Socorro Venegas y su libro mestizo para sanar el origen
Con una trayectoria consolidada, la autora y editora regresa con Leche de silencio, un "lhíbrido" que viaja por el linaje materno, la orfandad de las lenguas originarias y la memoria como territorio de reparación.
Socorro Venegas es una de las voces más reflexivas de la literatura mexicana actual. Desde sus primeros cuentos en La risa de las azucenas, novelas emblemáticas como La noche será negra y blanca y Vestido de novia, hasta su reconocida labor editorial al frente de proyectos de rescate de escritoras latinoanoamericanas, su obra ha estado atravesada por la indagación constante del cuerpo, el duelo y la infancia.
Tras explorar el dolor y la pérdida desde los márgenes de la ficción y la poesía, la autora mexicana llega a Leche de silencio, un libro donde confronta y afronta la historia de su propia familia, el silencio del náhuatl en sus ancestras y el idioma único que tejemos con nuestras madres.
La construcción de una obra mestiza e híbrida
Hay libros que nacen de corrientes subterráneas en el alma que exigen salir a la superficie. En Leche de silencio (Páginas de Espuma), la escritora mexicana Socorro Venegas desciende a las capas más profundas de su historia familiar para hablar de las mujeres de su vida, el dolor por su orfandad de la lengua originaria de su madre y los códigos no verbales que construimos para comunicarnos con las personas que amamos.
En esta conversación para Librotea, la autora comparte cómo concibió este texto mestizo, como ella misma lo llama, y por qué la literatura sigue siendo una herramienta insustituible para reparar aquello que la vida desordena.
Socorro, ¿cómo defines Leche de silencio y qué búsquedas personales impulsaron su escritura?
Es un libro en el que hablo de mi linaje materno: de mi madre, de mi abuela, pero también de mi tía sordomuda. Ellas son las mujeres que me configuran, las que en gran medida me dieron un mundo interior, una lengua y un imaginario.
Lo que quise hacer con Leche de silencio fue tratar de comprender de dónde vengo, volver a esa cadencia con la que mi madre me contaba historias sin que yo supiera que lo hacía en una lengua que le era ajena. Su lengua materna era el náhuatl, pero en un país racista como México ella entendió desde niña que debía ocultarla. En ese vivir en los márgenes ocurre lo que pasa en todo el país: surgen generaciones que ya no tienen contacto con esas lenguas originarias y que desconocen una herencia cultural inmensa. Creo que eso significa también desconocer a la madre y negar esos orígenes profundos. Mi intención fue hacer que esos ríos subterráneos emergieran.
En el texto te refieres a Leche de silencio como un lhíbrido o un libro mestizo. ¿Por qué decidiste romper con los límites de los géneros literarios?
Cuando empecé a escribir quería indagar en mi historia familiar a través de un registro autobiográfico, pero también en la memoria de otras y otros autores. Para mí era muy importante contrastar la experiencia de mi madre, esa vida minúscula que no ocupa las portadas de los libros, con la trayectoria de escritores que sí pudieron elegir en qué lengua escribir. Mi primer impulso fue estructurar el proyecto como un ensayo, pero la vertiente narrativa y las técnicas de la novela fueron cobrando cada vez más fuerza.
En un momento me preguntaron qué estaba escribiendo, combiné sin querer las palabras “libro" e "híbrido” y dije: “Estoy escribiendo un lhíbrido”. Me gustó la idea. Hoy me gusta pensar que es un libro mestizo, como yo misma, que reúne distintos afluentes y registros. Me importaba muy poco ceñirme a un género formal; los libros que más me gustan y admiro son los que corren riesgos y van rompiendo los límites establecidos. En ese sentido, Leche de silencio funciona como una contranarrativa: en lugar de explicar la extinción de las lenguas desde la antropología o la lingüística, quería contarlo desde el corazón de la historia. Al hacerlo así, se convierte en el corazón de todos, porque en el fondo hablamos del idioma único e intransferible que compartimos con nuestros padres, fuente de incomprensiones pero también de un misterio que siempre buscamos abarcar con palabras.
El lenguaje, los afectos y la creación de códigos propios
¿Qué papel juega la necesidad de comunicar y el afecto en la estructura de esta historia?
Leche de silencio es, en muchos sentidos, un libro sobre la necesidad que tenemos de un lenguaje para decirle a alguien que lo amamos. Mientras escribía me preguntaba para quién lo hacía. Pensaba en mi hijo, en la importancia de que conociera a sus abuelas, a mí misma y a mi tía, quien es un ejemplo claro de esto.
Mi tía es sorda. Ella necesitaba interpretar el mundo y comunicar sus emociones a su familia. Como creció en un pueblo donde no había acceso a la lengua de señas, construyó sus propios códigos. Me cuidó de niña mientras mi madre atendía a mi hermano menor, quien padecía una enfermedad grave y debía recibir tratamiento en otra ciudad. Con mi tía aprendí a nombrar desde las cosas cotidianas hasta el plano emocional; ella observaba el impacto del sonido en los demás y desarrolló una manera práctica, autónoma y profundamente paciente de relacionarse. Desde niña comprendí el valor de hacerse de una lengua para llegar a los demás, y eso es algo que redescubrí al escribir este libro.
Mirar a las ancestras desde el presente
Al revisar la historia de las mujeres de tu familia desde tu perspectiva actual, ¿cómo interpretas sus vivencias y sus silencios?
Crecí en un entorno dominado por una cultura patriarcal donde mi madre aprendió que debía guardar silencio, someterse y ocultar esa lengua indígena que le recorría el cuerpo. Sin embargo, con el tiempo vi cómo ella fue ganando una independencia gradual para hablar su lengua, lo cual se convirtió en un acto explícito de resistencia.
Ella no tuvo las opciones de las que yo dispongo hoy y, aun así, sacó adelante a sus hijos y acompañó a mi hermano durante años en su tratamiento médico. Las escritoras de hoy debemos reconocer esas luchas silenciosas y heroicas que nos abrieron el paso hacia la universidad, hacia la independencia y hacia vidas libres de violencia. Sigo fascinada por la niña de nueve años que fue mi madre cuando decidió dejar sola su pueblo para buscar su propia vida; esa niña sigue viva en mí y sé que todavía tengo mucho que aprender de ella.
Frente a las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, ¿para qué sigues escribiendo, Socorro?
No concibo un mundo en el que no necesite escribir. Para mí es un proceso equivalente a pensar y a leer; forma parte de un circuito interno indispensable que me constituye como persona. Hoy que se habla de inteligencia artificial y de nuevas herramientas de creación, tenemos el desafío de preguntarnos qué significa realmente ser un creador en este tiempo.
No sé si tengo una respuesta definitiva para esa pregunta, pero sí sé profundamente que no puedo dejar de escribir. Hacerlo significaría dejar de comprender mi propio lugar en el mundo.
¿Qué lee Socorro Venegas?
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Ciencia ficción capitalista, de Michel Nieva, es un estupendo libro de ensayos que nos acompaña a interpretar el presente. En estos tiempos necesitamos libros que nos ayuden a hacer comprensible una realidad tan desafiante como la que vivimos.
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