María Dueñas recomienda libros que unen a España con Latinoamérica
La reconocida autora española habla sobre el proceso creativo de su novela "Por si un día volvemos", la construcción de su protagonista y su evolución como escritora.
Conversamos con María Dueñas, una de las escritoras en español más leídas, sobre su esperada novela Por si un día volvemos, centrada en la épica vida de Cecilia Belmonte, una mujer que se reinventa a lo largo de cuatro décadas en la Argelia francesa, un contexto histórico meticulosamente reconstruido que da forma a este relato de superación, amor y lucha. Además, recomienda libros que unen a España con Latinoamérica.
Videoentrevista con María Dueñas
El universo de Por si un día volvemos
María Dueñas, doctora en Filología Inglesa, dejó tras dos décadas la vida académica para debutar en la literatura en 2009 con El tiempo entre costuras, un fenómeno editorial y televisivo que abrió el camino a un éxito imparable. Sus siguientes novelas —Misión Olvido, La Templanza, Las hijas del Capitán y Sira— han consolidado su prestigio entre crítica y lectores, siendo traducidas a más de treinta y cinco idiomas y vendiendo millones de ejemplares en todo el mundo. Ahora comparte con Librotea detalles de su libro más reciente.
María, en tus propias palabras, ¿de qué trata Por si un día volvemos?
Esta es la historia de Cecilia Belmonte, una mujer a la que conocemos muy joven, con apenas 17 años, y a la que vamos a acompañar a lo largo de casi cuatro décadas, hasta 1962. Vamos a recorrer con ella un camino duro, desde que es una joven ignorante que viene de un medio casi miserable, desarraigada porque acaba de emigrar sola, sufriendo situaciones complicadas de abusos y adversidades de todo tipo. También, abriendo un camino en el que va a haber de todo, luces y sombras: amor, esfuerzo, trabajo, sacrificio, caídas, remontadas, amistad y proyectos que se van cumpliendo.
Todo esto con el trasfondo de la Argelia francesa. Nos vamos al norte de África, a la ciudad de Orán, en tiempos en los que pertenecía a Francia. Era más que una colonia, era la Francia de Ultramar, en la que había una capa de población árabe no muy bien tratada, por cierto, y una capa superior donde estaba la gran estructura francesa en todo tipo: administrativa, militar, legislativa, educativa, económica. Y en medio había un gran contingente de población española, emigrada casi siempre por cuestiones económicas, en busca de un futuro mejor, aunque también se cruza con el exilio político republicano después de la Guerra Civil.
La novela está atravesada por esa historia, muy humana, a la que atraviesa también la historia de Francia, de España, de Europa, del mundo de aquellos años, con el impacto de la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil Española, la posguerra, el exilio, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de la Independencia de Argelia, que fue tremendamente dura para Argelia y para Francia, y finalmente la independencia de Argelia en 1962, que es cuando despedimos a Cecilia, subida de nuevo en un barco que la lleva de vuelta a Europa.
¿Cómo fue construir una historia que acontece a mediados del siglo XX?
A mí me encanta sumergirme en el contexto histórico de las novelas, hago un intenso trabajo de documentación, de investigación. De los grandes acontecimientos históricos, pero también qué música sonaba, qué había en el cine, cómo vestía la gente, cómo soplaba el viento, para después construir atmósferas que resulten envolventes para los personajes y consecuentemente para los lectores.
Además, utilizo todo tipo de recursos, desde los más académicos y especializados hasta mapas, fotografías, prensa de la época, y aquí he tenido además la suerte de que como estamos relativamente cerca en el tiempo, a los primeros años de los sesenta, todavía hay mucha gente que vivió aquel mundo y que lo lo recuerda, lo tiene clavado, fosilizado.
Entonces ha habido muchas personas que generosamente me han tendido una mano y me han contado sus vidas, las de sus familias, sus emociones, sus sentimientos, su desarraigo, porque eso fue para casi todos. Con eso he conseguido construir un contexto, un trasfondo muy veraz y envolvente, para que tengamos la sensación de que nosotros también vamos viviendo lo mismo que vive Cecilia.
