con libros espectaculares como el de Ana Starobiné, Tienes que mirar, sobre el duelo perinatal, la pérdida gestacional.

Son temas que creo que estamos empezando a tratar los hombres escritores, que hasta ahora no los habíamos tratado. Tampoco los habían tratado muy profundamente las mujeres porque son temas muy delicados y muy duros, pero me parece que estamos rompiendo algunas barreras. Los hombres también nos estamos atreviendo a hablar de cuestiones que nos afectan no físicamente, pero sí cuando tenemos una pareja que pasa por un proceso de interrupción de un embarazo o de pérdida gestacional. Entonces, bueno, creo que todas las distintas olas del feminismo han ido también calando entre los escritores hombres, y me parece importante que echemos un vistazo a algo que teníamos muy cerca pero que quizá habíamos obviado.

¿Qué lee Pablo Martín Sánchez?

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    Anagrama

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    De Sara Mesa podría recomendar muchos, pero voy a recomendar La familia, es una novela bastante reciente y yo creo que es mi favorita.

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    De Jesús Carrasco, voy a recomendar el último libro suyo, que es Elogio de las manos, una especie de ensayo novelado sobre el poder, al final, del trabajo manual.

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    Yo soy muy afrancesado. Por eso les recomiendo de Hervé Le Tellier, La anomalía, que traduje yo al castellano. Aquí estoy un poco barriendo para casa, pero es una novela de ciencia ficción maravillosa que ganó el premio Goncourt en el año 2020. Un best seller de calidad, es una novela maravillosa.

  • La vida instrucciones de uso

    La vida instrucciones de uso

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    El otro libro de un autor francés que voy a recomendar es mi libro de cabecera, La vida, instrucciones de uso, de Georges Perec, una novela del año 75 que propongo a los lectores y lectoras de Librotea que se sumerjan en ella porque es la novela total. Italo Calvino, por ejemplo, la calificó como el gran acontecimiento de la segunda mitad del siglo XX y a mí me cambió la vida.


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