Pedro Mairal y los libros sobre el vértigo de hacerse adulto
El autor argentino habla sobre su novela "Los nuevos", la adolescencia, el deseo, la soledad generacional y los libros que exploran el difícil paso hacia la adultez.
Pedro Mairal conversa con Librotea sobre Los nuevos, su novela más reciente, y reflexiona sobre el paso de la adolescencia a la adultez, la identidad, el deseo, la amistad y la vulnerabilidad. Además, recomienda libros sobre el vértigo de hacerse adultos: crecer, perderse y encontrar una voz propia en medio de la incertidumbre.
Video: entrevista y recomendaciones de Pedro Mairal
La adolescencia antes de las etiquetas
Hay novelas que intentan explicar la juventud y otras que prefieren sumergirse dentro de su desconcierto. En Los nuevos, Pedro Mairal regresa a ese momento frágil y vertiginoso en el que la adolescencia empieza a romperse y todavía nadie sabe cómo habitar la adultez.
La novela sigue a tres personajes —Thiago, Bruno y Pilar— que atraviesan la amistad, el deseo, la incertidumbre y el impulso de escapar del mundo donde crecieron. “Están en ese momento de la vida en que se te enloquece la brújula”, dice Mairal. “Te vas de la casa de tus padres, empezás a dormir con otra gente, a hacer trabajos que no conocés cómo hacer, no sabés cómo ganar plata”.
Para el escritor, los 19 años tienen una intensidad narrativa única porque “las partículas narrativas se agitan muy rápido” y “tu vida puede salir disparada en cualquier dirección”. Pero en Los nuevos no solo hay descubrimiento: también hay rabia, desconcierto y una sensación íntima de expulsión. “Hay una especie de furia interna por esa sensación de que te echan de un paraíso”, explica.
Los protagonistas buscan salirse de la burbuja en la que crecieron. Thiago encuentra refugio en el hombre que cuida caballos después de la muerte de su madre. Bruno, aislado en un campus helado de Wisconsin, termina acercándose a los trabajadores mexicanos de mantenimiento. Pilar descubre una ciudad completamente distinta cuando acompaña a Rosa, la empleada doméstica de su abuela, hasta la periferia de Buenos Aires.
“Te crían en un ambiente y te escapás de ese ambiente”, dice Mairal. “Entonces me interesaba preguntarme cómo son esas fugas que todos tenemos que hacer en algún momento de la vida”.
La soledad entre generaciones
En la novela, los adultos aparecen desenfocados, casi lejanos. Mairal compara esa percepción con los adultos de Tom y Jerry, “que se ven solo de la rodilla para abajo”.
Pero detrás de esa mirada también está su propia experiencia como padre.
“Así como fui a bucear en mis 19 años para escribir este libro, y los tres personajes tienen algo mío de esa etapa, también está mi mirada de padre, a mis 55 años”, cuenta.
Y ahí aparece uno de los núcleos más conmovedores de la conversación: la dificultad de comunicarse entre generaciones.
“Por más de que estés mirando a los ojos a tu hijo o a tu hija, te separan treinta años de distancia. Y esos treinta años son como treinta kilómetros”, señala.
En Los nuevos, los adultos no son monstruos ni villanos. Simplemente parecen incapaces de cruzar esa distancia invisible.
“Yo creo que los adultos están mostrados con cierta crueldad en el libro, como los ven los chicos: distantes, ocupados en su propia vida. Hay una especie de gran soledad generacional en el libro”, admite Mairal. “Creo que eso es bastante duro, pero yo lo siento muy así”.
La novela, entonces, no solo habla del vértigo de crecer, sino también de la imposibilidad parcial de entenderse entre padres e hijos. “Como padre real, trato de salvar esa brecha, acercarme, escuchar. Pero escribir una novela es también escribir sobre esa distancia”.
“El arte hace que alguien se sienta menos solo”
Le preguntamos a Pedro qué significa hoy en día para él la escritura. “La escritura ya es mi vida”, dice. “Es inseparable de ella”.
