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BEF recomienda libros de ciencia ficción mexicana

Bernardo Fernández conversa sobre "El llanto del aire" y comparte su visión de la narrativa como herramienta para explorar la desigualdad, la identidad latinoamericana y el futuro desde el presente.

Bef recomienda libros de ciencia ficción mexicana. Foto: Verónica Maza
Bef recomienda libros de ciencia ficción mexicana. Foto: Verónica Maza
Verónica Maza Bustamante Américas /

En el universo de los libros que buscan descifrar el mañana, la nueva novela de Bernardo Fernández Bef, El llanto del aire, celebra la ciencia ficción hecha en México. Se trata del primer volumen de la trilogía Kuk’aán, una space opera con acento latinoamericano que utiliza la colonización galáctica como un espejo de las desigualdades del presente. Aquí nos habla al respecto. 

Videoentrevista con Bernardo Fernández BEF

Entrevista con Bernardo Fernández BEF: una ciencia ficción con conciencia latinoamericana
Entrevista con Bernardo Fernández "Bef": una ciencia ficción con conciencia latinoamericana

"En mi galaxia, los planetas habitables son para los ricos; los desiertos congelados, para los pobres. Como siempre."

Bernardo Fernández, conocido como BEF, es una de las voces más versátiles e innovadoras de la narrativa contemporánea en México. Novelista, historietista y artista gráfico, su obra transita con fluidez entre la novela policiaca —con series como la integrada por Tiempo de alacranes y Azul cobalto—, la ciencia ficción, y la narrativa gráfica de alto impacto, como la aclamada Habla María

Con un puñado de premios y traducciones a ocho idiomas, BEF ha consolidado una trayectoria que, como bien se ha dicho, "ilumina las partes más terribles de la vida real y las más intrigantes de nuestros sueños". Ahora, con su nueva novela, El llanto del aire, publicada por editorial Océano, inicia Kuk’aán, una ambiciosa trilogía de ciencia ficción que combina space opera, distopía y una aguda crítica social desde una perspectiva latinoamericana.

El llanto del aire nos traslada a un futuro lejano donde la humanidad, dueña de los viajes interestelares, repite en la galaxia los mismos patrones de desigualdad y colonialismo. Los planetas más aptos, aquellos con clima benigno y agua líquida, son acaparados por las potencias ricas de la Madretierra, mientras que los mundos agrestes e inhóspitos son cedidos a las naciones pobres. 

La historia se centra en Cuicatlán, "la tierra del canto", un planeta de segunda categoría cuyo proceso de terraformación fue abandonado noventa años atrás en circunstancias misteriosas. Un destacamento multicultural de mercenarios corporativos tiene la misión de retomar esa tarea, pero lo que debía ser una operación rutinaria se transforma en una lucha por la supervivencia cuando el planeta revela un peligroso secreto.

Para BEF, esta novela es la primera parte de una exploración narrativa sobre la colonización galáctica. "Estoy seguro de que los países ricos, que en este universo son los BRICS, se van a quedar con los mejores planetas", explica el autor. "Luego vendrá un segundo bloque —gringos, canadienses, Unión Europea— que tomará los mundos menos óptimos. Y los peores, los desérticos y congelados, le van a corresponder a África y a Latinoamérica, como ha sido siempre". 

La saga, cuyo nombre Kuk’aán es una deformación fonética futura de Quetzalcóatl, sigue la terraformación de un planeta con ese nombre ancestral, originalmente colonizado por una expedición de trabajadores agrícolas mexicanos ("guajequeños") que huyeron al encontrar una presencia fantasmal. Noventa años después, un biólogo descendiente de esos pioneros, junto a un grupo de mercenarios, descubre que ese "fantasma" es en realidad un secreto tecnológico que permite la expansión humana a costa de un ecocidio cósmico.

