Cómo se construye una ficción: Martín Solares y el oficio de escribir
El autor disecciona su nuevo libro, en donde continua compartiendo su técnica, en la que se cruzan la edición, su doctorado en la Sorbona y la capacidad de ver la ficción como una estructura física.
Entrar en la mente de Martín Solares es descubrir que la literatura tiene planos, vigas y una arquitectura invisible que sostiene cada página. En esta charla, el autor de El fantasma de las novelas nos comparte cómo se construye una ficción capaz de trascender y por qué la precisión de un "ladrillo" verbal puede salvar o destruir una historia.
Video: entrevista y recomendaciones de Martín Solares
La geometría compartida entre los maestros de la ficción
Doctor por la Sorbona y autor de libros omo Los minutos negros, Martín Solares ha transitado del género policial a la literatura fantástica con la precisión de un relojero. Hoy, bajo el sello de Ediciones Era, presenta El fantasma de las novelas, un volumen que él mismo define como un solo ensayo articulado en dieciséis paradas para desentrañar el misterio de la ficción.
Para Solares,la escritura debe responder a esa pregunta que, al escribir ficción, te quitan el sueño: "¿Esta novela la estoy contando en el mejor tiempo verbal posible o debería traducirla toda al presente, al pasado o al futuro?". El suyo "es un libro para gente que realmente ama la literatura y se pregunta cómo funciona una buena ficción; qué hace posible que surja un cuento o que se construya una novela a lo largo de meses de trabajo".
Esa obsesión por la forma no es gratuita. Como editor y profesor, Solares entiende que la literatura es una "magia que se realiza por escrito", un acto donde el lector jamás debería notar los trucos ocultos tras la caja. Por ello, advierte sobre la fragilidad del texto: un solo error, una palabra mal comprendida, puede dinamitar una obra.
Recuerda cómo un corrector cambió un "tren de vapor" por un "barco de vapor" en una novela realista, convirtiéndola accidentalmente en una pieza surrealista. "Los editores tienen que ser como los abogados del diablo: trabajar para el lector y no permitir que ningún error, ninguna timidez ni tibieza llegue a sus manos", afirma con la contundencia de quien ha pasado décadas puliendo manuscritos.
Para el autor de Catorce colmillos, leer es también un ejercicio visual, como comparte en su libro Cómo dibujar una novela. Solares confiesa que, desde hace casi treinta años, intenta dibujar la arquitectura interior de cada libro que le asombra. Siente que si una novela está "soberbiamente bien construida", genera una especie de casa con habitaciones que se pueden cartografiar.
Esta teoría cobró vida en una servilleta de Brooklyn, cuando retó a Paul Auster a dibujar la estructura de Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.
"Cuando se lo pedí en Brooklyn, me retó: 'Si tu teoría es cierta, tú y yo podremos leer cualquier novela en el mundo y dibujar la misma forma'. Elegimos Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. Cada quien agarró una servilleta y empezamos a dibujar. Al terminar, nos dimos cuenta de que habíamos trazado exactamente la misma estructura. La novela de Bolaño está tan bien construida que es imposible interpretarla de otra manera", recuerda
Esa arquitectura se levanta con ladrillos que no pertenecen al lenguaje cotidiano. Para Solares, la prosa de ficción requiere una actitud distinta, una ambición al elegir palabras que sean "sabrosas, deliciosas o atípicas". Es la diferencia entre enviar un mensaje urgente al médico o intentar que el lector paladee una frase hasta aprenderla de memoria, como sucede con los textos de Rulfo o García Márquez.
En sus talleres, Solares actúa como un "editor instantáneo", ayudando a los autores a entender qué le falta a su obra para ser imperecedera, un proceso de exigencia que, lamenta, las grandes editoriales han ido perdiendo por falta de tiempo.
Por qué los cuentos son creyentes y las novelas son ateas
Al final del camino, la carretera de la ficción se bifurca en dos naturalezas opuestas. Solares propone una tesis interesante: "Todos los cuentos son creyentes, todas las novelas son ateas". Según el ensayista, el cuento es el escenario de un choque inevitable entre el ser humano y el destino; una caída fulminante donde el protagonista abre los ojos por asombro o terror. El cuento acepta esa pared invisible y termina ahí, en la epifanía o la derrota.
La novela, en cambio, es una rebelión de largo aliento. Desde la Ilíada hasta las historias contemporáneas, este formato se niega a la brevedad, a la lectura de una sentada. Exige ser digerida por partes para asimilar su fuerza y sus secretos.
Para Solares, la novela representa al ser humano que trata de refutar al destino y vencerlo por todos los medios. "Por eso digo que todas las novelas son ateas: no van a obedecer ni a aceptar lo que les quieren imponer como destino. Van a tratar de encontrar el propio". Es esa lucha contra lo predestinado lo que nos mantiene, veinte siglos después, buscando refugio en sus páginas.
¿Qué lee Martín Solares?
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Recomiendo Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez. Es una de las mejores novelas latinoamericanas que se han escrito en los últimos 50 años, a la altura de Los detectives salvajes o cualquier otra obra majestuosa de América Latina. Son seis o siete novelas cortas mezcladas y unidas por el mismo tema: una familia de hechiceros que adora al demonio a través de una secta cuyos efectos siempre son perniciosos.<br><br>Al mismo tiempo es una denuncia de la dictadura argentina de los años 70, de la connivencia entre militares y grandes empresas, y del furor con que el capitalismo explota a la gente que ha subyugado. Pero también es un ejercicio de imaginación fantástica portentoso. Es de los mejores libros que he leído en los últimos años y lo recomiendo con muchísimo entusiasmo.
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La princesa Primavera, de César Aira, es un libro que funciona como una especie de remolino en el cual, desde el primer párrafo, nos vemos arrastrados a la historia de una princesa que se ve obligada a financiar ella misma el funcionamiento de toda una isla. Como no tiene dinero y se han acabado los recursos reales, tiene que empezar a traducir bestsellers estadounidenses al español y con eso se hace millonaria.<br><br>Al mismo tiempo, debe enfrentar a una serie de enemigos tan desopilantes y estrafalarios como ella misma. Creo que La princesa Primavera es una de las diez mejores puertas de entrada al universo de César Aira.
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Tiros en el concierto, de Christopher Domínguez Michael, es, para mí, el mejor que ha escrito hasta la fecha. De él pueden encontrar otros libros de crítica literaria que son una referencia, como la antología de la narrativa mexicana del siglo XX, pero este se puede leer como una serie de crónicas o de cuentos sobre la vida literaria en México a principios del siglo pasado.<br><br>Si a ustedes les interesa saber quién era Martín Luis Guzmán, José Revueltas, José Vasconcelos, Alfonso Reyes o cómo fue la trágica y novelesca vida de Jorge Cuesta, no hay mejor recomendación que esta. Es el punto más alto de la crítica que ha hecho Christopher Domínguez por el cariño y la admiración que demuestra hacia los escritores de los que habla.