Especial Onieva y su club sin latinos: la historia que ignora sobre la literatura española
La polémica desatada por las declaraciones de Íñigo Onieva sobre limitar la presencia de socios latinoamericanos en su nuevo Vega Members Club invita a una reflexión necesaria. Aunque el empresario intenta matizar sus palabras, el daño ya está hecho: sus declaraciones originales en El Mundo dan una concepción de la exclusividad que no cuadra con la realidad.
Pero más allá del titular y las posteriores aclaraciones —"mi abuela es argentina", "mi madrastra es mexicana" —, lo revelador de este episodio es lo que dice sobre su mirada hacia la comunidad latinoamericana en España. Una mirada que parece ignorar que la cultura, la literatura y hasta la vitalidad de este país no se entienden sin el flujo constante de creadores, intelectuales y ciudadanos que han cruzado el Atlántico en ambas direcciones a lo largo de la historia .
Del Boom al presente: cuando los latinos escribieron la mejor literatura en español desde España
Imaginemos por un momento qué sería de las letras españolas sin la presencia de aquellos escritores latinoamericanos que, lejos de "invadir", llegaron para enriquecer el ecosistema cultural de España. La relación entre ambas orillas ha sido siempre un diálogo, no una barrera.
Fue en la década de los sesenta cuando Barcelona se convirtió en el epicentro editorial del Boom Latinoamericano. Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, José Donoso y Sergio Pitol encontraron en la ciudad un ecosistema ideal con editores como Carlos Barral y la agente Carmen Balcells, quien revolucionó la forma de negociar los derechos de autor.
Lejos de ser un fenómeno marginal, aquella generación de escritores transformó para siempre la manera de narrar en español y revitalizó la propia novela española, obligada a dialogar con esa nueva y poderosa narrativa que llegaba de América.
Como señala el periodista Xavi Ayén, el Boom insufló en Latinoamérica "una autoestima enorme, casi comparable a ganar un campeonato de fútbol", y situó a la lengua española en la primera división mundial de las letras.
La historia de los exilios cruzados entre España y Latinoamérica es, además, una lección de reciprocidad que Onieva y quienes piensan como él harían bien en recordar. Si España fue la cuna editorial del Boom, México se erigió a lo largo del siglo XX como una de las grandes naciones de acogida para perseguidos políticos y artistas españoles.
El episodio más emblemático fue la bienvenida de los exiliados republicanos tras la Guerra Civil, con figuras como el cónsul Gilberto Bosques, cuya labor facilitó la huida a miles de perseguidos por el franquismo y el nazismo. Intelectuales, científicos y artistas españoles se integraron en instituciones como El Colegio de México o la UNAM. Ese gesto creó un lazo indisoluble que, años después, haría de México el destino natural para miles de exiliados del Cono Sur que huían de las dictaduras argentina, chilena y uruguaya.
Autores como la argentina Mariana Enríquez, el chileno Alejandro Zambra o la mexicana Guadalupe Nettel se venden muy bien en España y mantienen un diálogo fluido con el público lector. El ecosistema literario se ha fragmentado y descentralizado, gracias al empuje de las editoriales independientes de ambos lados del mundo y ferias del libro como la de Guadalajara, que dedicó su edición 2024 a España y la 2025 a Barcelona.
Figuras como el argentino Andrés Neuman, que ha desarrollado su vida y su carrera en Granada, España, o el chileno Roberto Bolaño, cuya obra maestra se gestó en México y se publicó en España, son hijos de ese mestizaje cultural que Onieva, con sus palabras, parece ignorar.
En la actualidad, ese intercambio de autores de Latinoamérica a España continúa siendo constante. Escritores y escritoras diversas han hecho de España su lugar de residencia y, por tanto, de creación. Los nombres de Juan Gabriel Vásquez, Sergio Ramírez, Juan Pablo Villalobos, Mónica Ojeda, Gabriela Wiener, Jorge Volpi, Santiago Gamboa, Brenda Navarro o David Toscana, entre muchos otros, se encuentran entre los que escriben desde España y enriquecen la producción literaria global desde allí.
Muchas veces, combinando su visión del mundo a las preocupaciones de un lado y otro del Atlántico, o mostrando su condición de migrantes y los problemas que ello conlleva. Una visión sin la cual la producción literaria en español sería incompleta, sin reflejar las realidades de una parte considerable de la población de España.
Ese papel se refleja no solo en las listas de libros más vendidos, en algunas ocasiones, sino también entre la crítica. En los últimos años, muchos han sido los títulos escritos por autores y autoras latinoamericanas que han sido reconocidos como algunos de los mejores del año. La llamada, de Laila Guerriero; El buen mal, de Samantha Schweblin, o MANIAC, de Benjamín Labatut, son solo tres ejemplos recientes, pero hay muchos más.
Si desde el punto de vista puramente creativo el trasvase de uno y otro lado es constante, desde la perspectiva de la industria editorial es capital. Todos los grandes grupos editoriales de España tienen una presencia importante en Latinoamérica y gran parte de sus ventas llegan desde allí. De igual forma, la mayoría de los sellos pequeños o independientes de España no solo publican a autores latinos, sino que tienen en todos los países hispanoparlantes una de sus principales vías de negocio. Dicho de otro modo, la industria del libro en español no podría sostenerse de una forma remotamente similar a la actual sin los lectores y lectoras de Hispanoamérica.
Al final, lo que la polémica del Vega Club revela es que ese pensamiento todavía subsiste en ciertos sectores: la idea de que lo latinoamericano es algo externo, ajeno, que debe ser controlado o limitado para preservar una supuesta "esencia" local. Nada más falso en un país cuya literatura, cultura y propia identidad contemporánea son el resultado de esa historia compartida de intercambios, exilios y acogidas. Un patrimonio común que, afortunadamente, sigue beneficiando a ambas orillas más allá de los clubes privados y sus políticas de admisión.