Libros que despiertan los sentidos: novelas para reencontrar el deseo
Una selección de libros que exploran el erotismo, los sentidos, la alegría y la búsqueda de una vida plena a través de la ficción.
En esta Estantería reunimos libros que celebran el deseo como fuerza de vida, el goce como territorio de autoconocimiento y los sentidos como brújula para orientarnos hacia lo que nos hace sentir presentes. Son libros que invitan a habitar el cuerpo, a explorar la intimidad y a reconocer el placer como un camino hacia la plenitud.
Tres libros inolvidables
Marguerite Duras nos presenta en El amante a una adolescente en la Indochina colonial inicia un vínculo con un hombre mayor que marca el comienzo de un tránsito hacia el descubrimiento del deseo y de la manera en que el cuerpo influye en el relato íntimo. La narradora reconstruye su historia desde un futuro en el que todo se observa a través de la memoria, y cada escena revela cómo una experiencia temprana organiza las capas de identidad que se consolidan con el tiempo.
En Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa, un hombre llamado Ricardo se desplaza por distintas ciudades siguiendo a una mujer que aparece y desaparece sin previo aviso, generando en él una mezcla de incertidumbre y dedicación que influye en sus decisiones personales y profesionales. La novela muestra cómo un vínculo puede alterar el curso de una vida entera y cómo el anhelo de una presencia se convierte en motor de movimiento, riesgo y expectativa.
Un hombre que murió décadas atrás regresa a la vida dentro del cuerpo de una mujer de mediana edad, que redefine la relación entre conciencia y materia, en Los cuerpos del verano, de Martín Castagnet. Ese regreso modifica su vínculo con el mundo, con sus afectos y con su propia imagen, ya que percibe todo desde una corporalidad que no le pertenece por completo. La historia avanza a través de descubrimientos sensoriales, vínculos alterados y preguntas sobre qué permanece y qué cambia al mudarse de envoltura.
Novelas para reencontrar el deseo
En Los años, de Annie Ernaux, una mujer reconstruye su vida mediante escenas que combinan recuerdos personales, imágenes sociales y sensaciones que trazan una línea continua entre el presente y el pasado. Este mosaico de vivencias permite entender cómo lo íntimo se entrelaza con los procesos colectivos, y cómo las percepciones del cuerpo y del entorno guían la manera en que nos contamos, porque "como el deseo sexual, la memoria no se detiene nunca".
Nona Fernández da vida a una joven que vuelve a un país que ha cambiado mientras ella estuvo lejos, y su retorno la lleva a encontrarse con figuras que revelan silencios, heridas y pulsiones que permanecen en el espacio público y en el íntimo, en Mapocho. El recorrido por la ciudad se convierte en un diálogo entre el pasado y el presente, en el que la experiencia vital le va dictando lo que necesita soltar y lo que la conecta con la vida que quiere reconstruir.
En La mujer habitada, de Gioconda Belli, una arquitecta se incorpora a un movimiento de resistencia y al mismo tiempo vive una relación amorosa que la conduce a escuchar lo que necesita para sentirse en sintonía consigo misma. Su lucha política se cruza con una exploración íntima donde reconoce los impulsos que la sostienen y los dilemas que la acompañan.