María Paz Rodríguez y los libros que desafían el mandato de la maternidad
La autora chilena escribe en "Mala madre" sobre los traumas generacionales, el deseo y los mandatos impuestos sobre los cuerpos femeninos. Además, recomienda libros de autoras latinoamericanas.
Hay heridas familiares que tardan generaciones en cicatrizar y mandatos sociales cuya fuerza solo puede ser desactivada mediante la literatura. Para la escritora y gestora cultural chilena María Paz Rodríguez, reencontrarse con Mala madre (Seix Barral), su célebre novela relanzada en México, ha sido un proceso de reconciliación con la memoria de su propia abuela.
En esta conversación para Librotea Américas, la autora profundiza en cómo la ficción permite comprender los abismos del abandono, el peso del pacto patriarcal y el deseo de libertad, al tiempo que reflexiona sobre su particular método de escritura y recomienda una brillante constelación de voces narrativas latinoamericanas.
Video: entrevista con María Paz Rodríguez
De Mala madre a los libros que exploran el deseo y la resistencia
María Paz Rodríguez se ha consolidado como voz aguda y sugerente en la narrativa chilena contemporánea. A través de una obra que abarca la novela y el cuento —con títulos como El gran hotel, Niñas ricas, Arca y la aclamada Mala madre—, su escritura explora los pliegues de la memoria familiar, el deseo femenino y las tensiones entre la vocación artística y los mandatos sociales.
Con un estilo plástico, intimista y reflexivo, Rodríguez construye universos donde las heridas generacionales se transforman en territorio de indagación literaria y búsqueda de identidad.
¿De qué va la trama de tu novela Mala madre?
La novela sigue la historia de una mujer de 76 años que vive en Estados Unidos tras haber huido de Chile. Es una artista visual muy respetada que realiza instalaciones y que, de pronto, recibe un correo de su nieta proponiéndole ir a buscarla porque quiere escribir una novela sobre ella. El libro recorre tres generaciones —la abuela, la madre y la nieta— que están profundamente intercomunicadas. Lo que ocurre con la abuela se proyecta en la hija y luego en la nieta, atravesando generaciones a través de ese daño.
Básicamente, quienes la lean van a encontrar las vidas de distintas mujeres atravesadas por el mandato social; mujeres que no calzan en la definición convencional de lo que "debe ser" una mujer, artistas que no logran encontrar su lugar y una problematización directa sobre la maternidad como un rol impuesto.
¿Cómo nace la novela y de qué manera aborda el tema de la maternidad?
Nace de mi propia historia familiar, en particular de la historia de mi abuela. Yo tenía la historia base y sabía más o menos el final, pero el proceso de escritura fue ficcionándolo casi todo. Quería entender cuál es el nivel de trauma que lleva a una mujer a abandonar a sus tres hijos. Para mí el ejercicio central era conectar y tratar de entender por qué mi abuela se fue. A pesar del desastre que dejó, la perdono y la entiendo profundamente dentro del contexto tradicional, católico y conservador que le tocó vivir en Latinoamérica, donde la mujer parecía no tener más salidas que cumplir el mandato o ser condenada.
No quería hacer autoficción pura porque me interesa más lo que ocurre entremedio: esa ficción que surge de la reflexividad, de los espacios oníricos y de la propia creación artística.
El mandato patriarcal, el dolor y el impulso del deseo
¿Cómo enfrentaste ese pasado personal para convertirlo en literatura?
Los cuerpos femeninos históricamente no nos han pertenecido a nosotras mismas: han sido del Estado, de los padres, de los maridos. La protagonista del libro es una niña que sobreadapta su vida para ser vista y acepta casarse y tener hijos para cumplir con el pacto patriarcal, sacrificando su vocación artística. Mala madre busca visibilizar a esa mujer que no encaja en ninguna parte.
Hoy en día, una mujer en esa posición podría decidir su maternidad de forma consciente y seguir siendo artista, que es lo que me ocurre a mí con mi hija. Pero en la época en que se ambienta el libro —los años sesenta en Chile— la maternidad no era elegida.
Hay momentos muy duros en la novela, ¿cómo se aborda la búsqueda de libertad y qué ocurre cuando nos teñimos de deseo?
El momento de escritura sobre la caída libre de la protagonista fue el más doloroso para mí: el alcohol, la bohemia, la poesía, el ausentarse de la vida de sus hijos hasta esa escena donde maneja fuera de sí al borde de la muerte. Sin embargo, el deseo es lo más peligroso y, a la vez, lo que mueve el mundo.
Ese deseo no tiene que ver con la figura del amante por amor, sino con un tema de identidad: el deseo de ser tú misma cuando se corre el velo y te descubres atrapada en la jaula de lo doméstico y de una vida que no te pertenece. Para no hacerse cargo de las trágicas consecuencias de sus decisiones, la mente del personaje construye una armadura impulsada por ese deseo.
El proceso creativo y las múltiples vidas del libro
¿Cómo es tu proceso literario?
Crecí rodeada de artistas visuales, gente con cabezas delirantes que saben instalar muros o cortar madera; la escritura para mí es una prolongación de esa percepción visual. Mi proceso cambia mucho de un libro a otro: me doy todos los permisos para que cada obra encuentre su propia estructura, su voz y su tiempo. Si un libro de 200 páginas está muerto, lo desecho sin drama.
Suelo tener claro el tono, el final y ciertos puntos intermedios, pero durante la escritura me atraviesan flujos narrativos y reflexivos desbordantes. Escribir es un diálogo constante con el texto; es encarnar a los personajes y dejar que te manipulen. Además, entiendo la escritura desde la dualidad: las mujeres somos madres, pero también somos intelectuales, creativas y deseantes.
¿Cuál ha sido el recorrido de Mala madre a lo largo del tiempo?
El libro ha tenido varias vidas tras su publicación inicial hace 11 años. Se ha reimpreso múltiples veces y se convirtió en un long seller impulsado por la recomendación boca a boca entre mujeres. Lo que más valoro es que se lo han ido pasando de mano en mano y que muchas lectoras me escriben para compartir sus propias historias familiares. El libro ya no me pertenece: es de quien lo toma.
¿Qué lee María Paz Rodríguez?
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Pánico y ternura, de Paz López, porque es un libro breve, ensayo e híbrido, que habla de la ternura como una forma de resistencia ante el mundo actual. Es una obra muy íntima y bella que me atravesó por completo.
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Estos ensayos sobre Rosario Castellanos conforman un texto de un nivel de lucidez extraordinario donde Elena Poniatowska desmenuza la poesía y la voz de la escritora mexicana. Me dejó tan fascinada que fui de inmediato a conseguir la obra de Castellanos.
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Chamanes eléctricos en la fiesta del sol, de Mónica Ojeda. Es una novela electrocutante. Hay que entrar en la fiesta chamánica y selvática de sus personajes para disfrutar de un ejercicio de exploración imaginativa sobre lo sagrado y lo autóctono en Latinoamérica.
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Distancia de rescate, de Samanta Schweblin, es una novela brutal por el nivel de maestría con el que articula la tensión narrativa. Me parece un librazo absoluto.
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Fruto, de Daniela Rea. Una obra brillante de no ficción que explora de forma profunda las dinámicas del cuidado y las maternidades en nuestra región.