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Cumbres borrascosas: así ha cambiado la Generación Z la relación con los libros

Especial Cumbres borrascosas: así ha cambiado la Generación Z la relación con los libros

Rebeca Márquez Américas /

La Generación Z se ha convertido en la protagonista de una paradoja cultural fascinante: nunca antes los jóvenes habían leído tantos libros como en la era de TikTok, y sin embargo, nunca antes les había resultado tan difícil acceder a los clásicos de la literatura. 

El reciente debate viral en torno a Cumbres Borrascosas —donde una joven confesaba abiertamente su frustración al enfrentarse al lenguaje decimonónico de Emily Brontë— ha destapado una conversación incómoda pero necesaria sobre cómo la lectura ha cambiado para siempre. 

Entre el auge de comunidades como BookTok y el retroceso en las competencias lectoras que reflejan los estudios internacionales, los libros se han convertido en el campo de batalla donde se dirime algo más profundo: la transformación de nuestra capacidad para pensar, concentrarnos y habitar el mundo a través de las palabras.

Una joven española, Bárbara Bulnes, aparece sosteniendo un ejemplar de Cumbres Borrascosas en un video de TikTok y confiesa su frustración: necesita un diccionario al lado para entender palabras como "estaño" o expresiones como "por antonomasia", y calcula que tardará meses en terminarlo . “¿Cómo me voy a leer el libro si no entiendo la mitad del vocabulario?”, se pregunta.

Las reacciones no se hicieron esperar. Mientras algunos celebraban su honestidad, muchos críticos, especialmente de generaciones anteriores, interpretaron sus palabras como el síntoma de un deterioro educativo alarmante. Sin embargo, más allá de la anécdota viral, lo que revela este episodio es una transformación en la manera en que la Generación Z se relaciona con la palabra escrita, una paradoja donde conviven cifras récord de lectura con una creciente dificultad para acceder a los códigos de la literatura clásica.

Cuando los libros se vuelven virales pero también efímeros

Los datos, en apariencia, dibujan un panorama optimista. Contrariamente al tópico del joven que no lee, la Generación Z (nacidos a partir de 1997) ha convertido la lectura en un fenómeno de masas gracias a plataformas como TikTok. El hashtag #BookTok supera los 200.000 millones de visualizaciones y se ha consolidado como el principal motor de descubrimiento literario para millones de jóvenes . 

En España, el 76,9% de los jóvenes de 14 a 24 años declara leer en su tiempo libre, liderando el ranking nacional de lectura, con un claro predominio femenino (el 78% de los lectores de BookTok son mujeres) . Si nos centramos específicamente en América Latina, el dato más relevante proviene un estudio de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI): en países como Argentina, Chile y Uruguay destaca un grupo de "lectores habituales" especialmente significativo, mientras que en naciones como Bolivia, Colombia, México, Venezuela y Brasil la lectura aparece menos vinculada al disfrute personal y más a obligaciones escolares .

El problema, por tanto, no es la cantidad, sino la calidad y el tipo de lectura que se realiza. La comunidad booktokera ha demostrado un poder comercial arrollador, llegando a influir en ventas millonarias y a resucitar títulos del catálogo, pero su ecosistema favorece géneros muy específicos: fantasía juvenil, romance contemporáneo y ficción Jóvenes Adultos, caracterizados por una prosa funcional, diálogos ágiles y tramas que atrapan al lector desde la primera página .

Esta literatura contrasta con la arquitectura narrativa de una novela victoriana como la de Emily Brontë. Lo que para un lector del siglo XIX era un lenguaje natural, plagado de largos periodos subordinados y un vocabulario que exigía un bagaje cultural sólido, hoy se percibe como un obstáculo casi insalvable. La brecha no es solo temporal, sino cognitiva. 

Las competencias lectoras han caído progresivamente desde la generación millennial: los nacidos a partir de 1980 muestran habilidades cognitivas significativamente inferiores a las de los baby boomers y la Generación X cuando tenían su misma edad . En pruebas estandarizadas como el PIAAC,la Generación Z obtiene puntuaciones hasta 20 puntos por debajo de sus predecesores en comprensión lectora.

Lectura profunda versus lectura de superficie: qué está en juego realmente

Los jóvenes de hoy, inmersos en la economía digital, pasan un promedio de más de siete horas diarias frente a pantallas, consumiendo contenido diseñado para ser efímero y altamente estimulante . Los algoritmos premian los vídeos de 15 segundos, la información fragmentada y la gratificación instantánea. Este entrenamiento constante en la lectura de superficies, en el escaneo visual que los estudios de eyetracking describen como "patrón en F", es incompatible con la lectura profunda que exige un clásico . 

Además, hoy en día muchos chicos recurren a resúmenes generados por inteligencia artificial, una práctica que ha crecido un 300% en los últimos años, obteniendo una versión superficial del texto que omite todos los matices estilísticos y argumentales que los docentes pretenden analizar. Es la consecuencia lógica de un sistema que ha entrenado a los estudiantes para escanear textos en busca de respuestas concretas en pruebas estandarizadas, en lugar de enseñarles a habitar las páginas de una obra compleja .

Algunas editoriales, como Penguin Random House con su colección Penguin English Library, han optado por lanzar versiones "traducidas al inglés moderno" o con vocabulario actualizado, facilitando el acceso a los clásicos . Estas ediciones llegaron a vender hasta un 40% más entre lectores jóvenes. Sin embargo, esta vía no está exenta de críticas: simplificar el lenguaje de Emily Brontë para hacerlo digerible es, para muchos, como recortar una sinfonía para que quepa en una canción de tres minutos. Se pierde la atmósfera, el ritmo y la complejidad que son intrínsecos a la obra . 

Frente al diagnóstico preocupante, surgen estrategias pedagógicas que apuestan por la lectura lenta y deliberada, la relectura activa, el subrayado estratégico y la lectura en voz alta en grupo como herramientas para recuperar la concentración y la capacidad interpretativa . 

Se trata de reconciliar a una generación acostumbrada a la inmediatez con la lentitud que exige la verdadera comprensión. Si no se aborda, el riesgo es formar a profesionales que naveguen con soltura por el tsunami de información digital, pero que sean incapaces de detenerse, interpretar y pensar críticamente sobre el mundo que habitan. El vídeo de Bárbara Bulnes, más que una queja ingenua, es una llamada de atención sobre ese futuro.

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