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Santiago Beruete y la filosofía del jardín: libros que nos acercan a la naturaleza

El filósofo español reflexiona sobre su lirbo "Jardinosofía", la jardinería como terapia filosófica y los libros que nos reconectan con la buena vida.

Santiago Beruete y la filosofía del jardín: libros que nos devuelven a la naturaleza. Foto: Verónica Maza
Santiago Beruete y la filosofía del jardín: libros que nos devuelven a la naturaleza. Foto: Verónica Maza
Verónica Maza Bustamante Américas /

En esta entrevista para Librotea a propósito del décimo aniversario de Jardinosofía y su reedición con Debolsillo, el escritor y filósofo español Santiago Beruete nos invita a mirar los jardines como documentos de civilización y símbolos de una mente cultivada. 

A lo largo de la conversación, el autor desglosa cómo la jardinería opera como una terapia del alma, un acto de insumisión frente al ritmo acelerado del capitalismo y un pilar fundamental para proyectar las ciudades del futuro. Además, nos comparte una selección de libros que transitan entre la antropología, los clásicos de la filosofía y la literatura de la naturaleza.

Video: entrevista con Santiago Beruete

Santiago Beruete y la filosofía del jardín
Santiago Beruete y la filosofía del jardín

La ecotopía urbana y el paseo como itinerario filosófico

Hay algo infinitamente revelador en el modo en que moldeamos un pedazo de tierra para convertirlo en paisaje. Para el filósofo y antropólogo Santiago Beruete, afincado en la luz insular de Ibiza, el jardín nunca ha sido un mero ornamento, sino una metáfora viva de la mente cultivada y el mapa más fiel de nuestras indagaciones sobre la dicha. 

A través de una serie de libros que fertiliza la literatura con el pensamiento, la educación y la botánica —desde Jardinosofía hasta Plan(e)ta: calidoscopio filosofal—, Beruete rastrea la memoria del follaje desde los paraísos fundacionales hasta las grietas del asfalto contemporáneo. El entorno verde se transforma, como explica en Jardinosofía, en un espacio de resistencia humana donde el tiempo se desacelera y aprender a vivir bien vuelve a ser un acto de devoción por la tierra.

Santiago, ¿qué encontramos en Jardinosofía y su regreso a las librerías?

El pasado está presente, activo. En realidad, Jardinosofía fue el comienzo de un ciclo de obras filosófico-literarias que compartían la idea de que el jardín era una metáfora visual de la buena vida y un símbolo de una mente cultivada. Ahora se cumplen diez años de su publicación. 

Cuando salió, había muy pocos libros que hablasen de jardines y naturaleza. De hecho, me acuerdo de que cuando salió Jardinosofía solamente había, me parece, dos o tres títulos en todas las lenguas del mundo que unían filosofía y jardín.

Su subtítulo es bastante elocuente: Una historia filosófica de los jardines. Es decir, partiendo de los jardines como documentos de civilización y como símbolo de una mente cultivada, intenta indagar cómo los jardines a lo largo de la historia, en todas las latitudes, lugares y culturas, han reflejado nuestra relación ambivalente y muchas veces contradictoria con la naturaleza. También han sido un medio de expresión de nuestra escurridiza concepción de lo que llamamos una buena vida.

Así, la jardinería rastrea esa estrecha relación entre la filosofía y el arte del jardín a lo largo de los siglos y cómo, cuando hemos intentado visualizar una buena vida, hemos acudido a los jardines. Soy de los que creen que no podemos imaginar la verdadera dicha o la plenitud sin el verdor de las plantas.

Esto es también un elemento transcultural: cuando los seres humanos en cualquier lugar o civilización han intentado imaginar ese tiempo anterior al tiempo, así nos lo recuerdan los mitos fundacionales de los Campos Elíseos, el Jardín de las Delicias, el Edén o el paraíso terrenal. Han recreado y engalanado esas imágenes con plantas, árboles y hierbas aromáticas. Lo mismo ocurre cuando quieren visualizar la vida más allá de este mundo: los jardines de ultratumba o del más allá recrean ese entorno con plantas, árboles y flores.