La protagonista se reinventa hasta su madurez. ¿Qué tal fue el ejercicio?
Bueno, para mí crear el personaje de Cecilia ha sido un ejercicio de construcción de una persona, de una individualidad en el más amplio sentido, aunque construir un personaje siempre es un reto. En mis novelas anteriores los personajes tenían una cierta evolución, pero los espacios de tiempo por los que transitaban eran más cortos, con lo cual necesariamente esa evolución era más limitada, más sencilla.
Aquí estamos hablando de casi 40 años de vida y de una mujer que es al principio absolutamente asilvestrada, brutalmente pobre, ignorante, miserable, abusada, descalza, sin ropa, y luego leemos todo el proceso de conversión a lo largo de etapas en las que, gracias sobre todo a sí misma, a su fortaleza, a su coraje, se convierte en una mujer madura, una empresaria solvente que vuelve a enfrentarse otra vez a un abismo cuando cuando termina la novela.
Para mí ha sido apasionante. Dificultoso a veces porque, claro, hay que darle muchos matices a todo ese desarrollo, pero gratificante. He vivido la la historia de Cecilia dentro de su piel y eso siempre es muy interesante.
El oficio de escribir
En esta segunda parte de nuestra conversación, Dueñas reflexiona sobre los temas que atraviesan su obra y nos abre la puerta a sus vivencias como escritora, revelando el método, la disciplina y la pasión que hay detrás de cada una de sus novelas.
¿Crees que las segundas oportunidades aparecen, se buscan, se roban?
Yo escribo mucho sobre segundas oportunidades. A veces las encontramos, a veces las buscamos, a veces nos vienen sobre la marcha sin pretenderlo. Y a veces hay gente que está toda vida detrás de ellas y no las consigue.
La fauna humana es enorme y cada uno vive esas segundas oportunidades de una manera distinta. Con Cecilia lo que he pretendido es que sean más que segundas, hay terceras y hasta quintas o séptimas oportunidades, porque su vida no lleva un recorrido lineal, vive en un contexto que le es muy ajeno, porque no sabe qué va a suceder y se va cruzando con personas, coyunturas, circunstancias, unas son más personales, otras son más históricas, otras son del momento, otras vienen sobrevenidas, a veces ella las busca, a veces le salen al paso. Las oportunidades que hay en la vida de Cecilia son incontables.
¿Cómo ha evolucionado tu relación con el oficio de escritora?
Yo diría que ha evolucionado muy poco. Quiero decir, ha ido pasando el tiempo y todos vamos acompasados con él, pero mi posición respecto a la escritura yo creo que sigue siendo casi la misma de cuando El tiempo entre costuras, hace 17 o 18 años. En ese entonces todavía tenía mi vida en el mundo de la universidad, yo era profesora y tuve que combinar la escritura y no sabía qué iba a pasar con aquella novela, no tenía ninguna garantía de que fuese primero a ser publicada y después que lograse la gran acogida que tuvo. Entonces, ahí fue un poco distinto.
Pero a partir de la segunda novela, Misión Olvido, dejé la universidad y me dediqué full time a la escritura, aunque el proceso es básicamente el mismo: me encierro con la novela durante el tiempo que necesito, que suele tener primero una fase de documentación, de estructura, de ir ideando, ir creando el camino que después recorre la novela hasta que llega un día en el que me obligo a escribir el capítulo uno, porque si no seguiría con ese primer proceso, que es el mejor, durante meses y meses.
Vienen unos 14 meses más o menos de escritura y después la última fase, la más ingrata para mí, que es la de correcciones y revisiones. Una vez que el libro se publica, suelo dedicar unos meses amplios a acompañarlo, vengo a México, voy a otros países de América Latina, estoy por España. En ese tiempo me dedico solo a presentarla frente a los lectores, y así voy, en ciclos más o menos de tres años.
