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Gerardo Montoya y los libros que desafían los límites del lenguaje

El autor argenmex habla de su poemario papá paki, desglosando cómo la poesía desarticula las estructuras rígidas de la paternidad, la migración y la era digital.

Gerardo Montoya recomienda libros que desafían los límites del lenguaje. Foto: Verónica Maza
Gerardo Montoya recomienda libros que desafían los límites del lenguaje. Foto: Verónica Maza
Verónica Maza Bustamante Américas /

Gerardo Montoya, poeta y escritor que ha pasado la mitad de la vida en Monterrey, México, y la otra en Buenos Aires, Argentina, nos sumerge en las páginas de papá paki (Aquitania Siglo XXI), un libro donde la poesía sirve como laboratorio para cuestionar la experiencia migratoria, las nuevas paternidades y el lenguaje digital. Además, nos presenta una selección personal de lecturas que traspasan los convencionalismos de la literatura contemporánea.

Video: entrevista con Gerardo Montoya

Gerardo Montoya: poesía para la migración y las nuevas paternidades
Gerardo Montoya: poesía para la migración y las nuevas paternidades

Un collage de pasados y futuros

Hay libros que son casas con múltiples puertas y ventanas, como papá paki, territorio literario hecho de una mezcla inaudita de palabras donde la pandemia, la migración y el vínculo filial se entrelazan como hilos de un mismo tapiz emocional. 

Al preguntarle en entrevista qué encontramos al abrir sus páginas, Montoya no ofrece un resumen sino una imagen: "Lo que van a encontrar va a ser básicamente un collage que yo le digo de pasados y futuros, y un poco la intención es trabajar diferentes ejes que apelan mucho a lo emocional", explica.

La pandemia funciona como escenografía, pero no es el único hilo conductor. El autor identifica también un trabajo sobre "la migración, la identidad migrante, las identidades híbridas y el migrante como identidad política contemporánea", además de una exploración del amor, el desamor y los vínculos más arquetípicos, como el que se da entre padres e hijos. Son, dice, los vectores del poemario: un poemario que, sin ser lineal, "en sí mismo cuenta una historia".

Sobre el género que eligió para abordar temas tan complejos, el autor reivindica la poesía como territorio de experimentación: "La poesía es un espacio donde ensayar hipótesis". A diferencia del ensayo académico, el poema no está obligado a resolver ni a cumplir con "esta cuota de misterio", lo que lo convierte en un espacio fértil de investigación. 

Si en sus libros anteriores ese lente apuntaba hacia lo político o lo tecnológico, en papá paki el ejercicio es distinto: "La intención es poner en juego ese formato, ese lente, ese microscopio en relación a lo íntimo". Para él, la fuerza política de la poesía radica justamente en su capacidad de abrirse a múltiples interpretaciones.

Paternidades sin mapa

Uno de los ejes centrales del libro es la paternidad, y Gerardo reflexiona sobre lo que significa ejercerla hoy. Su generación, dice, heredó "modelos muy pobres de paternidad en términos de variabilidad del imaginario de las generaciones anteriores", en las que el padre apenas cumplía un puñado de funciones en el hogar y quedaba al margen de la crianza.

Los cambios estructurales como el acceso de las mujeres a la educación y al trabajo, entre otros, abrieron paso a que los varones pudieran ocupar roles de cuidado que antes no se planteaban. Y ahí, sostiene, hay una oportunidad: "Los varones en sus paternidades pueden explorar esto como un terreno que no tiene un camino fijo y, por lo menos en este momento histórico, lo interesante es verlo así".

El escritor, que también es primer vicepresidente del centro PEN Argentina, es explícito sobre la deuda que, según él, tienen los hombres en este terreno. Reconoce que hay mucho por aprender de cómo las mujeres han sostenido históricamente sus maternidades, apoyándose entre ellas: "Tenemos mucho para aprender de cómo las mujeres han abordado esto porque se saben acompañar". Esa "grupalidad", explica, es lo que cuida a la persona en ese rol, y es justamente lo que a los varones les falta desarrollar: "no estamos acostumbrados a hacer lazo social desde esta parte de nuestra identidad: desde el criar o cuidar".

Así, papá paki propone una paternidad narrada "desde la vulnerabilidad, las problemáticas, el no saber, pero también desde el intentar, el proponer y el equivocarse con amor".

Ser argenmex: el lugar del extranjero

Gerardo Montoya no niega su identidad como escritor argenmex. Lleva veinte años viviendo en Argentina, después de haber pasado sus primeros veinte en México, y encuentra en ese cruce un lugar de enunciación particular: "Uno puede estar al borde sabiendo ciertos códigos, pero al ser codificado como no necesariamente local, te permite un lugar enunciativo diferente".