El nacimiento de esta trilogía viene de un amor de toda la vida. Aunque pasó años cultivando la novela policiaca, Bef confiesa que su "primer amor como lector y como creador ha sido siempre la ciencia ficción". Siente que ahora, a diferencia de hace unos años cuando le costó publicar sus primeras incursiones en el género como Gel azul, existen las condiciones editoriales para abordar una historia de espacio profundo y futuro lejano, liberándose de las restricciones autoimpuestas por su generación, que se enfocaba en una ciencia ficción más urbana y cyberpunk. "Lo hicimos porque estábamos consolidando la identidad nacional en nuestra ciencia ficción", reflexiona.

"Cuando Orwell escribió 1984, no estaba hablando de los años ochenta, está hablando de la posguerra en Europa, en Inglaterra. O cuando Anthony Burgess escribe La naranja mecánica, está hablando de finales de los años sesenta en Inglaterra. Nadie puede adivinar el futuro. Lo que hacemos los escritores de ciencia ficción es proyectar nuestro presente para poder hablar de temas que nos preocupan."

A él, en particular, le preocupa mucho la desigualdad económica entre países ricos y pobres, "y cómo esta brecha tecnológica —que ahora con lo digital aparentemente se ha emparejado— en realidad siempre nos va a separar y va a ser irreconciliable. Me importa la visión muy espiritual, muy mística de los pueblos originarios y, en general, de Latinoamérica, de los pueblos indígenas de Latinoamérica, contra el pragmatismo anglosajón que se ha convertido en el modelo de desarrollo de todo el mundo".

En las páginas de la novela no hay batallas espaciales ni sables láser —"aunque a mí me gustan mucho", comparte Bef—, porque quería "utilizar los recursos de la ciencia ficción para hacer una pieza literaria con más profundidad que la que ya nos da la novela de aventuras, que tiene estas preocupaciones sociales y políticas que a mí me importaban mucho".

"Mi ambición es escribir ciencia ficción para quienes nunca la leen, y que en ella encuentren un eco de nuestro mundo."

Para Bernardo Fernández, la ciencia ficción nunca ha sido una predicción del futuro, sino un espejo del presente. "Esta novela es una alegoría de la relación del primer y tercer mundo, del colonialismo y del capitalismo extractivista, proyectada mil años al futuro. Pero en el fondo, sigo hablando de la extracción del litio en Perú", aclara.

Su ambición, dice, es "escribir ciencia ficción para gente que no suele leerla, y que en ella encuentren un eco de nuestro mundo", invitando así a un público más amplio a encontrar resonancias importantes en su historia.

Esta intención está ligada a su firme desarrollo de una ciencia ficción con identidad mexicana. "La ciencia ficción es un producto tradicionalmente ubicado como del norte global, pero a ese futuro también vamos a llegar los países periféricos", señala. "No me interesa contar cómo lo van a vivir los gringos o los europeos; ellos ya están contando sus futuros. A mí me interesa hablar del futuro de este país, de México, siempre bisagra entre el norte y el sur". Sin esa capa de preocupación nacional, opina, la historia podría volverse frívola. Busca una novela con muchas capas, "como una cebolla", que trascienda la superficie amena para reflexionar sobre el lugar de México en un futuro planetario.

Actualmente, BEF se encuentra terminando la segunda parte de la trilogía. Confiesa que aunque tenía planeada una historia única de mil páginas, la división en tres volúmenes fue una decisión práctica. "Tengo una idea general de cómo va a acabar. La única manera de que podamos avanzar y reconciliarnos, incluso con el cosmos, que planteo al final de la saga, es pudiendo poner a dialogar y sintetizar estas cosmovisiones tan diferentes".

Para un autor que se mueve con igual soltura entre la palabra y la imagen —siendo uno de los historietistas más reconocidos de América Latina—, este proyecto representó una elección consciente por el medio escrito. 

"Esta historia sentía yo que necesitaba cierta resonancia en la palabra —no me atrevería a hablar de una poética, pero sí de una serie de imágenes y metáforas— que con la imagen en el cómic no hubiera podido conseguir lo que yo quería. Además, por el tipo de dibujo que yo tengo, siento que hubiera sido muy difícil contarla, incluso trabajando con otro artista. Por eso fue esta decisión. Pero lo vivo como un privilegio; así siento que hasta hago medio trampa en la vida, teniendo estos dos superpoderes en vez de uno", finaliza.

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