Cuenta que trabaja mucho desde la experiencia sensorial, desde recuerdos, deseos, miedos y también desde lo que llama “la periferia de la experiencia”: no solo lo que ocurrió realmente, sino “lo que casi me pasó, lo que tenía ganas de que me pasara o miedo de que me sucediera”.
Aunque reconoce que tiene oficio, asegura que cada novela vuelve a colocarlo en un lugar de incertidumbre. “Cada libro me demanda aprender a escribir ese libro”, dice. “Nunca es como una lancha que me lleva la escritura. Es a remo”.
La literatura aparece entonces menos como una técnica y más como una forma de observación del mundo. Para Mairal, el arte tiene que ver con mirar aquello que normalmente pasa desapercibido.
“Quizá lo artístico tiene que ver con una capacidad de observación. Con convertir pequeños pliegues de la vida, cosas que parecen insignificantes, en algo”.
Y enseguida aparece una idea profunda sobre el sentido del arte: “Hacer de algo íntimo una experiencia colectiva”.
Mairal cree que ahí sucede la verdadera experiencia artística: en el momento en que una emoción privada logra ser comprendida por otro: “Que alguien lea un libro, vea una película o un cuadro y de golpe se sienta menos solo. Aunque no le haya pasado exactamente eso, puede entender esa experiencia humana”.
El escritor define el arte como “un superconductor de emociones” y habla del aislamiento contemporáneo con una mezcla de preocupación y ternura.
“La gente está muy sola, muy aislada”, dice. “Y entonces los libros, las películas, los poemas, incluso algunas cosas bien hechas en redes sociales, hacen que esa desesperación se abra un poco”.
Mairal también reflexiona sobre la manera en que las personas construyen versiones de sí mismas frente a los demás. Cree que la literatura tiene valor justamente cuando se atreve a mirar aquello que normalmente queda oculto, las zonas incómodas, vulnerables o contradictorias de una persona.
¿Qué consejos tienes para los jóvenes escritores en este mundo de IA y redes sociales?, le preguntamos.
"Yo nunca seguí mucho consejos de escritura, así que no sé si esto va a servir", responde entre sonrisas. "Pero creo que hoy todos estamos armando una identidad digital con las redes sociales, que a veces se aleja un poco de nuestro ser físico y palpable. Y creo que la literatura puede ir hacia lo que yo llamo 'la espalda de Instagram'. ¿Qué es lo que te daría vergüenza que saliera en tu Instagram o en tu TikTok? ¿Qué cosas ocultarías? ¿Qué fotos de tu teléfono te daría pánico que se publicaran? Es bueno escribir sobre eso".
¿Qué lee Pedro Mairal?
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Vestido de novia, de Socorro Venegas. Es un libro sobre un duelo que, a la vez, muestra cómo alguien se sobrepone a un duelo, a la pérdida de un familiar. Me pareció excelentemente bien escrito, lleno de detalles y observaciones personales con respecto a una situación así.
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Una casa sola, de Selva Almada. Es un libro muy curioso donde habla una casa, una casita perdida en el medio del campo. Cuenta un poco las historias de la gente que vivió en esa casa, qué pasó, se pregunta también qué fue de ellos y habla como si fuera el corazón de la naturaleza. Es una voz que parece salir de adentro de la tierra.
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A mí me gusta mucho lo que hace Guadalupe Nettel. Y hay un libro en particular que se llama El cuerpo en que nací, donde ella habla desde el cuerpo. A ella la operaron mucho de un ojo cuando era niña y habla de la separación de sus padres y cómo las dos casas pasaron a ser como dos universos muy distintos: las reglas en la casa de su padre, las reglas en la casa de su madre, el personaje de la abuela. Me parece un libro excelente.
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Acabo de leer un libro que se llama Ciencias morales, de Martín Kohan, que habla de una celadora en un colegio, la que controla a los alumnos y a las alumnas. Es hipervigilante, obsesiva, sospecha que los varones fuman a escondidas, entonces se empieza a meter en los baños, se esconde para ver si los sorprende y toda esa obsesión que va viviendo con los olores, con las rutinas del baño, en un momento muy opresivo de la Argentina. Porque sucede en el 82. Está muy bien escrito, muy bien mostrada la obsesión.