¿Qué herramientas te quedan de tu vida como académica?
De mi vida académica conservo muchísimas herramientas que me han sido muy útiles y sigo aplicando sistemáticamente. Para empezar, la disciplina, el trabajo. Para mí no hay día largo, al revés, me faltan horas, porque puedo estar siete, diez horas escribiendo, trabajando por meses y lo hago con sumo gusto, no se me hace cansado, agotador ni mucho menos.
También conservo la estructura mental, que a mí me sirve para estructurar mis novelas. Siempre planifico antes de empezar a escribir. Después me doy un margen muy amplio para que entren cosas nuevas, salgan otras. No soy inflexible, pero sí que prefiero tener una estructura ya pautada antes de empezar a escribir. Sé cómo voy a arrancar, por qué procesos voy a seguir, qué conflictos voy a encontrar en el medio, cómo va a terminar, quién va a ser mi personaje principal y todos sus setups. Conozco a la mayoría de los personajes que la van a ir arropando a lo largo del camino, luego aparecerán otros nuevos, surgirán conflictos imprevistos, pero esa estructura, esa planificación previa la traigo también de mi mundo anterior.
¿Has pensado ambientar alguna novela en México?
Mi tercera novela, La Templanza, arranca en México, aunque lo que sucede ahí es muy poquito. Empieza aquí porque el protagonista es uno de esos personajes que en España llamábamos indios, que eran normalmente hombres jóvenes de origen humilde que venían a las Américas, a México, se dedicaban a alguna actividad. En el caso del mío, como en muchos otros personajes reales, se dedicó a la minería. Normalmente les iba bien, se enriquecían y luego llegaba un momento en su vida en el que algunos volvían a España y otros no. Cuando volvían se les llamaba "indios", por aquello de que habían estado en las Indias lejanas.
Si volvían ricos, hacían cosas por sus pueblos y por sus comunidades. Así era Mauro Larrea, solo que mi minero se enriqueció y luego se empobreció de nuevo, entonces ese derrumbe económico lo llevó primero a La Habana y después a Jerez, en la frontera sur de España. Entonces, aunque solo es un poquito, sí he pisado México en alguna novela y ojalá pueda hacerlo en el futuro también.
María Dueñas recomienda libros que unen a España con Latinoamérica
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Yo leo a la vez varias cosas casi siempre. Hay un libro que he leído en el avión, que no es ficción, son las memorias de un editor español que se llama Enrique Murillo, que hace un recorrido por las últimas décadas del siglo XX y primeras del XXI en el mundo de la edición, en la industria del libro, centrado en España pero también con mucho que ver con América Latina, con ese cruce de escritores que hemos tenido. Es muy interesante.
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En ficción, vengo en distintos soportes. En audio, para momentos de andar, de ir de un sitio a otro, vengo oyendo el último libro de Leonardo Padura, Morir en la arena, que es fascinante.
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Acabo de pasar por la Feria del Libro de Miami, donde me han regalado un libro y he tenido la ocasión de conocer a su autor, puertorriqueño joven, Cezanne Cardona. Su libro está publicado en Seix Barral y se titula Esto también es una casa. Es un libro delicioso, una mirada de un niño sobre el vínculo con su madre desde una perspectiva muy novedosa, original, a ratos desgarradora, a ratos divertida, muy entrañable. Me ha gustado muchísimo, es cortito y se lee súper bien.
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Estando en México, quizá convendría recomendar uno de los libros que han sido como de los grandes e inesperados éxitos de los últimos años en España, que es La península de las casas vacías, de David Uclés, que también, hablando de escritores jóvenes, da una nueva perspectiva sobre la guerra civil española y ha funcionado muy bien en España. Creo que para lectores mexicanos o latinoamericanos jóvenes puede estar muy bien porque lo van a asimilar perfectamente.
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Siempre hay que volver a los clásicos. Volvamos al Quijote, por ejemplo, que ha sido detonante en toda la narrativa posterior en español a lo largo de la historia.