Marta Jiménez Serrano: enseñanzas literarias al borde de la muerte
La escritora española comparte detalles de su novela Oxígeno, la asfixia cotidiana de las relaciones y los libros indispensables para aprender a respirar en medio de la adversidad.
Marta Jiménez Serrano regresa tras el éxito de La edad ligera, Los nombres propios y No todo el mundo, con una novela basada en hechos reales: Oxígeno (Alfaguara). Una severa intoxicación por monóxido de carbono que la puso al borde de la muerte es el punto de partida del libro, que indaga en la relación con el miedo, los afectos y la frágil seguridad del hogar.
Aquí nos habla al respecto y nos recomienda libros que han marcado su trayectoria y su formación como lectora.
Video: entrevista con Marta Jiménez Serrano
La asfixia en el hogar, el realismo de pareja y el encierro
Transformar un trauma real en materia literaria conllevó para Marta Jiménez Serrano un reto de ordenación y distanciamiento. "Creo que es en el libro donde más se fusionan la Marta escritora y la Marta persona", confiesa en entrevista con Librotea, al explicar cómo el proceso de redacción y la posterior conversación con los lectores le permitieron convertir una vivencia íntima en una historia colectiva. En Oxígeno, el accidente sirve para desarmar el mito del romance idealizado y retratar a una pareja con un realismo donde afloran desacuerdos y reacciones opuestas frente a la crisis.
Marta, ¿cómo defines con tus palabras la trama de Oxígeno?
Es mi libro más reciente y parte de una experiencia personal: sufrí una intoxicación por monóxido de carbono y estuve a punto de morir. Esa experiencia cercana a la muerte la cuento en el libro y me sirve de excusa para hablar de tantas otras cosas: de nuestra relación con la vida, con la muerte, con los miedos, con los afectos, con el hogar. Ese es el punto de partida, pero de ahí se van deslizando tantas otras cosas.
¿Cómo fue escribir sobre un hecho que te puso al borde de la muerte?
Creo que soy escritora porque me relaciono así con las cosas. Recuerdo estar en la ambulancia y pensar: "Bueno, ya sé qué voy a escribir en mi siguiente libro". De algún modo, aunque escribir es mi profesión y luego publico las cosas, en un primer momento es mi modo de colocar las cosas, de relacionarme con el mundo. Decía Pessoa que escribir era su modo de estar solo, y me siento muy identificada con esta frase.
Desde un primer momento vislumbré esto como una posible historia y, al mismo tiempo, me costó mucho escribirlo porque era difícil rememorar lo ocurrido y ordenarlo. Era algo que tenía muy poca lógica y muy poco sentido.
¿Cómo es para ti vivir la vida siendo escritora?
Me hace tener muchísima observación todo el rato con lo que hay alrededor. Es una herramienta muy buena en situaciones aburridas: a veces estoy en una situación aburrida y pienso: "Bueno, me voy a fijar, esto sería un buen rasgo de personaje o esto que está pasando ahí me sirve para esto otro". Al mismo tiempo, creo que es cansado aunque no me dé cuenta. He aprendido a descansar de estar todo el rato observando y maquinando.
Recuerdo que una vez hice un viaje de avión muy largo; mi acompañante se leyó un libro larguísimo durante todo el viaje y yo no hice nada. Cuando llegué pensaba: "Él se ha leído todo ese libro y yo no he hecho nada", y luego me di cuenta de que me había pasado todo el vuelo observando a los pasajeros, pensando si dos eran pareja, si la azafata estaría teniendo un buen día y recabando datos de la psicología humana. He tenido que aprender que eso también es cansado, igual que leer un libro, y aprender a descansar de estar todo el rato en modo observación de la psicología y la sensibilidad de lo que me rodea.
¿Cómo se plasma la realidad en la ficción?
En esto fue inevitable. Si en un avión voy mirando a la gente, en un acontecimiento tan fuerte fue inevitable pensar en la historia y en escribir. Seguramente me ayudó. Por supuesto fui a terapia y no fue solo el libro, pero nombrar los dolores ayuda a colocarlos. La escritura del libro me ayudó y fíjate que me ha ayudado también la publicación, algo que nunca pensé que fuera a ocurrir: acompañar a los lectores, charlar con ellos y convertirlo en una historia que ya no es mía, sino de los demás, también ha sido en cierto modo terapéutico.
El realismo en la pareja y la construcción de personajes
¿Qué preguntas sobre la pareja respondes en Oxígeno, Marta?
Todo este accidente me ocurrió con la pareja que tenía entonces e intenté hacer un retrato realista. Creo que siempre estamos contando la pareja desde la idealización o desde momentos épicos, e intenté contar esta historia —un poco para caracterizar a los personajes y explicar cómo de importante era la casa— mostrando desacuerdos. De hecho, ambos personajes reaccionan muy distinto al incidente. Me interesaba mostrar la evolución natural y realista de una pareja en la vida cotidiana, algo que ya estaba en mi libro de relatos No todo el mundo y que continúa en Oxígeno.
¿Hasta qué punto la falta de oxígeno afecta a las parejas actuales?