Es esa historia cultural entre filosofía y jardinería: la jardinería como una terapia filosófica, es decir, como una terapia del alma, una medicina del alma y una manera de sanar y curar. Piensa que el padre de la filosofía, Sócrates, hablaba de que la filosofía era una therapeia psyches, una medicina del alma. Esa expresión es perfectamente atribuible a la jardinería.

¿Por qué el jardín nos permite soñar con una vida más dichosa?

Hay una evidencia antropológica: dependemos de las plantas para sobrevivir. En la proximidad de las plantas nos sentimos muchas veces tranquilos y protegidos. Las plantas nos dan todo lo que necesitamos, desde combustible hasta remedios contra los males del cuerpo e incluso del alma; nos sirven de material de construcción y de alimento.

Me gusta recordar que somos los descendientes de monos arborícolas que, hace millones de años, abandonaron la vida en los árboles para convertirse en cazadores-recolectores nómadas. Abandonamos el bosque, pero el bosque nunca nos abandonó a nosotros. En nuestras profundidades seguimos siendo criaturas del bosque; estamos emparentados y tenemos una relación umbilical con el bosque y con las plantas. Esta es quizá la clave antropológica de por qué tenemos esa devoción por las plantas y por qué nos resulta difícil imaginar la felicidad sin su verdor.

¿Por qué es necesaria esta revisión para alcanzar la ecotopía?

Los jardines han sido siempre una herramienta de los proyectos de transformación social. Entre las dos sílabas de la palabra "jardín" cabe la inmensidad de los sueños humanos, porque en los jardines y en su diseño hemos ensayado nuestros proyectos de sociedades ideales. 

Las ideas de una buena vida, así como los ideales éticos, estéticos y políticos, reverberaban en los jardines. Los paraísos terrestres que construíamos reflejaban nuestras cosmovisiones, ambiciones e ideales.

Hoy sabemos que las ecópolis, biourbes, green cities o fitópolis —hay multitud de nombres para hablar de esa idea utópica, pero cada vez más urgente y cercana— responden a la idea de reverdecer o ajardinar las ciudades. El futuro de la ciudad está indiscutiblemente unido a la vegetalización del espacio urbano.

Estamos hablando en una megalópolis que supera los 20 millones de habitantes, que es la capital de la lengua española y la ciudad más poblada de nuestro idioma. Si le preguntas a la nostalgia que tienen las personas, es revegetalizar, renaturalizar y recuperar el contacto con la naturaleza. Las ciudades, si tienen futuro, lo tendrán porque hagan este trabajo de volver a renaturalizarse.

Resistencia contracultural frente al capitalismo

¿Cuál es el papel del jardín para vivir el paseo como un arte?

Uno de los capítulos más poéticos de este libro se titula "El olvidado arte de pensar con los pies". El arte del paseo como una actividad artística se desarrolló sobre todo a partir de la jardinería paisajista inglesa. Los jardines paisajistas ingleses, conocidos muchas veces como "jardines de la sensibilidad" o "jardines morales", planteaban un itinerario mental.

Eran filosóficos porque el caminante o visitante realizaba un itinerario físico por el jardín asomándose a distintos cuadros o vistas. En esos cuadros aparecían dispositivos visuales (una cabaña, una cueva, un eremitorio, un obelisco o una plantación de árboles) asociados a un viaje interior. El paseo físico por el espacio del jardín se convertía también en un itinerario mental. Este reflejo de lo exterior en lo interior le daba esa dimensión filosófica al jardín y convertía el paseo en una actividad artística, en una bella arte.

¿De qué manera un jardín sirve como resistencia al sistema capitalista?

