Gonzalo Sánchez de Tagle y los libros que nos reconcilian con la pérdida
El escritor mexicano conversa sobre su libro de cuentos "Tu cuerpo será nube". Además, abunda sobre la fascinación histórica y filosófica detrás de sus personajes.
Conversamos con el escritor e historiador Gonzalo Sánchez de Tagle sobre su libro de cuentos "Tu cuerpo será nube", una colección de relatos donde los personajes se apropian de su presente ante el fin de la existencia y nos reconcilian con la pérdida. Además, el autor mexicano revela cómo los libros que se habitan desde el cuento corto permiten una libertad narrativa única y nos explica por qué es necesario crear historias que desafían al destino y a la muerte para humanizar nuestros propios cierres vitales.
Video: entrevista y libros recomendados de Gonzalo Sánchez de Tagle
La empatía con el personaje y el arte del cuento corto
¿Se puede hablar de la muerte con soltura, apertura y hasta con luz? Gonzalo Sánchez de Tagle está convencido de que sí. En su segundo libro de cuentos, Tu cuerpo será nube, el autor mexicano rompe con los tabúes de los finales definitivos y nos invita a mirar de frente los cierres de la vida. Desde un anciano que elige el cráter del Popocatépetl para su último aliento hasta un sacerdote atrapado en un laberinto moral, sus historias demuestran que cada final es, en realidad, la semilla de un renacimiento.
Aquí lo que conversó con Librotea.
Gonzalo, ¿qué vamos a encontrar en los cuentos de Tu cuerpo será nube?
Tu cuerpo será nube es mi segundo libro de cuentos y encontrarán mucho de mí. Tengo una obsesión por la muerte, por los cierres, por el término y por los finales.
Entiendo que desde el punto de vista cultural en México, asumimos que tenemos una cercanía con la muerte, pero yo digo que más bien es una forma de acercarnos a un fenómeno que se aleja en realidad de la muerte personal, de la muerte íntima y de la muerte cercana. Evadimos hablar y acercarnos a los cierres en la vida. Permanentemente estamos concluyendo etapas de la vida, momentos y circunstancias. Este libro habla precisamente sobre los cierres o sobre las pérdidas.
La mayor de las pérdidas es la muerte. La mayoría de los cuentos hablan de distintas formas de morir, de personajes que en distintas circunstancias eligen su propia muerte y la forma de morir. Hay un personaje, que quizás es uno de los cuentos más representativos y simbólicos, que decide que ya le toca morirse; es un señor ya grande, pero no quiere morir en una cama de hospital ni en su casa, sino que decide aventarse al cráter del volcán Popocatépetl para morir como Empédocles, el filósofo presocrático.
Hay otro personaje, un sacerdote que, tras una vida muy intensa de estudio y reflexión, y de cometer una serie de asesinatos porque creía él que tenía el deber de hacerlos, como una especie de Judas renovado, decide morir en el fuego. Y así sucesivamente.
No me parece que sean cuentos sombríos u oscuros, sino cuentos que hablan de la pérdida con mucha soltura, con mucha apertura y hasta podría decir que con cierta luz. De la pérdida en términos muy coloquiales y sin esas barreras que de pronto emocionalmente le podemos poner a la idea de los cierres, de la muerte o del término. Y cualquier cierre es una oportunidad para una renovación o incluso para un renacimiento.
¿Qué otras ideas cruzan las historias de tu libro?
Yo creo que al final no solo mis historias, sino la literatura en general, tiene que cumplir alguno que otro propósito. Uno es entretener y de pronto es aprender y aprehender. Creo que mis cuentos hablan de temas medio sórdidos o muy filosóficos, profundos, oscuros o similares. No fue deliberado, sino que en la hechura de los cuentos, en el proceso creativo, en la materialización de las historias y mientras iba escribiendo, me di cuenta de que iba creando personajes que me caían bien. Con los que de alguna forma sentía cierta empatía o me hubiera gustado conocerlos o que fueran mis maestros y que me enseñaran algo.
Para mí el proceso creativo es un proceso inacabado, siempre lo es. En el sentido de que los personajes tienen más historias, tienen más pasado y quizás tienen más futuro que el que yo relato. Me gusta pensarlos así, como personas acabadas, y en mis cuentos solo nos asomamos por el rabillo del picaporte para ver parte de su historia.
Muchas veces, en mi proceso de construcción creativo y del desarrollo de los propios personajes, no tengo una historia todavía definida, sino que tengo una persona sobre la cual me gustaría escribir, y así voy construyendo las ficciones. No siempre pasa así; de pronto tengo procesos creativos distintos, pero es la forma en la que desarrollé los personajes, que podrían parecer cercanos precisamente por eso.
Personajes que se adueñan de su presente: Entre la herejía y la transformación constante
Háblanos más de esta reflexión profunda que encontramos en tus relatos, Gonzalo.
Sin presunción, me gusta mucho pensar. Creo que es la actividad por excelencia de nosotros como seres humanos y, sin duda, en mis cuentos hay mucho de esa reflexión.
Otro denominador o hilo conductor de mis cuentos creo que es que son personajes que se apropian de su propio presente. Hay en particular dos hombres, dos varones: un rabino y un sacerdote. En ambos casos son personajes que llevan a reflexiones muy profundas.