En su escritura, dice, procura instalar "forzosamente mexicanismos" cuando escribe desde Argentina, como una ventana hacia otro lugar, mientras que del lado mexicano busca conectarse cada vez más con lo que ocurre en el ámbito literario local. Esa hibridez, afirma, es su método de trabajo: "Habitar ese intersticio, esa hibridez y esa mezcla es mi brújula y es lo que me interesa investigar por el momento". Y agrega una imagen para cerrar la idea: la identidad migrante como "un barco, un artefacto, un vehículo, y ojalá veremos a dónde me lleva".

Lunfardo, slang regio y lenguaje digital

Hacia el final de la entrevista, Gerardo se detiene en otro de sus intereses de siempre: cómo lo digital y lo humano se entrelazan en el lenguaje. Se define como alguien conectado desde muy joven: "Soy un IP que data del 95: en la secundaria, cuando el internet comercial arrancó en Monterrey, fui una de las primeras tres personas que se enchufó". Hijo de dos licenciados en sistemas, asegura que su relación con la tecnología siempre fue nativa, y que internet se ha vuelto "el ecosistema desde el cual entendemos casi todo".

En el libro aparece un concepto propio, el "titanopolio", que remite a una época en la que el capital se concentra en entidades supraestatales cada vez más grandes, "las cuales ya son más grandes que aglomerados de países". Ese marco, dice, es el que enmarca la vida cotidiana contemporánea.

Montoya cita también al filósofo Alexander Galloway y su trabajo sobre el protocolo y la interfaz, para señalar una paradoja: mientras más personas usan una misma plataforma, más quedan sujetas a las decisiones de quien diseña esa interfaz. Es, dice, "un tema político que atraviesa toda mi literatura y que me va a costar soltar".

Por último, reivindica el valor de las hablas regionales frente a la homogeneización digital: "Hay que defender las palabras que están más codificadas en un idioma; en algún sentido es defender las metáforas más comprimidas que tienen". Cerrar esa distancia entre el lunfardo, el slang regio y el lenguaje de las pantallas es, para Gerardo Montoya, una forma de dejar registro de un tiempo que ya está cambiando.

¿Qué lee Gerardo Montoya?

¿Qué lee Gerardo Montoya? Libros que desafían los límites del lenguaje
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    Cuentos atados a la pata de un lobo

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    Recomiendo Cuentos atados a la pata de un lobo, de Angélica Liddell. Dice que son cuentos, pero es mentira; es una máscara. Ella es dramaturga y teatrera, y lo que hace es una pregunta hacia las relaciones entre las instituciones culturales y la literatura: cuánto meado, suicidio y vómito permiten las instituciones culturales. Es como un exceso coreográfico muy punk, se lo recomiendo un montón.

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    El sol es verde si lo miras

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    Diana Garza Islas es una poeta de Regiolandia (Nuevo León), una artista distinta. Es una escritora a la que le queda chico el formato libro y siempre está jugando con ese límite. Para entrarle a El sol es verde si lo miras hay que desacoplar sentido y sonoridad. Este libro es como entrar al jardín más lejano y encontrar una puerta pequeña y escondida que lleva a una habitación diminuta; algo de esa sensación recorre el libro. Se lo recomiendo un montón si les gustan las cosas más caóticas y oraculares.

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    El reino de lo no lineal

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    El reino de lo no lineal, de Elisa Díaz Castillo, una poeta de acá de la Ciudad de México. Me parece que está buenísimo porque aborda algo muy difícil de hacer: hablar de la vida y de la muerte, y definir sin polarizar. Hace un trabajo magistral en ese sentido; creo que es una gran clase de poesía puesta en acto.

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    No voy a pedirle a nadie que me crea

    Juan Pablo Villalobos

    Anagrama

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    No voy a pedirle a nadie que me crea, de Juan Pablo Villalobos, es una novela que me encantó. Hay una anécdota de Chino Moreno, de la banda Deftones, a quien le preguntaron en una entrevista que si hubiera liderado otra banda cuál sería, y él dijo Weezer, sin pensarlo, porque le gusta un montón y respeta mucho el trabajo de ellos. En un multiverso, tengo la fantasía de haber escrito este libro; es una gran novela mexicana contemporánea. Hay un uso magistral del humor entendido como eso que pasa entre tragedia e indigestión, que es muy mexicano. Se la recomiendo un montón, es muy divertida.


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