Es una mezcla. Vivimos en una sociedad en la que estamos hiperestimulados, hay mucho ruido, muchas opciones, somos hiperproductivos. Por un lado está eso, pero por otro creo que tenemos que tomar la responsabilidad de parar y buscar momentos de descanso, de introspección y espacio para hablar con los amigos. Hay mucha gente que no puede, que necesita tres trabajos para llegar a fin de mes, pero conozco a mucha gente que sí puede y tampoco lo hace. Por eso hablo de nuestra parcela de responsabilidad al pensar si realmente queremos vivir en este atropello y en esta falta de oxígeno, porque hay una falta de oxígeno que es del contexto, pero hay otra que sí podemos escoger. A veces no la estamos escogiendo ni nos estamos permitiendo abrir la ventana y que entre el aire.
¿Cómo trabajaste las voces narrativas de los personajes?
En esta novela fue difícil porque intento tener una mirada compasiva con mis personajes aunque se equivoquen, pero aquí había un personaje con el que no tenía ningunas ganas de ser compasiva: la arrendadora, la propietaria del piso, porque todo esto fue una negligencia y una falta de responsabilidad por parte de ella. Tuve muchos problemas para ver cómo trataba ese personaje, porque decía: "Es que me queda una mala de Marvel, una villana demasiado cliché". Lo resolví al encontrar ese narrador que se autoexculpa un poco y que repite muchas veces: "Bueno, si me inventara esto, me lo inventaría mejor, haría un antagonista mejor; pero como no me lo estoy inventando, lo estoy contando como fue".
Luego están los miembros del personal de los servicios de emergencia que me salvaron. Por supuesto, el libro es un agradecimiento y una loa a los servicios de emergencias, pero también tuve cuidado de que no aparecieran totalmente idealizados. Entrevisté al enfermero que me atendió y le preguntaba: "¿Tú en la ambulancia qué vas pensando?". Quería que me dijera: "Pues voy pensando en la lista de la compra". Quería dar un retrato humano: que se entendiera que son personas que están cansadas, que tienen hijos y que lo que a mí me pasó —que fue muy impactante— para él fue un sábado cualquiera, un día más de curro.
El encierro como atmósfera y los consejos para la escritura
¿Qué papel juega el espacio en la construcción emocional de la historia?
Es importante. Los personajes están encerrados todo el rato en la casa y de ahí pasamos a estar encerrados en la ambulancia; es una novela en la que estamos todo el rato en un encierro. Nadie corre por un parque. A mí me ayudaba a generar esa sensación de asfixia el hecho de que estuvieran todo el rato encerrados. Además, hay una reflexión sobre lo que es el hogar y sobre lo que es la casa, que aquí se convierte de repente en un lugar de peligro. La casa es maravillosa si podemos entrar y salir, pero una casa en la que estamos encerrados o de la que no somos capaces de salir es un horror. Jugué con esa sensación de encierro y con no poner a los personajes al aire libre en ningún momento para contribuir a esa sensación de asfixia.
¿Qué significa para ti ser una escritora reconocida en estos tiempos?
Para mí es una bendición, un sueño cumplido. Que se me dé la oportunidad de tener el trabajo que más me gusta me satisface mucho. La literatura me da la posibilidad de hablar de las cosas que más importan en los libros y en los espacios de conversación que surgen después.
Hablando de este mundo veloz en el que vivimos, poder generar espacios de conversación que no sean rápidos como los de las redes sociales, sino espacios en los que podamos hablar tranquilamente de los temas importantes, me parece un sueño. Así que, virgencita, que me quede como estoy.
¿Cuáles son tus consejos para quienes escriben?
Mi consejo es que lean un montón. Que lean a los clásicos, que son clásicos por algo, y que luego escriban lo que les dé la gana. Aunque hay muchas autoras escribiendo y cambiando muchas de las miradas en literatura, creo que todavía todas tenemos un escritor interno que nos dice: "Eso que estás escribiendo no es relevante, es cursi, es sentimental, solo te importa a ti".
A ese escritor hay que decirle: "Cállate, que esto nos importa a muchas personas, y no solo mujeres. Cállate que esto no es tan cursi ni solo sentimental, sino que también es importante". He tenido que negociar con ese escritor de barba que está dentro de mi cabeza y mi consejo es que no le hagamos mucho caso, que escribamos lo que nos apetezca. Al acabar mis libros me doy cuenta de que escribo el libro que necesito como lectora.
¿Qué lee Marta Jiménez Serrano?
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Sigo aquí, de Maggie O'Farrell, es un libro en el que habla de varias ocasiones en las que estuvo a punto de morir. Fue muy importante para mí a la hora de escribir Oxígeno.
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El estilo de Joan Didion en El año del pensamiento mágico fue importantísimo para mí, como una escuelita al momento de pensar en mi novela Oxígeno.
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Matadero cinco, de Kurt Vonnegut, es una pasada de novela que demuestra que se puede usar el humor en cualquier circunstancia y hablando de cualquier tema, lo cual es también una gran escuela.