Cualquiera lo puede entender: la jardinería es un ejercicio de resistencia contra una lógica impuesta de la eficiencia, la productividad, la maximización de beneficios y la prisa. La jardinería es uno de los actos de insumisión frente a la lucratividad, esa pasión por monetizar y esa obsesión por la riqueza. Es un ejercicio de disidencia.

Cada vez cobra más fuerza este sentido en los jardines vecinales, los huertos comunitarios y los huertos urbanos. Vemos cómo muchas personas que se rebelan contra un modelo de vida en el cual no se sienten cómodas encuentran en esos jardines comunitarios un espacio de resistencia, convivencia y comunidad. Este aspecto de contracultura jardinera es cada vez más valioso y cobra más fuerza.

No es casual que la guerrilla verde (Guerrilla Gardening) empezara durante la primera crisis del petróleo en 1973, en un contexto geopolítico parecido al actual. Los grandes productores cerraron el grifo del petróleo y empezó la gran crisis en una Nueva York que parecía más bien Gotham: una ciudad pobre, con mucha delincuencia y problemas. Una serie de activistas empezaron a hacer acciones muy sensibles, como lanzar "bombas de semillas".

Pronto se extendió el deseo de renaturalizar los espacios baldíos de las ciudades por todo Nueva York, después por Estados Unidos y muy pronto por México o Argentina. Se les llamó activistas, y esa voluntad de desenterrar el jardín que había bajo el asfalto ha estado viva hasta ahora.

Aún cobra más fuerza porque nos acercamos a nuevas crisis, a sociedades cada vez más insolidarias, fragmentadas y polarizadas. Los jardines se han convertido en un terreno para desarrollar un sentimiento de comunidad y defender valores contraculturales como la paciencia, la moderación o el diálogo. En estos jardines colectivos se busca crear espacios para compartir. Quizá no haya mejor manera de honrar la tierra que doblar los riñones para cultivarla.

¿En qué estás trabajando hoy en día?

Los cinco títulos que he publicado hasta ahora —que empezaron con Jardinosofía y siguieron con Verdolatría, Arborícolas, Planta planeta y Filosíntesis— han creado un ecosistema vivo. Son títulos independientes, pero mantienen relaciones simbióticas y están entrelazados. Estoy mapeando y cartografiando ese campo semántico que describen los neologismos que dan título a mis obras.

También estoy trabajando en otro libro que lleva incorporado un neologismo que ilumina un aspecto que aparecía en mis anteriores obras pero no estaba desarrollado. Nuevamente es fruto de la fecundación cruzada: incluye narrativa, poesía, divulgación científica, espiritualidad y educación. Es este tipo de libros mestizos, híbridos y de difícil clasificación. Va a estar bautizado con un neologismo y se incorporará a este acervo como el sexto volumen.

¿Qué lee Santiago Beruete? Libros que nos reconectan con la buena vida

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  • Cómo piensan los bosques

    Cómo piensan los bosques

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    Abya Yala

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    Cómo piensan los bosques, de Eduardo Kohn. Es un libro de antropología que habla de los saberes de los pueblos originarios en la Amazonía ecuatoriana.

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    Máximas y pensamientos, de Epicuro, porque es un clásico de la filosofía de todos los tiempos, del filósofo del jardín.

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    El año del jardinero

    Karel Capek

    Olañeta Ediciones

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    El año del jardinero, de Karel Čapek. Es un libro delicioso de jardinería escrito por este autor de origen checo.

  • Walden o la vida en los bosques

    Walden o la vida en los bosques

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    Walden o La vida en los bosques, de Henry David Thoreau: otro clásico indispensable sobre la naturaleza y la vida retirada.

  • Delta

    Delta

    Gabi Martínez

    Seix Barral México

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    Recomiendo obras de literatura de naturaleza contemporánea como Delta, de Gabi Martínez, y Niña pájaro piedra, de Martha Asunción Alonso, además de autores como Ignacio Abella. Son creadores contemporáneos generacionalmente unidos a mí que hablan de la literatura y la naturaleza con una visión actual.


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