El sacerdote era un muchacho gay que por distintas circunstancias termina en un seminario siguiendo a su pareja, a quien sus papás meten al seminario para "curarlo". Esta persona de alguna forma siempre se pregunta cuál es el verdadero valor y la entidad de Jesucristo, y es como una especie de Judas renovado porque él asume que cualquier expresión de la lágrima no solo es correcta, sino necesaria, tanto la alegría como la tristeza. De la misma forma piensa en el bien y en el mal.
En el caso del rabino, es un rabino que se sitúa en un contexto histórico en Toledo en el año 900. Están luchando por la independencia de Toledo del sultanato de Abderramán; él se da cuenta de que van a perder, y habla de una expresión que se le leía a San Juan de la Cruz, bereshit, la primera palabra de la Biblia en hebreo, el Génesis. Su significado literal en español es algo así como origen, comienzo o inicio, pero en la lectura cabalística de San Juan de la Cruz, el término significa el constante estado de transformación de la creación.
Es algo que me parece absolutamente alucinante, porque asumimos nosotros, como seres vivos, que somos la creación; que podrá haber robots e inteligencia artificial, pero más o menos ya todo está hecho. Lo que postula este concepto y el cuento es que la creación se transforma de manera permanente.
¿El cuento corto te invita a imaginar por sus propias características esenciales?
Yo creo que es un punto muy importante desde la perspectiva técnica y literaria. Creo que hay escritores que corren maratones y quiénes no; a mí me cuesta mucho trabajo el largo aliento y el desarrollar historias extensas. Me parece que habito mejor la historia corta. Me parece, además, que te permite ser más dinámico y de pronto seguir menos reglas.
También hay novelas que tienen muchas particularidades narrativas que se pueden salir del canon tradicional o de la heterodoxia, pero en el cuento creo que tienes más libertad. En mi caso, muchas veces pienso simplemente en un personaje o en un evento que me gustaría narrar. En una idea que me gustaría desarrollar.
El fenómeno humano entre el derecho y las letras
Además de la ficción, tienes libros de derecho. ¿Cómo gestionas esta doble vida literaria?
Tengo formación de abogado e historiador y ambas me gustan mucho. Yo creo que el derecho como oficio se ha, de alguna forma, deshumanizado. O es quizá la humanidad la que lo ha hecho. Entonces, a mí me parecería, en términos más históricos, muy normal y muy consecuente que una persona que se dedica a una humanidad como el derecho, al mismo tiempo tenga una inclinación muy profunda por la literatura o por otro tipo de artes.
Hoy no es tan común, no solo en la rama del derecho, sino por esa hiperespecialización a la que nos ha acostumbrado el siglo XXI, el que una persona cabalgue en dos o tres líneas distintas. Para mí es muy consecuente y muy normal. Al final, el derecho es una disciplina que se desarrolla exclusivamente sobre un objeto, que es el ser humano y las conductas del ser humano, con una lógica y una estructura normativa y de pensamiento muy distinta, porque al final son reglas, principios y normas, pero no deja de ser una humanidad.
Se cruzan, entonces, los caminos entre las leyes y la creación de ficciones.
Los cuentos, tanto como la poesía o el ensayo, que son disciplinas que también he escrito y desarrollado, son lo mismo: al final es el fenómeno humano sobre lo que escribimos; me parece que de alguna manera va junto con pegado.
Para escribir me he tenido que desabogadizar un poco, porque los abogados, con cierta razón, escribimos de forma muy técnica y con pura sobreesdrújula, de forma tal que parezca que no nos entiende nadie. En ese sentido, he tenido que trabajar de manera conciente para no escribir así cuando hago literatura.
¿Qué lee Gonzalo Sánchez de Tagle?
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El primero que recomiendo tiene que ver con el contexto que estoy investigando actualmente: estoy completamente obsesionado con Antígona, de Sófocles. Leo todo lo que se pueda sobre esta obra; es quizás una de las historias más importantes que se hayan escrito en la historia de la humanidad. Incluso Hegel, el gran filósofo, decía que era una historia más importante que la de Jesucristo, porque Jesucristo tenía la esperanza y la fe en una vida después de la muerte, pero Antígona no. Es una historia que nos contrapone los grandes emparejamientos psicológicos del ser humano: la idea de la vida y la muerte, del ser humano y los dioses, del individuo y la sociedad, del hombre y la mujer, de la vejez y la juventud.
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Otro libro del que diría prácticamente el mismo comentario es El Quijote. Sé que muchos conocen la historia, pero pocos quizás lo han leído. Yo he estudiado El Quijote académicamente y me parece que, en español, es el libro que medio inventa la literatura tal cual la conocemos y, de alguna forma, moldea nuestro idioma. Hay una dualidad esencial y existencial entre el Quijote y Sancho: entre la vida simple, sencilla y empírica de tocar la tierra con las manos en Sancho y, por otro lado, la vida un poco más conceptual y apolínea del Quijote. Me parece un libro esencial.
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El miligramo prodigioso, de Juan José Arreola, es un cuento corto que aparece en Confabulario, y me parece que también es fundamental leerlo.
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Por otro lado, uno de los libros que más me han afectado emocionalmente cuando lo leí es Crimen y castigo, de Dostoievski.
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Las uvas de la ira, de John Steinbeck, fue un libro que genuinamente me agüitó mientras lo estaba leyendo y me cambió la forma en la que veía el mundo y la vida en ese momento.