Karla Montalvo recomienda libros de escritoras esenciales
La autora de "La génesis de la catástrofe" habla sobre sus personajes femeninos, la maternidad, la crisis de identidad y recomienda libros imperdibles.
Karla Montalvo nos habla en entrevista de su novela La génesis de la catástrofe, donde la crisis de una actriz llamada Orquídea se convierte en un espejo de las contradicciones de la maternidad, la identidad y las vidas que imaginamos. Además, nos habla del nacimiento de su inolvidable personaje y recomienda libros de escritoras esenciales.
Video: entrevista y recomendaciones de Karla Montalvo
"Ser mamá es estar llevando tu agenda, la agenda de tus hijos, más tu trabajo, más la casa."
Karla Montalvo, escritora y profesora, se encuentra promocionando La génesis de la catástrofe (Hachette Livre México), novela donde una actriz en crisis empieza a tener visiones de otra época y otro cuerpo, demostrando que hay personajes que llegan cuando una autora menos los espera.
Orquídea le apareció en un taller con el escritor Juan Pablo Villalobos. Ella ya traía algunas ideas, ciertos elementos que quería explorar, incluso un cuento previo donde el planteamiento inicial ya asomaba. Pero faltaba la voz. El taller proponía construir personajes a partir de ella, desde adentro. Y ahí, entre el ejercicio y el hallazgo, nació la que sería la protagonista de la historia.
"Me costó un poco de trabajo —recuerda Montalvo—. Yo venía a describir en tercera persona. De pronto escribir en primera y conocer a Orquídea fue complejo; nos tardamos en adaptarnos. Pero bueno, yo soy su fan. Quiero ser como ella cuando sea grande. Me cae muy bien, la pasé muy bien con ella."
La novela arranca con una actriz en crisis. Orquídea hace teatro y telenovelas, pero ya no sabe si lo que hace la llena. Se pelea con su mamá, que le ayudaba con la hija, y tiene que negociar con su ex para que la niña tenga con quién quedarse mientras ella trabaja. Para complicarlo todo, el ex publica un bestseller donde cuenta cómo ella le fue infiel. En el proceso, él conoce a Irene, su nueva novia. Y la hija de Orquídea, de once años, está enamorada de Irene. Orquídea, francamente celosa. En medio de ese caos cotidiano, empiezan las visiones: otros cuerpos, otra época, otras vidas.
La identificación de la autora con la protagonista de su libro viene por muchos lados: "Me identifico en muchas cosas con ella porque también soy mamá. Ser mamá es estar llevando tu agenda, la agenda de tus hijos, más tu trabajo, más la casa. Ella tiene un montón de cosas, siempre depende de otras personas para ser. Eso también es cierto". Pero aclara: "Es una mezcla entre mi propia experiencia, la experiencia de otras y mucha fantasía, porque mucho es ficción, ficción".
La idea de escribir sobre los años veinte venía de antes. "Durante mucho tiempo, una de las ideas que yo ya tenía antes de conocer a Orquídea es que quería escribir sobre los años veinte, hacia finales. Me interesaba mucho esa época, porque además coincidió que novelas que eran importantes para mí eran de esas fechas."
También estaba la ópera. "Muy chiquita me llevó mi mamá y fue un descubrimiento increíble. La ópera es muy exagerada: todo es grandioso, todo es grande". La investigación la llevó a un dato que le encantó. "En Nueva York en esos años había una competencia entre dos teatros de ópera. Empieza uno nuevo y le hace la competencia al anterior. El nuevo no tiene tantos recursos y descubrí que ponían las obras de Wagner porque, aunque no lo creas, eran más baratas. No requerían tantas escenografías, ni tanto vestuario. Las italianas, en cambio, requerían mucha producción, se ponían joyas de a deveras. Era muy caro armar una ópera italiana".
Una cosa la fue llevando a la otra, explica: "Estuve buscando las óperas, vi un montón, me bajé los libretos y finalmente la que venía más al caso con ese personaje, con ese momento, con esa historia era Wagner."
Lo revelador con Orquídea, según la autora, fue el descubrimiento que hace el personaje. "Cuando empieza a pasar eso, de pronto se da cuenta: las visiones que empieza a tener, lo que la hacen ver es que ella es feliz. No se había dado cuenta que era feliz".
"Estas imágenes parecen cuestionarle todo el mundo —explica—. De pronto se descubre múltiple, se descubre con muchas otras posibilidades. Y yo creo que eso sí yo lo viví. Fue muy placentero, la verdad. Ella lo sufre, pero yo que lo escribía pensaba que era muy gozoso: la posibilidad de desdoblarla, de notar cómo se vivía en esas otras, cómo se descubrió en esas otras y podía identificar cosas de sí misma y de su vida y luego no, cosas que de veras no tenían nada que ver con ella".
"Tenemos un revoltijo de expectativas que nos presiona."
Le preguntamos a Karla por las expectativas de la sociedad mexicana en la novela. Señala que están en muchos niveles. Está Ceruti, un actor centroamericano que llega a México con sus propias expectativas y las ve incumplidas. "Pero sobre todo —enfatiza— la crisis de expectativas la tienen las mujeres, no solo Orquídea. Irene, por ejemplo, tiene encima unas expectativas enormes."
"Si te soy honesta, no lo pensé cuando la estaba escribiendo. La escribí con mucho juego y con mucho disfrute, y a ver qué salía. Traté de no controlar tanto lo que pasaba. Pero a la distancia y ya con la novela terminada y publicada, puedo decir que creo que hay un hilo de acción muy importante que es la maternidad. En eso las expectativas son incluso contradictorias", explica.
"Recibimos información muy contradictoria y muy confusa. Estamos en una época de transición, de cambio, en donde las expectativas las podemos ir construyendo nosotras, pero luego nosotras somos más duras todavía con nosotras mismas. La novela en el fondo también trata de cómo lidiar con esas diferencias que tenemos frente a la maternidad. ¿Por qué no reivindicar mi manera de maternar, mi manera de ser mamá, frente a otras sin que sean diferentes nos cuestione y nos juzgue?".
En el embarazo de Irene se concentra buena parte de esa exploración. "Ahí sí me enfoqué mucho —dice—. Las distintas etapas del embarazo, cómo cuidarlo, qué comes, qué tienes que comer, si tienes que hacer ejercicio o no, si tienes que tomar el curso o no, si tienes que hacer yoga o no. En cuanto estás embarazada, caen sobre ti. No puede ser un parto estándar. El parto es un problema, cómo llevar el embarazo es un problema, cómo comer es un problema, cómo llevarte con las otras personas un problema. No ha nacido el bebé y ya tienes encima que tomar un montón de decisiones. Eso genera mucha angustia, mucha incertidumbre". Le interesaba, dice, "jugar desde una perspectiva irónica y divertida, meterme con el proceso del embarazo".
Antes de dedicarse por completo a la literatura, Karla Montalvo fue actriz durante unos diez años. "Hice teatro independiente sobre todo, pero llegué a hacer algunas cositas en televisión". Esa experiencia fue fundamental. "Para escribir, una de las ventajas que tenía era que sí me podía imaginar cómo construir desde dentro un personaje, no desde fuera. Cómo el cuerpo es una cosa muy importante de quiénes somos. El teatro te enseña que las emociones están en diferentes partes del cuerpo, que para generarlas tienes que mandar la energía a ciertos lugares. Toda esa aprendizaje para conocer y profundizar en los personajes desde el cuerpo, desde sus acciones, desde imaginar en las entrañas al personaje, eso creo que me ayudó muchísimo."
También trabajó en Big Brother. "Desde que se lanzó, me tocó ir a hacer castings hasta prácticamente los últimas temporadas. Esa experiencia de la tele, que fue muy divertida, un ambiente muy lúdico que tiene además sus asuntos, me sirvió para sentirme cómoda con este personaje que hacía telenovelas. Aunque no se vea, aunque no esté tan presente, yo me sentía segura porque podía imaginar qué tipo de carrera había tenido ella", afirma.
Así, entre lo íntimo, lo fantástico y lo social, La génesis de la catástrofe traza el retrato de una mujer en crisis, pero también en proceso de transformación. Como el que vivimos muchas mujeres en el mundo contemporáneo.
Libros recomendados por Karla Montalvo
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De fronteras es de una escritora salvadoreña, Claudia Hernández y se trata de un libro de ficciones cortas escritas después de que se firman los acuerdos de paz en el Castillo de Chapultepec. Aparentemente El Salvador está en paz, pero venían de una guerra civil muy poderosa. Ella escribe en el periódico esos textos para la gente que vive esa transformación y ese doble discurso: por un lado, estamos en paz, pero por otro lado ves que no, que lo que sucedió está ahí todavía. Es un libro rarísimo: tiene realismo, humor, dulzura, pero también mucha fuerza. Una narrativa muy poderosa.
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Recomiendo de Luisa Josefina Hernández, Almeida: Danzón, publicado por el Fondo de Cultura Económica. Es una novela preciosa, divertidísima, mezcla realidad con fantasía. Su tono es muy divertido y muy fresco. Lo particular es que el protagonista es la calle Almeida, es decir, todas las personas que viven ahí. Un protagonista múltiple que cuenta varias historias al mismo tiempo.
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En tierras bajas es un libro de relatos de Herta Müller. Después de la Segunda Guerra Mundial, un pueblo alemán en medio de Rumanía se siente aplastado porque perdió la guerra. Viven en condiciones muy precarias. Me gusta mucho que logra un equilibrio entre mostrar lo mal que viven y al mismo tiempo lo reaccionarios y conservadores que eran. Mezcla la parte histórico-realista con experimentación de vanguardias. Es poético, el lenguaje es hermoso. Una obra maestra.
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El gran cuaderno es el primero de una trilogía muy aclamada de Agota Kristof, reeditada con el título de Claus y Lucas, que fue durante mucho tiempo de culto. La primera me parece redondita, superbien estructurada, lo hace con lo mínimo. Ella era húngara y escribe en francés, pero no porque lo supiera mucho: cuando se fue a Suiza tuvo que aprenderlo mientras trabajaba en una fábrica. Es un francés elemental, con las palabras más sencillas, y se va muchísimo a la acción, más que a la descripción. Los diálogos son cortos, precisos. Es una novela espectacular, maravillosa.
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Clarice Lispector es increíble porque siempre se volvía a hacer las preguntas más básicas, más esenciales: por qué estamos aquí, qué somos, para qué estamos aquí. La hora de la estrella me gusta mucho porque mezcla cosas: se permite contar una historia, pero al mismo tiempo cuenta la historia de cómo se construye esa historia, de cómo se escribe, y ella se va escondiendo detrás del narrador y del autor. Hay muchos desdoblamientos. También me parece una obra maestra.
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Cola de lagartija, de Luisa Valenzuela, es una novela fantástica sobre la dictadura militar en Argentina. Hace una mezcla entre fotografía y ficción, ella se mete como personaje dentro de la novela. Es interesantísima, tiene muchísimos recursos, usa la farsa, el sentido del humor y, al mismo tiempo, es muy poderosa y superfuerte. Hay un momento en que la autora dice: Me duele la mano, tiemblo de saber que esto que escribo le puede costar la vida a alguien si lo lee. Y eso era verdad en su momento. También se la recomiendo muchísimo.
